El punto de partida de “Other Lives” (La Cúpula, 2010) es excelente: una trama que pretende destrenzar la intrincada y laberíntica fracción que se está estableciendo, cada vez más, entre el mundo real y el mundo virtual. El argumento parte de la investigación de un periodista que está preparando un artículo sobre la borrosa frontera que separa el yo del mundo físico y el yo ficticio creado para pulular por los cada vez más numerosos mundos internetiles. Como base psico-sociológica sobre la que construir un cómic, está más que bien. Esa construccion, además, se enriquece con las historias entrecruzadas de cuatro pardillos: el periodista mortificado por su pasado de impostura, su novia que descubre la virtualidad como punto de fuga de su realidad poco satisfactoria, su mejor amigo hasta las trancas en un divorcio provocado por su excesiva afición al póker online y, por último, uno de los sujetos que debe servir como base de la investigación del periodista pero que no es más que un freak con preocupantes tendencias sociópatas y paranoides. Sumando todo lo expuesto hasta el momento, puede pensarse que Peter Bagge tiene entre sus manos todos los ingredientes necesarios para ahuyentar de un guantazo la alargada sombra de la serie “Odio“.

Pero contar con los ingredientes de la mejor calidad no asegura un pastel final espectacular. Hay que saber cocinarlo. Y lo cierto es que, puestos a abordar una tarea tan megalómana como tomarle el pulso a la realidad psico-social de un mundo con un pie en la realidad y otro en la virtualidad, más te vale no sólo hacerte con los mejores instrumentos, sino con la receta más completa. Dicho de otra forma: no puedes pretender plasmar una realidad si no la has estudiado a fondo y la dominas totalmente… Y hay que decir que, superadas las diez primeras páginas, no es difícil intuir que el mundo de Second Life que Bagge maquilla como Second World le queda lejísimos al autor. Ya no es sólo que no plasme con verosimilitud los interfaces y posibilidades que proporcionan las segundas vidas virtuales, sino que al llegar al final resulta que el nivel de pronfundidad que alcanza Bagge se limita a rascar la superficie: las relaciones establecidas en ese espacio irreal resultan ramplonas y faltas de la complejidad psicológica que implica cualquier tipo de desdoblamiento. Aun hay más: las tramas personales “reales” de los personajes no son mucho más creíbles, funcionando a golpe burdo de guión (¡ese clímax final!) e incurriendo en el peor Bagge, ese que se excede en el pesimismo y la abulia hasta el límite de perder todo tipo de humor.

El grafismo no ayuda a superar la sensación de molesto deja vu: el reconocible trazo underground de Peter Bagge acaba recordándonos que estamos ante alguien salido del vacío existencial de principios de los 90 que está intentando aplicar aquellos mismos esquemas dentro de un marco demasiado Siglo 21. Se intuye una voluntad de renovación… pero al final acaban pesando demasiado los viejos tiempos. De hecho, esta sensación se extiende también debido a la anquilosada planificación de página del autor: descuidadas y cercanas al horror vacui, las viñetas del álbum están repletas hasta los topes de bocadillos de diálogo y pensamientos que, en la mayor parte de las ocasiones, no aportan ningún tipo de información relevante. Una pena que el pastel, finalmente, quede crudo y con mala presentación. En general, es triste pensar que, al amparo de su anterior “Apocalipsis Freak” y de este “Other Lives“, da miedo pensar en revisionar “Odio“. ¿Era oro lo que brillaba? ¿O laca dorada del todo a cien?

[Raül De Tena]

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