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Ahora que estamos en pleno mundial, ¿no es un momento realmente maravilloso para repasar lo mejor y lo peor de la relación entre música y fútbol?

 

Mundial de fútbol en Brasil… El país entero transformado en una gigantesca playa de Copacabana salpicada de pies dando toques a un balón, con partidos jugados en clima tropical y, en el horizonte, la finalísima a disputar en el mítico estadio de Maracaná. De fondo, los movimientos frenéticos de la samba, las suaves cadencias de la bossanova y la calentura del funk carioca salido de las favelas poniendo ritmo y banda sonora a la fiesta balompédica más internacional. Una estampa ideal a priori… hasta que, durante la gala de inauguración del campeonato, Jennifer Lopez, Pitbull y Claudia Leitte salieron de una enorme esfera para interpretar “We Are One (Ole Ola)”, la canción oficial del evento. Una machacona mezcla de electrolatino con EDM tan insufrible como La La La (sí, la cacofonía simplona es lo que se lleva), el himno paralelo del torneo entregado, como no podía ser de otra manera, por la hiperactivia Shakira junto a… ¡Carlinhos Brown, que no estaba muerto, estaba de carnaval!

Vamos, que para la colombiana no fue suficiente acribillar las cabezas de la humanidad con el “Waka Waka” hace cuatro años… ¿De verdad que no hay otros artistas capaces de componer temas a la altura de la historia y el misticismo del campeonato de selecciones de fútbol por excelencia? Parece que no, desde que alguna mente brillante permitiera que la canción del Mundial de Francia ’98 fuera La Copa de la Vida de Ricky Martin. Pero, yendo más hacia atrás en el tiempo, sí los hubo, como Ennio Morricone, autor de la melodía (acorde con los sonidos analógicos imperantes en la época) del Mundial de Argentina ’78; o Edoardo Bennato y Gianna Nannini, creadores de la que para muchos es la mejor tonada mundialista jamás compuesta: “Un’estate Italiana”, para Italia ’90.

Precisamente, para dicho torneo se destinó otro tema emblemático: el noventero “World In Motion”, firmado por New Order para que funcionase como himno de la selección de Inglaterra, cuyo delantero, John Barnes, se atrevió a marcarse unos fraseos ante el micrófono. No fue, ni mucho menos, la primera canción dentro de la historia balompédico-musical inspirada en el combinado inglés, pero sí que dio pie a que posteriormente la tradición adquiriese mayor brillo gracias a un buen puñado de grupos de diverso pelaje y sus respectivas canciones: The Lightning Seeds -reforzados por los cómicos Baddiel & Skinner– y su ya legendaria Three Lions; Echo & The Bunnymen, Space, Spice Girls (ojo) y Simon Fowler con (How Does It Feel To Be) On Top Of The World?; Embrace con World At Your Feet; Dizzee Rascal y James Corden con Shout By Shout; o el actor recientemente fallecido Rik Mayall y su Noble England.

Se constata, pues, que la relación entre fútbol y música no se reduce a ejemplos ramplones y súper-comerciales que encienden corazones y enardecen hinchadas, aunque estas se empeñen en convertir cualquier tonada en cántico colectivo: Jack White parte un vinilo contra su frente cada vez que se vocifera la melodía del “Seven Nation Army” de The White Stripes reciclada en un simple lo-lolo-lolo-ló en cualquier estadio del mundo. Un desaguisado sonoro más propio de una taberna que se queda a años luz del tradicional y emotivo “You’ll Never Walk Alone” en versión de Gerry & The Pacemakers que interpretan en cada encuentro las aficiones del Celtic de Glasgow y Liverpool FC. De hecho, en las ciudades que cobijan a ambos equipos se entrelazan goles, pop y rock con máxima intensidad: si, en la escocesa, Rod Stewart es una de las caras más visibles y apasionadas del club céltico -hasta el punto de llorar en la grada tras la victoria de su equipo ante el FC Barcelona en un partido de Champions League-, en la inglesa John Lennon nunca ocultó su amor por los colores del Liverpool y Paul McCartney por los del Everton, su contrincante vecino.

Con todo, la urbe británica que se lleva la palma en esta materia es, sin duda, Manchester, en la que la rivalidad entre el United y el City siempre se ha vivido con vehemencia dentro del territorio musical mancuniano. Uno de sus puntos culminantes se produjo en la temporada 95-96 de la Premier League, cuando, con Oasis en la cresta de la ola britpopera, se celebró el derbi entre los Citizens y los Red Devils en un Maine Road -campo donde poco después el grupo realizaría uno de sus conciertos más simbólicos- transformado en gigante altavoz de varias de las canciones de los Gallagher a lo largo de los noventa minutos. Hoy en día, las sombras de Liam y Noel siguen extendiéndose sobre el Manchester City no sólo como sus más afamados supporters: Beady Eye han trasladado a su estilo el estándar “Blue Moon”, que suele motivar al público antes de cada partido en casa; y Noel ha logrado que ex-jugadores del club como el díscolo Mario Balotelli se hayan hecho grandes fans de Oasis.

Otro célebre aficionado del City en el pasado fue Ian Curtis. Y, ya en el presente, lo sigue siendo Mark E. Smith (The Fall), némesis futbolero de estrellas fans del United como Mani (The Stone Roses), Morrissey o Mogwai -autores, además, del tema Hugh Dallas (cuyo título se deriva del nombre de un árbitro de fútbol escocés) y del soundtrack del documental “Zidane: A 21st Century Portrait”-. Aunque los Red Devils no sólo pueden presumir de ilustres hinchas, sino también de que algunos de sus jugadores protagonizaran icónicas portadas de discos: a destacar, la desgarbada figura de George Best para el homónimo álbum de The Wedding Present y la patada voladora hacia la grada de Eric Cantoná para el single de Ash “Kung Fu”.

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