Mosaic by Ona Hotels

Que te inviten a la noche inaugural de un hotel no es algo que ocurra muchas veces en tu vida… Así que atiende, porque aquí te explicamos qué tal nuestra primera noche en el hotel Mosaic.

 

Un hotel es un lugar que, curiosamente, entendemos como punto medio entre lo bullicioso y lo íntimo. Dicho de otra forma: cuando te alojas en un hotel, eres muy consciente (a veces demasiado, si tienes la mala suerte de hospedarte en uno de esos sitios con las paredes de papel) de que está lleno de gente alojada en las habitaciones a tu alrededor pero, a la vez, quieres mantener una férrea ilusión de intimidad y soledad en tu habitación. Incluso quieres mantener esa ilusión en los pasillos, donde cruzarse con gente suele traducirse en cierto momento de incomodidad rollo “¿quedaré como un friki si le saludo?“.

Por eso mismo resulta tan curioso que alguien te invite a la noche inaugural de un hotel y te advierta que es una noche de prueba con muy pero que muy pocos huéspedes. El hotel en cuestión es el nuevo Mosaic by Ona Hotels, que está situado en un lugar tan privilegiado como el número 84 de la mismísima Rambla de Catalunya (Barcelona), que queda justo entre las calles de Valencia y Mallorca. ¿Qué significa esto? Que está a una calle del paraíso del shopping que es Passeig de Gràcia, pero también está a un tiro de piedra de Plaza Catalunya.

Así que permitidme que os explique desde el principio qué tal transcurrió mi noche inaugural en el hotel Mosaic… porque la verdad es que fue una experiencia realmente única. Para empezar, por culpa del mismo edificio. Como barcelonés que soy, resulta francamente extraño alojarse en un hotel que en verdad es un precioso edificio del año 1888 por delante del que ya había pasado mil veces y que de repente ya no es solo ese edificio que yo creía conocer, sino que es algo más. La entrada, sin embargo, conserva el rollo regio y sublime del modernismo catalán. Pero, claro, en cuanto cruzas la puerta y llegas a la recepción, que resulta que está abierta 24 horas, todo cambia.

Para empezar, todo cambia precisamente por lo que os comentaba más arriba: realicé mi visita al hotel sabiendo que no había muchos huéspedes y que todo estaba a estrenar, así que en el aire flotaba cierto hálito de fascinante e inédita quietud. La recepción del Mosaic está en lo que antaño debía ser la portería, y resulta profundamente impactante mirar hacia arriba desde este punto y ver todo las entrañas del hotel en su imponente altura a través de un hueco que debía ser un patio de luces y que ahora es el corazón absoluto del lugar. Tras hacer el check-in, la visión desde el ascensor sigue siendo igual de fascinante, ya que la ascensión por el espacio se realiza gozando una decoración de bolas doradas colgantes que hipnotiza.

 

 

Los pasillos del Mosaic consiguen conjugar el recuerdo del pasado, pura tradición arquitectónica catalana, con un presente de confortabilidad minimalista que, de hecho, se extiende a las propias habitaciones del hotel. Las estancias son espaciosas, con una cama comodísima alrededor de la que se articula un mobiliario utilitario pero estéticamente agradable. Colores blancos y grises se conjuntan con maderas y, sobre todo, con un fascinante mosaico (obvio) que hace cabecera de la cama a la vez que sirve para marcarse los mejores selfies que te vas a hacer en una temporada.

Las habitaciones del Mosaic (que, por cierto, tienen unos precios realmente asequibles) son perfectas como remanso de cualquier viaje: si quieres pasarte el día aquí tirado, puedes hacerlo… Y si, por el contrario, lo que quieres es un lugar hiper confortable en el que descansar entre pateada y pateada, es mucho más que ideal. Por mi parte, como a Barcelona ya la tengo muy vista, preferí optar por varias horas de curro desde la comodísima cama, con la tele puesta de fondo y disfrutando de las catánias de cortesía que me habían dejado en la habitación.

Y ahora llega lo mejor de todo: después de un sueño realmente reparador, te despiertas por la mañana, abres la ventana y… ¡zas! ¿Tú sabes lo alucinante que es despertarse justo sobre Rambla de Catalunya, como flotando por encima de los árboles del paseo? Pues te lo digo yo: es una verdadera maravilla que invita a aprovechar el desayuno de cortesía que ofrece el hotel, a pegarse un buen duchazo (con los coloridos amenities a tu disposición) y a quedarse otro buen rato trabajando allá, sentado en el sofá a la vera del balconcito modernista, calentito con el sol de la mañana barcelonesa, escuchando pajaritos, empapándose del cielo azul de Barcelona.

Una verdadera delicia que tú no podrás gozar de esta misma manera porque, lo siento, cuando tú vayas al Mosaic by Ona Hotels no será noche inaugural y ya habrá muchos otros huéspedes. Pero, tranquilo, porque este hotel lo tiene todo para conseguir que tu estancia sea tan mágica como la mía. [Más información en la web de Mosaic by Ona Hotels]

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