Marnie Stern. Los asiduos de los medios musicales americanos quizás ya habréis oído hablar de ella; y los que no, lo único que necesitáis saber es que, básicamente, se trata de una treintañera procedente de Nueva York que lleva experimentando y haciendo ruido con la guitarra desde hace ya tres años. Debutó con “In Advance of the Broken Arm” (Kill Rock Stars, 2007), un trabajo que ya dejaba entrever cómo sonaba la música dentro de su complicada cabeza, hecho que se confirmó al año siguiente con el sorprendente “This Is It and I Am It and You Are It and So Is That and He Is It and She Is It and It Is It and That Is That” (Kill Rock Stars, 2008) que,, ya solamente con ese título debería darnos una pista de su complejidad y que rápidamente muchas revistas se encargaron de alabar. Tampoco es que lo tuviera nada fácil, con todo el ruido que hicieron gente como No Age con su “Nouns” (Sub Pop, 2008) y similares. Para esta tercera ocasión, Marnie se ha instalado ya definitivamente en ese mundo progresivo e incomprendido al que sólo unos pocos tienen acceso, un género díscolo, difícil de controlar y agresivo, en el que los algunos nombres más destacados del momento son The Mars Volta o Mastodon incluso si me apuráis.

Con su título homónimo, “Marnie Stern” (Kill Rock Stars / PopStock!, 2010) viene a representar la evolución definitiva de su sonido, un complicado laberinto de melodías afiladas, continuos breakdows y líneas de guitarra imposibles de seguir que, al fin y al cabo, son la base de su música. Marnie sabe lo que hace, y por eso complementa sus conocimientos en la materia con un experto, como pueda ser Lars Stalfors, encargado de ponerse a los mandos de, por ejemplo, el “De-Loused In The Comatorium” (Universal, 2003) de los ya mencionados The Mars Volta. Eso sin contar que, actualmente, la Stern está emparejada además con Matthew Flegel (Women), quien despacha aquí una notable participación al bajo.

Una vez más, examinar la portada con cierto detenimiento (suena pesado, pero en esta ocasión vuelve a ser realmente indicativo) puede llegar a darnos una idea bastante bien formada de a que va sonar el álbum, pues esa mezcla entre Van Gogh y la silla cubista retorcida básica de Picasso no pueden ser casuales. Marnie no deja lugar para el descanso, pues los apenas 30 minutos de duración del largo son una continua montaña rusa de voces desesperadas, poderosos riffs de guitarra sincronizados con ritmos de batería asincopados y escalas progresivas interminables, aunque siempre sin perder ese interés por la melodía que, seamos sinceros, es uno de los principales atractivos de su música. Personalizando más en el trabajo destacar la inicial “For Ash” o “Gimme”, aunque sin duda mis preferidas son esas que responden al patrón “x is the new y” que la artista utiliza en un par de ocasiones para titular composiciones tan buenas como “Transparency is the New Mystery”. “Cinco de Mayo” es notable y, realmente, es la última canción que merece la pena en “Marnie Stern“, pues a partir de ahí el álbum se diluye en terrenos más pantanosos como los de “Her Confidence”, que puede convencer a cualquiera de que The Mars Volta han firmado esos riffs.

El problema con los discos de Marnie Stern es que tienes que dedicar toda tu atención a su escucha; así que olvidaros de intentar disfrutar de él como música de fondo mientras hacéis otra cosa, pues acabaréis atacados de los nervios. Con esto asumido, nada debería impedirnos disfrutar de uno de los mejores discos de rock guitarrero de lo que va de año: un tercer trabajo en el que lleva ese sonido que le caracterizaba un poco más lejos (si cabe) que en anteriores ocasiones. Ya en 2008, Stern fue nombrada por la revista Venus como “la más grande mujer guitarrista de todos los tiempos”, por esa característica manera que la neoyorquina tiene de “tocar” su guitarra. Un poco exagerada se me antoja esa afirmación, pero sí que tendremos que empezar a aceptar a Marnie Stern como una de las nuevas figuras de la escena arty americana. Recomendable. Y visitará España en diciembre.

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