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Si se tuviera que definir el nuevo disco de los daneses Lust For Youth con una sola palabra, esa sería sin duda “aesthetics”. Aunque yo no tengo muy claro aún qué coño son estos aesthetics. No tengo Tumblr, mi feed de Instagram no sigue una gama cromática precisa más allá de cuando posteo muchas fotos seguidas de mi gato porque es lo que más me gusta mirar en el mundo, no tengo la piel pálida, las faldas estilo jugadora de tennis de American Apparel no están muy en la onda de mis muslos y aún no he pisado el Club Marabú. No me da para comprarme el último modelo de Nike en colaboración con algún diseñador sueco de renombre y tampoco sangro purpurina.

Creo que tener aesthetics es ser un Tumblr andante y respirante; Google dice que es el arte en la era del post-internet, y que el primero en sistematizarlo como teoría fue James Bridle. Leyéndole en su Tumblr y, en mayor medida, también el largo y muy recomendable artículo publicado por Bruce Sterling en Wired allá por 2012, uno entiende que aesthetics no son toda la metralla de clichés mentados antes que copan día tras día nuestras RRSS, sino una teoría artística realmente fundamentada y no poco interesante. Y también que lo que hacen Hannes Norrvide, Loke Rahbek, Malthe Fischer son aesthetics. Más bien new-aesthetics, que Kant murió hace un par de años ya. Y ya no me extenderé más sobre el concepto, pues el artículo antes mentado es suficiente exhaustivo y yo he venido aquí a hablar de música, pero basta mirar la portada del álbum para hacerse una idea.

En primer lugar, cabe apuntar hacia la manía de encontrarle a un proyecto musical reminiscencias de grupos más asentados en la historia de la música como justificación de su valor artístico. Me da igual que “Compassion” (Sacred Bones, 2016) suene a Depeche Mode o al mejor y más extasiado Bernard Sumner. Es, aunque bajo necesarios matices, synthpop, claro, y cómo no va a sonar a la época dorada de dicho género. Yendo más allá, puede incluso que el hecho de utilizar sonidos propios del synthpop responda, más que a una cuestión de reminiscencias y homenajes, a una de estilo: si hay una sensación que recorre el disco en su totalidad es la de una especie de ensoñación melancólica, y el uso de sintetizadores es quizás el sonido que más capacidad tiene para producir esa especie de sentimiento de contemplación a medio camino entre la alegría y la tristeza.

Sea como sea, el quid es que hay aquí una contemporaneidad palpable (creo que es de traca el hecho de que no podría haberse escuchado ni apreciado en el 82, y sin duda no suena al futuro) en este disco: no será eterno, ni pretende serlo. Una contemporaneidad intrínsecamente unida a toda la escena musical y artística que gira en torno al sello discográfico/tienda danés(a) Posh Isolation y que merecería un artículo entero que quizás llegue algún día, pero que por el momento bastará como primera aproximación esta entrevista publicada hace unos años en The Quietus a sus fundadores: el mismo Loke de Lust For YouthChristian Stadsgaard. Como decía antes, “Compassion” es aquí y es ahora, y como mucho se quedará en la memoria de quien lo escuche unos días, meses quizás, puesto que no son pocas las melodías realmente catchy que aquí encontramos: la colosal “Stardom”, primer corte del álbum, puede ser un buen ejemplo, pero canciones como “Sudden Ambitions” o “Better Looking Brother” tampoco se quedan atrás.

Si se tuviera que definir el nuevo disco de los daneses Lust For Youth con una sola palabra, esa sería sin duda “aesthetics”. Aunque yo no tengo muy claro aún qué coño son estos aesthetics.

En lo que a “Stardom” se refiere… Jodó, menuda manera de empezar un disco. Pero, ojo, que la primera canción sea temazo no termina por desmerecer el resto del disco ni hacerlo aburrido, sino que lo introduce y hace que la curiosidad entre en juego. He ahí el acierto. Ese acople de tonos altos con una base firme y oscura, cargada de sensualidad, inquiere sobre lo que será finalmente la línea temática de todo “Compassion”: el baile melancólico, una sensación algo parecida a la que cualquiera que haya estado en un after habrá podido experimentar alguna vez. La noche se despoja de sus últimas sombras (o el sol está ya bien alto en el cielo si queremos pintar una imagen menos clicheada), y ahí estás tú, bailando en una habitación junto a un grupo de más o menos conocidos. Los ánimos aún están elevados y te sientes en comunión con el mundo y todos los que te rodean (“For the first time I recall I’ll rise tonight / to stardom to stardom like you and all new lovers out there / all around life flows free from you into me”, nos canta Hannes)… Pero hay una sensación creciente de que algo va mal sin saber muy bien el porqué, que en el disco vendría a traducirse con la oscura melodía que suena de fondo en contraposición a la amo-la-vida letra a lo “Song Of Myself” de Walt Whitman en un primer plano. El conjunto no es una alternancia de estados anímicos, subidón y posterior bajona: es una especie de retro-bajona en el subidón aún asentado.

Sigue la sensualidad en el siguiente corte, “Limerence“, palabra que sólo es traducible adaptándola según el anglicismo de “limerencia” y que hace referencia a una conducta que la psicología ha definido como “un estado involuntario interpersonal que involucra pensamientos, sentimientos y conductas obsesivas, compulsivas e invasivas que están sujetas a una percibida reciprocidad emocional por parte del objeto de interés“. Esta especie de infatuación adictiva se traduce aquí musicalmente con gran efectividad: la descripción de una figura femenina cargada de gran sexualidad y de la que es difícil apartar la mirada -pero que es de alguna manera inalcanzable- (“So close, yet so far away / she moves like a sunset / all eyes on her” primero y ese ruego de “let see me her” después) se construye sobre una base de sintetizador tan repetitiva como obsesiva, y el estribillo explota en ese enigmático pero no exento tampoco de sexualidad “She is inside her / she is inside her too”. Los ánimos se calman un poco con esa especie de interludio instrumental que es “Easy Window” para volver a explotar con dos de las cumbres del disco, “Sudden Ambitions” y “Better Looking Brother“.

Aunque en un primer momento ambas parecen un diálogo con alguien, sólo lo es en efecto la primera (con esa terrible pero sincera confesión por parte de quien canta, “All I ever wanted from you was likely to make you sad / I never ment delight“). Los repetitivos “You have a part to play tonight /whatver hurts, don’t bother / you are one man / don’t strive to be another / you are the better looking brother” de la colosal “Better Looking Brother“, en efecto, parecen apuntar más bien a un monólogo que el propio Hannes tendría consigo mismo antes de subirse a un escenario. Sea como sea, es un temarral de los de volar alegremente por los aires cual Carrero Blanco… para luego aterrizar con “Display“. Para esta balada de melancolía, el trío vuelve a juntarse con la que ya pusiera voz a una de las mejores canciones de su anterior disco y primera vuelta hacia el synthpop tras el noise de los dos primeros. “International” (Sacred Bones, 2014) el disco; “Armida” la canción; la validísima también en solitario -escuchar “Closing Title” para creer, canción que bien podría estar firmada por los dioses Chromatics– y también danesa Soho Rezanejad, la voz. Con “Display” entramos en la recta final del disco que, todo hay que decirlo, por desgracia no se cierra tan bien como se abre. Para cuando uno ya ha llegado a “Tokyo” y pese a que el tema mantenga temáticamente toda la línea del disco, la voz de Hannes ya se ha hecho algo cansina.

Por suerte, un atisbo de salvación para un disco casi redondo asoma en el último tema, “In Return.” Si en “International” teníamos el italiano de la acojonante de bella “Lungomare” como lengua extranjera, aquí tenemos el francés -y, por consecuencia y en vista de que las letras no están en ningún lado, la imposibilidad de entender lo que se nos dice; cosa que tampoco importa mucho pues la ambientación propuesta por el tema se aguanta con creces de por sí-, en una canción que podría recordar a un speech de Serge Gainsbourg pasado por el filtro de los también franceses y a medio camino entre el post-punk y el synth-pop Lescop.

Sea como sea, que “Compassion” decaiga un poco en estos últimos tres cortes y no llegue a los niveles de su anterior “International” no quita que sea esta la confirmación de que lo mejor que podría haberles pasado a los propietarios de una de las cuentas de tuiter (@Lust4Youth) más hilarantes del momento haya sido dejar atrás el noise-industrial y entregarse a un baile que podría ejemplificarse con la re-formulación de la famosa frase de Lesley Gore a una “it’s my party, and I’ll die if I want to.

 

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