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Marina Keegan estaba llamada a ser una de las voces de su generación… Lo que nos queda tras su muerte es el imprescindible “Lo Contrario a la Soledad”.

 

Cuando muere una persona joven, la tragedia suele centrarse en todas esas promesas de éxito irremediablemente rotas, en ese futuro brillante y rebosante de oportunidades que se desvanece en mil pedazos, insalvable para siempre. Todo lo que podría haber sido hecho y que, sin embargo, nunca será. Pero en el caso de Marina Keegan, estudiante de Humanidades en Yale que murió hace dos años en un accidente de tráfico, la tragedia se torna más desgarradora: en ella no todo eran sólo promesas de futuro, de un futuro que se dibujaba brillante entre el caluroso verano de su graduación magna cum laude con una obra de teatro por estrenar y un trabajo en The New Yorker esperándola. No, ella -a pesar de que sólo contaba veintidós años cuando murió- dejó un valioso tesoro en forma de prosa  que reflejaba con un ironía e lucidez las esperanzas, las incertidumbres y las posibilidades de su generación.  Mientras su familia, amigos y compañeros se reunían para celebrar su funeral, su voz seguía haciéndose eco en el último artículo que escribió para el Yale Daily News, el inolvidable «Lo Contrario de la Soledad», que se hizo viral y recibió casi un millón y medio de visitas en un día.

Es justamente ese ensayo el que da título al compendio de artículos y relatos de la fallecida autora que publica ahora Alpha Decay en nuestra lengua. Que esta recopilación, “Lo Contrario de la Soledad“, se haya convertido rápidamente en un fenómeno superventas en Estados Unidos hace surgir inevitablemente la duda de si se debe al afán morboso que la muerte atrae como moscas, pero esta vacilación es enseguida disipada por el estilo fresco y brillante que desprende la voz de Marina Keegan ya desde las primeras páginas del libro. De hecho, en este tributo póstumo de sus profesores en Yale -que reúne nueve cuentos y ocho artículos periodísticos-, su voz audaz y personal se lanza en idealismos sin florituras típicos de alguien que tiene toda la vida por delante y en duras críticas hacia temas como la guerra de Irak o la denuncia ante la cantidad de graduados de la Ivy League que acaban aceptando trabajos en el sector financiero.

Sus relatos tratan sobre amores adolescentes, problemas de familia y el deseo de amor en un mundo en el que, a pesar de la proximidad entre las personas, es difícil crear vínculos duraderos. Sus artículos, por su parte, tocan cuestiones como la dieta celíaca, el fin del universo, las perspectivas de futuro de los estudiantes y la muerte masiva de las ballenas. Es inútil preguntarse hasta donde podría haber llegado Marina Keegan si su trayectoria vital y personal no se hubiera visto trágicamente truncada: lo que importa es lo que, aún siendo más joven de muchos de los que estarán leyendo estas líneas ahora mismo, ella se atrevió a dejar por escrito unas inteligentes reflexiones con las que su voz ya se ha hecho eterna.

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