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El verano de 2009 fue el de La Roux. Sin duda: en los anales alternativos de aquella temporada figuran en letras de oro -o, más bien, en luces de neón- los títulos de “In For The Kill”, “Quicksand”, “Bullerproof” y “I’m Not Your Toy”, los cuatro cortes más refulgentes de su disco de debut, La Roux (Polydor, 2009), que -no olvidemos que se trataba de un dúo- los catapultó al peldaño más alto del synthpop contemporáneo de ínfulas ochenteras. En los cinco largos años transcurridos desde aquel inesperado éxito hasta el inicio de la etapa estival que está a punto de finalizar, muchos creyeron -incluido un servidor- que Elly Jackson (y su compinche Ben Langmaid) se había retirado a vivir de las rentas de su, en apariencia, fugaz estrellato. Pero, quién lo iba a decir, la pelirrojísima ha logrado conquistar también el verano de 2014. No con el mismo impacto global anterior -gesta difícil de igualar y casi imposible de superar-, aunque sí con renovada energía gracias a los sólidos argumentos proporcionados por su esperado segundo álbum, Trouble In Paradise (Polydor, 2014).

Precisamente, ese problema en el paraíso al que se refiere el encabezamiento del LP (más allá de connotar su sinuosa temática sexo-amoroso-sentimental) sugiere una interpretación automática relacionada con el hecho que, quizá, provocó que la británica hubiera tardado un lustro en dar señales de vida discográfica (descontando colaboraciones como las realizadas con Skream o Major Lazer): las fricciones surgidas en el seno de La Roux entre ella y Langmaid por diferencias creativas que empujaron al segundo a bajarse del barco en el comienzo de la gestación de “Trouble In Paradise”. Esta negativa situación, sin embargo, parece que funcionó como acicate para que Jackson confeccionase posteriormente un disco 100% ‘La Roux’, con ella misma dirigiendo todo el proceso de grabación -ayudada por el productor Ian Sherwin– y tocando la mayoría de instrumentos -con invitados de lujo como Chilly Gonzales al Hammond y al piano- para matizar su materia lírica -que mantiene como leitmotiv la afirmación femenina aunque ahonda en la identidad sexual, el deseo romántico y carnal y las vicisitudes de las relaciones íntimas- y remozar su estilo musical.

Centrándonos en este último aspecto, el más llamativo, La Roux ha transitado del synthpop fluorescente al electropop sexy, de alma funk, refinado, unas veces cálido y otras caliente con excelentes resultados. Y eso que la primera escucha de “Let Me Down Gently”, el tema de adelanto de “Trouble In Paradise”, desconcertaba más de la cuenta al presentar una versión menos bombástica y más clásica -a los habituales sintetizadores se añade un saxo más ochentoso que el clip de Simply Irresistible de Robert Palmer– del sonido típico de Elly Jackson. Pero, en este caso, había que tener paciencia y esperar a revisar el álbum completo.

Un acto casi de fe en la británica resuelto totalmente a su favor al mostrar la habilidad con que ha regurgitado la influencia de la resurrección de Chic / Nile Rodgers en los punteos guitarreros de las uptempo “Uptight Downtown” y “Kiss And Not Tell”, su capacidad para manejar adecuadamente un pasaje synth-baladístico como “Paradise Is You” que podía haber caído en el tedio empalagoso y su aura cool en la caribeña “Tropical Chancer”. Aunque donde La Roux resplandece rememorando los momentos más destacados de su ópera prima es en las dos piezas que condensan el carácter de “Trouble In Paradise” por su magnetismo melódico y sus infecciosos ritmos: “Sexotheque”, sencilla pero inevitablemente pegajosa y tan juguetona como su predecesora “I’m Not Your Toy”; y, sobre todo, “Cruel Sexuality”, auténtico hit del disco y candidata a canción del verano 2014 sin haber sido diseñada para ello.

Símil que se podría aplicar enteramente a “Trouble In Paradise”, que ha encajado de maravilla por su refrescante aspecto en los meses estivales pero que tiene todas las papeletas para sobrevivir a la llegada de las próximas estaciones frías y crecer en muchos oídos el resto del año. Y si no, desmiéntemelo…

 

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