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Creo que la mejor palabra para definir a King Tuff sería “colgado”. En todos los sentidos. Todavía recuerdo la herida que me hice en el labio durante los pogos que se formaron en su actuación en el Primavera Sound del año 2013.,, Y es que este treintañero de Vermont provoca alegría y alboroto allá por donde pasa.

Al margen de su locura en directo, sus canciones también funcionan muy bien fuera de los escenarios. Sirven tanto para hacer el imbécil con tus amigos después de haber bebido unas copas de más, como para saltar de la cama con tu chico o chica por la mañana y bailar en ropa interior por toda la casa o para disfrutarlo a solas con alguna sustancia psicotrópica entre las manos. Es decir, que King Tuff provoca alegría y cachondeo.

Después de los álbumes “Was Dead” (Burger Records, 2008) y “King Tuff” (Sub Pop, 2012), llega ahora su tercer trebajo, “Black Moon Spell” (Sub Pop, 2014), producido por Bobby Harlow, cantante del grupo The Go y productor de numerosas formaciones para el sello Burger Records. En este álbum, Kyle Thomas, el hombre que se esconde tras el alias de King Tuff, sigue sonando lo-fi, sigue haciendo algún que otro falsete y sigue tocando la guitarra con la misma fuerza que en sus anteriores discos. Rock con tintes glam, garage y alusiones al heavy metal en canciones como la titular “Black Moon Spell” o “Headbanger“. Además, cuenta con la ayuda de Ty Segall a la batería en el corte “The Eyes of the Muse“, lo que siempre es un plus.

Kyle es un niño grande, un adulto que todavía vive en la adolescencia, que parece que le dé igual todo y sólo quiera divertirse. Y eso está bien, porque su alegría es contagiosa. Parece que las mujeres y colocarse son cosas que le gustan mucho, a juzgar por sus canciones. “Sick Mind” habla de una chica que vive con mucha pasión todos los vicios, mientras que en “Beautiful Thing” le pide a una mujer que sea eso, su “cosa bonita”. En “I Love You Ugly“, le canta en plan cantautor a una chica que huele mal y que es fea, pero a la que quiere (imposible saber si lo dice irónicamente o de verdad). En “Rainbow’s Run” y en “Magic Mirror” la psicodelia y las alucinaciones entran en juego; y en “Staircase of Diamonds“, la única balada del disco, se juntan sus dos pasiones, viendo a una mujer extraña que brilla y con la que él quiere brillar. Y si King Tuff brilla, nosotros brillamos con él.

 

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