EstJoe Pernicee disco es un poco extraño. Tiene la apariencia de ser otro capricho de músico que le apetece versionar algunos de sus temas favoritos (por aburrimiento, falta de creatividad, o vaya usted a saber…); pero luego resulta que, además de eso, es el archivo sonoro que acompaña una novela (lo que los anglosajones denominan ‘novel soundtrack’). Alguien podría pensar que a Nick Hornby le dio por sacarse de la chistera otro de sus magníficos relatos sobre no-quiero-ser-adulto-y-por-eso-estoy-obsesionado-con-la-música y entregar en CD generosamente las canciones principales que lo envuelven para no tener que buscarlas por nuestra cuenta. Pero sin ser las originales ni tampoco estar interpretadas por él: como muchos de nosotros, Hornby también soñó con actuar ante miles de personas sobre un escenario… pero ni siquiera aprendió a tocar la guitarra. Así que no le quedaría otra que dejarlas en manos de algún buen amigo experto en artes musicales. Suposiciones aparte (Hornby estuvo muy ocupado con el guión cinematográfico de la recién estrenada “Una Educación”), esa situación la vivió en sus carnes Joe Pernice. Por suerte para él, el problema de la ejecución musical lo tenía más que resuelto y su otra faceta, la de escritor, no se le daba nada mal. La ausencia de actividad de su banda, The Pernice Brothers, en dique seco desde hace cuatro años, motivó que retomase su otra pasión, la literatura. Y eso que sólo dispone de dos antecedentes: “Two Blind Pigeons”, un libro de poesía publicado en 2001, y “Meat Is Muder”, mini-novela (parte de una serie de libros) de 2003 que describe la profunda huella que dejaron The Smiths en su adolescencia. La tercera referencia es “It Feels So Good When I Stop” (Ashmont / PopStock!, 2010), su primera novela propiamente dicha y donde que sigue los exitosos pasos de (sí, no podía ser de otro modo) Nick Hornby al presentar las peripecias de un personaje que no encuentra su sitio ni las respuestas adecuadas en la temida edad adulta. Todo ello enmarcado en una colección de canciones que le dan sentido a la trama. Así que a Joe no se le ocurrió mejor idea que trasladarlas a la realidad aportando su toque personal, con la ayuda de su hermano Bob y otros camaradas. Unas porque se mencionan en el desarrollo de la historia y otras porque pertenecen a grupos de los que se habla en ella. Así nació “It Feels So Good When I Stop”.

La lista incluye algún clásico norteamericano y rescata perlas indies casi olvidadas. Para empezar, un trío de piezas que demuestran que cada vez que uno se enamora (si no se encontró el amor definitivo, claro está) no lo hace siempre de la misma manera: “Found A Little Baby” (de Plush, grupo de Chicago), “I’m Your Puppet” (de los soulmen James & Bobby Purify), y sobre todo “I Go To Pieces”, exitazo en su momento de Del Shannon y que aquí adquiere un tono más melancólico si cabe debido a la inflexión vocálica de Pernice. Esto no significa que sus versiones sean tristonas obligatoriamente, pero ninguna abandona el carácter emocional / existencial que marca la novela. De ahí que “Soul And Fire”, de Sebadoh, o “Tell Me When It’s Over”, de los básicos The Dream Syndicate, se queden todavía más pegadas al corazón que su originales. Como bien se preguntaba Rob Gordon, el protagonista de “Alta Fidelidad”: “¿Escucho música pop porque me siento desgraciado o me siento desgraciado porque escucho música pop?” He aquí la cuestión.

En medio de esa búsqueda del sentido de la vida también aparecen algunas curiosidades. Por ejemplo, la inclusión de uno de los estándares que todo yanqui de verdad cantaría en un karaoke: “Chevy Van” (Sammy Johns), que cuenta lo a gusto que se queda un hombre cuando lleva en su furgoneta a una chica desconocida y ésta se lo agradece con mucha entrega y voluntad. Otra que llama la atención, el “Chim Cheree” (aquí en acústico) que canta Dick Van Dyke en “Mary Poppins”. Y la última, “Black Smoke (No Pope)”, instrumental (la única inédita del lote) que vendría a ser una composición de la banda ficticia The Young Accuser, liderada por el protagonista de la novela en sus años de instituto.

Vamos a ver: ¿es que lo de escribir volvió loco a Joe Pernice? Para nada, a pesar de su barba de ermitaño. “It Feels So Good When I Stop” no es más que un pequeño divertimento que actúa como refuerzo del libro homónimo. Hasta que lo pueda leer completo, me quedo con una frase que adorna el álbum: “El matrimonio y el divorcio son dos de las mejores cosas que un hombre puede hacer por sí mismo”. Es para pensárselo.

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