Quien haya dicho, pensado o creído que el caos y el orden son conceptos antagónicos está claro que no ha escuchado aún a Jackie O Motherfucker. Los cánones de musicalidad y armonía que la banda de Oregon se gasta son completamente diferentes a los de un grupo de pop convencional. Enumero: 1) pasan de afinar; 2) la verticalidad de sus sonidos confunde la melodía con la atmósfera; 3) mezclan zonas espaciales con partes de pop/folk de libro; 4) se cagan en toda escena o movimiento; 5) interaccionan pop experimental, ruidismo sincopado y electrónica del error y salen airosos del experimento; 6) utilizan un concepto de libertad creativa que no pone tiempos no sólo a su grado de experimentación y jugueteo, sino también a cosas tan básicas como dónde y cuándo editar determinado material; y 7) esto sí que es weirdo y no Joanna Newsom o Devendra Banhart.

Filosofía de la liberación, toma uno. Explicar lo inexplicable es un acto de terrorismo tal como el que Tom Greenwood y compañía llevan acometiendo durante más de quince años. Lo que nació como un dúo de proto-free-jazz experimental acabó virando en una suerte de orquesta orgasmatrónica en la que se utilizan las libertades del arte contemporáneo aplicada a la música, componiendo, tocando y recreando atmósferas básicamente por intuición, pasando olímpicamente de la forma y, en ocasiones, haciendo caso al orden pero colocándolo dentro de una maraña de caos totalmente subjetivo. Los más cuarenta miembros que han pasado por las filas del colectivo de Portland, Oregon, han sabido recrear el drone, el collage sónico, la improvisación, el jazz, la liberación performática, la concepción híbrida de unas canciones donde no existe el género y el ruido se transforma en poesía y firmando ejemplares álbumes de música experimental como los ya míticos “Fig. 5” y “Liberation” (reeditados conjuntamente a once y diez años de sus ediciones originales por Stillwater Limited y Fire Records) o el más reciente y que los colocó en el punto de mira de cierta escena ñu-raruna, desacomplejada y al amparo de la elevación de proyectos libertarios como Animal Collective, Daniel Johnston o Sunroof! y plataformas cada vez más comunales y multitudinarias como el All Tomorrow Partie’s: “Ballads of the Revolution” (Fire Records, 2009).

En esta ocasión, firman en “Earth Sound System” (Fire Records, 2011) su nuevo trabajo en forma de mediometraje olímpico y una nueva patada al tablero en lo que a pop anti-convencional se refiere sin la necesidad de recurrir al error electrónico matemático-físico de gente como Ryoji Ikeda o Alva Noto. Greenwood y compañía mezclan aquella incipiente escena de noise rock de principios de los 90 con el weird folk de principios de siglo, apuntalando zonas de ácido, psicodelia y liberación creativa en piezas que representan a la perfección lo que es el peyote o el mezcal como “Raga Separating“. En “Earth Sound System” aparecen incipientes canciones que, incluso, se pueden cantar (novedad de novedades a excepción de alguna que otra pieza suelta en su discografía) pero que se ubican detrás de capas de suciedad, vapor, ruido y desorden anárquico como “Dedication” (una oda a la deformación de Sparklehorse y Vic Chesnutt), la final “Where We Go” (la gravedad y afinación súper grave de las cuerdas de bajo invitan a pensar que no es un bajo, sino una manguera azotando un micrófono: puede que lo sea) o las folkies “In the Willows” y “Bring It to Me“. Una bonita forma de liquidar a Zappa, a Syd Barrett, al caos de “Chicago” de Wilco, a la concepción opiácea del movimiento hippie liberador y una respuesta casi de concepto a lo que es hacer las cosas más por pulso e impulso que por respeto a la forma. Filosofía de la liberación, cambio y fuera.

[Alan Queipo]


jackie-o motherfucker – earth sound system (album preview) by experimedia

No Hay Más Artículos