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Llevan más de una década en esto, pero Interpol hace tiempo que dejaron de estar a la cabeza de los grupos que más expectativas generan con su actividad. Esto puede ser debido en parte a la velocidad de vértigo con la que las corrientes se suceden en esta era de la inmediatez y del ‘ahora’ en la que vivimos; pero, por otra parte, sería de necios no reconocer que la banda liderada por Paul Banks ha sufrido un bajón de rendimiento cimentado sobretodo en su homónimo cuarto trabajo que data ya de 2010. Pocas esperanzas le quedaban ya a un servidor en un cuarteto que efectivamente hacía años que no encontraba su mejor versión y que, además, no presentan la frecuencia de publicación más elevada del panorama… hasta que se topó este verano con su directo en un festival.

Y, amigos, ahí Interpol juegan a otra cosa, y si no que se lo pregunten a todos aquellos que despotricaron contra la organización del Primavera Sound cuando confirmaron al cuarteto para aquella legendaria edición de 2011. En esa ocasión, toda la crítica se fue al traste con los dos primeros cortes del concierto, y algo parecido me ocurrió este verano: a mitad de directo ya habían sido capaces de reavivar mi interés en ellos, especialmente de cara a este “El Pintor” (Matador, 2014), un quinto trabajo de estudio cuyos adelantos sonaron sorprendentemente bien aquel día.

Sin embargo, estas sensaciones no se han confirmado con las escuchas fuera del ambiente eufórico que se respira en un concierto. Se trata de un álbum que sigue sonando a Interpol por los cuatro costados, con ese característico combo de guitarras melódicas y ritmos de batería acelerados que uno ya podría asociar fácilmente a los americanos sin falta de escuchar la voz única de Banks, que suena prácticamente igual que en los tiempos del magnífico “Turn On The Bright Lights” (Matador, 2002). Sin embargo, no es esta ni mucho menos la única similitud que puede encontrarse con los Interpol de principios de la década pasada, pues no hay más que escuchar temas como “Anywhere” o “Ancient Ways” para darse cuenta de lo ínfima que ha sido la evolución del ahora trío.

Y es precisamente ahí donde reside el principal problema de un trabajo que si bien rinde por encima de lo que lo hacía su mediocre predecesor, no llega en ningún caso a acercarse a lo que nos ofrecieron en sus primeros álbumes, pese a momentos de cierta inspiración como la inicial “All the Rage Back Home” o “Breaker 1“, con ese título tan reminiscente de mejores épocas. Y es que ahora sí que uno tiene la sensación de que Interpol han llegado a un punto muerto de creatividad que ya se auguraba hace cuatro años. Una verdadera pena.

 

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