indians-somewhere-elseLlega Youth Lagoon a una fiesta disfrazado de How To Dress Well, pero al ver que Young Magic y Perfume Genius, los muy traviesos, están encerrados en el baño con Baths fumando sustancias ilegales, le entra un ataque de melancolía y, mientras James Blake le mira impasible desde el sofá, se apresura a salir a la terraza. Allí están The Antlers y Bon Iver, ajenos a todo. Sopla el viento y hace frío. Empiezan a entonar una canción y…” Esto no es el comienzo de un chiste indie. Esto es Indians. O sea, Søren Løkke Juul, un chico danés al que podría parecer que le ha tocado la lotería fichando por 4AD, esa bestia del pop introspectivo. A Juul se le ocurrió enviarles unas cuantas maquetas y logró captar su atención, de tal forma que, así de la nada, ha conseguido publicar un disco, dar la vuelta a Europa y Norteamérica tocando sus canciones y aparecer reseñado en algunos de los principales medios del mundo, incluido este, por supuesto.

Pero este mini-cuento de hadas no es del todo inmerecido. Más bien al contrario: Somewhere Else (4AD / PopStock, 2013) es un trabajo notable, honesto y humano, capaz de momentos de belleza deslumbrante y atmósferas envolventes. Es música espaciosa y espacial, que te propulsa hacia arriba pero que, en lugar de salir disparada como un cohete, se emerge lentamente como en espiral, flotando en un punto indeterminado, quedándose ahí en tierra de nadie. Ese rumbo incierto, esa falta de resolución, podrá inquietar a muchos pero a mí, personalmente, me encanta. De hecho, creo que ahí reside la mayor virtud de Indians y es en los lugares más nebulosos donde Juul alcanza la excelencia.

¿Cuándo pega el patinazo? Cuando pone los pies en la tierra, como es lógico y físicamente normal. “Cakelakers” es un algo insulso intento de folk atmosférico (Benoit Pioulard lo hace mejor), mientas que “Lips Lips Lips” no acaba de convencer en su uso del bombo a negras. Y, bueno, “Reality Sublime” es simple y llanamente un horror. Parece que se ha colado George Michael en la fiesta (¿recordáis el primer párrafo?) para joderla y quitarte la copa de las manos. Por suerte, el sofocón acaba rápido y la velada sigue su curso. Meditativa, nostálgica, un poco muermo, se quejarán algunos, pero es a lo que hemos venido, ¿o no? Indians muestra sus mejores armas en los ambientes más gélidos y, madre mía, menudas armas.

Si Sigur Rós hubieran comenzado una canción con el mismo piano que aparece en “Bird”, se habrían quedado tan anchos y tan contentos. Es un temazo de cabo a rabo que, si bien bebe en su sonido de las influencias ya señaladas, melódicamente es reminiscente del pop clásico de toda la vida. Del bueno bueno de verdad. Antes venía “New”, un gran aperitivo para abrir disco. Y ya que estamos con comparaciones, si Pulp perfeccionaron el crescendo interminable con su “Common People”, la segunda mitad de “New” es la versión triste y en cámara lenta de ese crescendo, aunque, por desgracia, demasiado corto. Es de esos momentos maravillosos que deseas que duren toda la noche, como mínimo. Los dos últimos cortes no se quedan atrás en cuanto a calidad, ni mucho menos. En “Melt”, Juul vuelve a arremangarse al piano y cantarnos un baladón que recuerda a lo último de Bat For Lashes. La instrumentación más escasa, el sonido más descarnado que nunca. Y “Somewhere Else” es, sin duda, el epílogo que este disco merecía.

Es un final sublime para un trabajo irregular pero muy prometedor. Søren Løkke Juul demuestra aquí su talento: un diamante en bruto que, de ser pulido, seguramente nos dará más de una alegría en el futuro. Su primer disco es la música perfecta para observar las estrellas en buena compañía… Pero abrígate bien, porque en la galaxia Indians hace un frío que pela.

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