Los suecos I’m From Barcelona son una de esas raras avis que dan un toque pintoresco al (a veces) homogéneo, aletargado y grisáceo clima que rodea el mundo del pop. Sólo por la curiosidad que despierta la manera en que se organizan los actuales 27 miembros del grupo (liderados por Emanuel Lundgren) para sacar adelante sus discos y actuaciones en directo, ya se merecen especial atención. También destacan su supuesta apariencia de cajón de sastre en el que parecen tener cabida aquellos alumnos rebotados del conservatorio de su ciudad de procedencia (Jönköping) y su obsesión por la Ciudad Condal, protagonista de su propia denominación y de alguna de sus canciones. Como We’re From Barcelona, pieza que los catapultó a la fama hace cinco temporadas (campaña publicitaria mediante) y que hizo creer a la humanidad que la formación sueca sería un nuevo ejemplo de one hit wonder proveniente de los países nórdicos, ya que en aquella época estaba arrasando en listas de medio mundo el Young Folksde sus compatriotas Peter, Bjorn And John.

Desde entonces, I’m From Barcelona lucharon con todas sus fuerzas (al igual que los autores de la tonada del silbidito) contra las garras del monstruo del éxito instantáneo y fugaz. Quizá porque deseaba llevar a los suyos por una senda diferente a la del álbum que contenía su pequeño himno (“Let Me Introduce My Friends”; EMI, 2006) para esquivar el encasillamiento musical o porque se había golpeado con la cruda realidad tras saborear las mieles del triunfo, Lundgren decidió posteriormente recurrir al típico álbum sobrio y reflexivo: “Who Killed Harry Houdini? (Mute, 2008), alejado de la luminosidad coral y ultra-optimista de su predecesor. El resultado fue, prácticamente, el esperado: tibia acogida y la incógnita sin despejar acerca de la identidad de la banda. Ese sería el teórico motivo que llevó a los suecos a publicar el año pasado a través de su website, a razón de un corte por día, el disco-experimento en el que cada uno de sus 27 componentes rubricaban un tema. El artilugio se bautizó finalmente con el poco original nombre de “27 Songs From Barcelona (2010) y reflejaba la mezcolanza estilística y habilidad instrumental que se encierra en el espíritu de I’m From Barcelona: desde tecno-pop hasta folk desnudo, pasando por jazz pensado para ambientar cocktelerías cool.

Sin embargo, su tercera referencia, este “Forever Today (EMI, 2011) que nos ocupa, poco tiene que ver con esa esencia poliédrica, puesto que salta en el tiempo para recuperar el primoroso pop arco iris de “Let Me Introduce My Friends”. O lo que es lo mismo: I’m From Barcelona vuelven a postularse como la mejor versión europea de los norteamericanos The Polyphonic Spree y reafirman su condición de comuna musical dispuesta a alegrar la existencia de todo ser viviente. En este sentido, Lundgren sumerge otra vez a su particular familia numerosa en un mar de felicidad presidido por un brillante y gigantesco sol en el horizonte. Suena a cursilada hiper-empalagosa, pero en ese decorado se mueven la irresistible “Charlie Parker” y su melodía infecciosa, las palmas y el estribillo interpretado a una de “Get In Line” y el piano juguetón acompañado de adictivos lalalas de “Battleships”. Aquí no hay hueco para poses cabizbajas ni actitudes agrias, sobre todo si tenemos en cuenta (ya lo anunciamos aquí) que nos encontramos en plena primavera sueca: sobran las palabras ante el ritmillo chascadedos de la transparente “Always Spring”.

Forever Today es un trabajo que no se anda con rodeos ni con misterios en cuanto al objetivo que persigue: servir como banda sonora ideal de esos días en los que las altas expectativas que uno tiene al levantarse por la mañana se van cumpliendo poco a poco. Y lo logra a base de composiciones deudoras de la pulcra tradición pop escandinava: sin salir del país de ABBA, resuenan ecos de Irene (“Come On y “Dr. Landy” con sus exultantes trompetas) y de Acid House Kings (“Game Is On”), culminados por la titular “Forever Today que, directamente, hace desear que ese momento perfecto, único e irrepetible que sucedió sin más se quede grabado en la memoria para siempre… Así, este disco valdría tanto para paliar situaciones de tristeza pasajera como para recordar grandes noches rematadas en la cumbre. Y su escucha es aconsejable para enderezar el gesto torcido de personalidades amargas (y amargadas) como, pongamos por caso, la de José Mourinho.

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