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Después de testar cada uno de los adelantos de Sálvame Discordia (Mushroom Pillow, 2016), “Desmadre Estigio”, “Gallo Negro se Levanta” y “Baila Sumeria”, convenientemente dosificados, daba la sensación de que en el cuarto álbum de Triángulo de Amor Bizarro se iba a producir un interesante cruce de caminos tanto sónicos como líricos. Dichos avances perfilaban un rastro formado por destellos deslumbrantes que, a la vez que indicaban las distintas direcciones a tomar para alcanzar el destino final, el disco que las contendría, iban descolocando los sentidos de todo aquel que arrimara la oreja y decidiera (o se atreviera a) seguirlo. Y surgía la pregunta: ¿hacia dónde querían dirigir TAB a su desprevenido a la par que ansioso oyente?

Hacia un bosque perdido, con un claro en medio, donde TAB han dibujado en el suelo un círculo con una estrella de cinco puntas en su interior adornadas por sendas velas para posicionarse a su alrededor ataviados con túnicas y capuchas y provistos de sus instrumentos. Una vez situado el desorientado oyente en el centro de la perturbadora circunferencia, TAB comienzan su ritual pagano sacudiéndolo a base de latigazos ya conocidos: “Desmadre Estigio”, cuyo humo dub-rock parece que esta vez proviene de una hoguera regada de ayahuasca; y “Gallo Negro se Levanta”, que abre la espita de gas para que esas llamas, cada vez más intensas, desprendan todo su efecto narcótico.

Con los oídos casi taponados y aún vibrando cual maremoto en la costa de Japón, ese tembloroso oyente tiene la fortuna de entrar en una fase de este aquelarre en la que se relaja (relativamente) la tensión ambiental gracias a otro de los temas ya catados, “Baila Sumeria”, cuyo luminoso noise-pop culmina un tramo en el que comienzan a surgir las novedades: “Seguidores”, balada entre sixties y after punk con carga eléctrica progresiva que prolonga la línea romántico-siniestra tan del gusto de la banda para hablar de la soledad desde una perspectiva decadente a través de frases de gran fuerza visual; y “Barca Quemada”, con la voz de Isa más reluciente que nunca, un feedback planeador de fondo y una melodía de acero como elementos de todo un hit contemporáneo.

La magia blanca practicada en “Barca Quemada” se contrapone con la posterior nigromancia que TAB aplican en esta sesión de culto contra la post-modernidad alienante. Efectivamente: “Salve Discordia” es, además del siguiente paso en el aperturismo esbozado en el anterior Victoria Mística (Mushroom Pillow, 2013) dentro del pétreo estilo noise-rock del grupo, una obra de acentuado poso conceptual ejecutada como un rito oficiado mediante sus habituales metáforas enrevesadas, que aquí se tornan en versos adecuados para un acto de purificación interior mientras se danza a la vera del fuego.

Pero, ¿cuál es ese concepto que, se supone, cohesiona argumentalmente este álbum? La respuesta se halla en el corte “Nuestro Siglo Fnord”, término que se refiere a todo proceso de desinformación que pretende desviar la atención de las masas en aras de una supuesta confabulación mundial y que aparece en el texto de tintes religiosos “Principia Discordia” -¡ajá!- conectado con los Illuminati, las conspiranoias y otras creencias subterráneas. Vamos, que Giorgio A. Tsoukalos e Iker Jiménez estarían encantados de escuchar este álbum que, sirviéndose de simbología esotérica y figuraciones mitológicas, captura -al igual que su antecesor- el zeitgeist decrépito y subyugante de nuestra realidad, la cual varios expertos ya definen como una simulación de nuestro cerebro.

Bajando los pies de nuevo al plano sonoro, de la implacable “Nuestro Siglo Fnord” salen ramificaciones que estrujan la idea europeísta impulsadas por un ritmo desbocado (“Euromaquia”) y aprietan el acelerador para reventar cerebros (“Cómo Encontró a la Diosa” y “Luz del Alba”), aunque entre medias se vuelve a colar la particular visión que TAB tienen del amor, convirtiéndolo en un balazo disparado a quemarropa en “Qué Hizo por Ella Cuando la Encontró”, tóxico caramelo pop distorsionado al modo mybloodyvalentiniano y relleno de amargo azúcar. La final “O Salve Eris” -referencia a la diosa griega de la discordia…-, sombría y penetrante, cierra el círculo estrellado abierto con “Desmadre Estigio” reproduciendo su estructura rítmica que va de menos a más hasta subir las revoluciones a mitad de trayecto y acabar saltando en pedazos.

En ese momento, el aturdido oyente, agradecido mártir de este ritual sónico, regresa del trance, abre los ojos y piensa plenamente consciente que “Salve Discordia” es, quizá, el trabajo más sorprendente de Triángulo de Amor Bizarro en forma y, sobre todo, fondo. Con el mérito añadido de que refuerza las señas de identidad que han permitido a los de Boiro actuar desde sus inicios como una célula autónoma dentro del género del rock ruidista aquí y fuera de nuestras fronteras. Una afirmación que, tras no mostrar signos de debilidad a lo largo de su discografía, refleja la suprema habilidad de TAB para ir diseñando y materializando su plan maestro a velocidad creciente. Los dioses (discordianos, fnordianos o de cualquier otra clase) están de su parte. [Más información en la web de Triángulo de Amor Bizarro]

 

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