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Teresa Iturrioz. Ibon Errazkin. Genís Segarra. Carlos Ballesteros. Evidentemente, de esa conjunción (tetra)astral sólo se podía esperar gozo y deleite. Tras el anuncio a finales de marzo del regreso de Single a la edición discográfica con producción a cargo de Hidrogenesse, apenas hemos tenido que esperar un mes y medio para confirmar nuestras expectativas. Y es que, sí, vamos al amor: “Rea” (Elefant, 2014) es tan maravilloso como podíamos intuir. Seguramente, incluso más; ya que, sin perder de vista el buen gusto característico de la pareja donostiarra en sus obras pretéritas, aquí aparece exacerbado si cabe un cierto sentido lúdico global que sirve casi como elemento aglutinador para con el disco. Es así: “Rea” rezuma por todos sus surcos una fuerte impronta genética austrohúngara, para que me entiendan. Bendita sinergia.

La escucha inicial del álbum nos deja en un perpetuo estado de asombro y expectación. Viene a ser una contemplación de hana-bi o una primera visita al Museo de Orsay: es sentirse tonto, vivo, mínimo y adolescente, todo eso a la vez. ¿Cuánto tiempo hace que un primer contacto con un disco no nos despertaba tales emociones? ¿Quizás esos dos años que ahora se cumplen desde, justamente, “Un Dígito Binario Dudoso” de los propios Hidrogenesse? Una vez integrado emocionalmente el continuum de sorpresas que nos depara de entrada “Rea”, la asunción de forma más reposada de las nueve canciones que lo componen nos deja la misma sensación: esto no podría ser más grande. Esto no podía ser más.

La magnífica “Globo De Helio”, que no anda tan lejos de las propuestas de pop fantástico (o fantasioso) de Antonio Galvañ (Parade), nos maravilla tanto cuando se deja querer por los ecos de Isao Tomita y el ritmo 3×4 en las intersecciones que sirven puente como cuando se abandona a la pista hedonista. En “Me Enamoré”, con Gregori Ferrer (Col.lectiu Brossa) al clavicémbalo, nos enamoramos nosotros de su lírica arrebatada y arrebatadora que fluye irreductible a borbotones y de su atmósfera de vodevil que logra transmutar sin solución de continuidad en un impredecible rap cortesía de Garbanzo. “Siete” y “Modo B” se nutren de un cierto jamaicanismo (esas “canciones lovers” mencionadas en “Rea” hacen referencia al lovers rock, variante del reggae estilizada con un cierto soul de línea sedosa) pasado por el filtro idiosincrático de Errazkin / Iturrioz, mientras que en “Virgen Del Cisne” se desarrolla una mistura estilística tan atípica como atractiva: saudade meets ganja, por así decirlo.

¿Es “Rea”, la canción, la cumbre creativa de “Rea”, el LP? Por lo que a mí respecta, nadie podrá convencerme de lo contrario. En términos melódicos, líricos e instrumentales (qué maravilla aquí lo de Hidrogenesse a los mandos), “Rea” es un tema perfecto e infinito, que obliga a ser escuchado en bucle como si no hubiera un mañana. Redondísima como si dibujada con compás, ambrosía hecha cadencia, “Rea” es quizás el hit más abrasivamente inspirado del último lustro cantado en español.

La continuación de “Monólogo Interior” (Elefant, 2010) agranda aún más el legado de esta pareja tocada por la mano de Dios o de Nuestra Señora de El Cisne. Todo en “Rea” nos deja borrachos de arte, desde la portada de Javier Aramburu (esa Teresa Corazón de León que nos echa una mirada entre conspicua y serena desde la propia carátula) hasta la exuberancia melódica y sonora creada para la ocasión, pasando la retórica fina e infinita de la dupla Errazkin / Iturrioz. Estamos ante un evidente nuevo clásico del pop, sea en español o no. Busquen asilo en “Rea” y quédense encerrados gustosamente ahí… ¿No ven que todo lo de afuera es mucho más feo?

 

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