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Días de color gris pedregoso, lluvia eterna y humedad infinita. Cielos encapotados y cerrados a conciencia. Noches de oscuridad impenetrable y soledad en las calles. Pies mojados, pieles arrugadas y cuerpos que buscan cobijo. Así se mueve el crudo invierno en un bucle infernal hasta que, de repente, un nuevo amanecer resplandeciente lo cambia todo. Los rayos del sol comienzan a romper la plomiza rutina y descienden con parsimonia acompañados de luminosas bandas sonoras encapsuladas en discos cálidos y reconfortantes como Atlas (Domino, 2014), el tercer largo de Real Estate, grupo experto en disipar el frío físico y espiritual, aliviar desazones nostálgicas e inyectar optimismo en sensaciones melancólicas. Puede sonar a cliché almibarado (y, de hecho, suena como tal), pero el actual quinteto es capaz de traer la primavera consigo gracias a su pop de estructuras sencillas y melodías espléndidas, brillante a la par que acogedor. En definitiva, un pop (pluscuam)perfecto.

No resulta exagerado afirmar algo así, ya que en sus filas se encuentra Matt Mondanile, guitarrista y letrista que comanda en paralelo Ducktails, modesto pero prestigioso taller de pop artesanal con el que es posible rozar las estrellas con los dedos. Una alegoría que se traslada punto por punto al contenido de este “Atlas”, que prolonga adecuadamente las bondades de sus predecesores, Days (Domino, 2011) y Real Estate (Woodsist, 2009), cofres en los que se alojaban gemas como “Suburban Beverage”, “Easy” o “It’s Real”, cuyas formas reflejan la maestría de Real Estate para modelar diversos materiales pop y obtener diamantes de varios quilates. En ese sentido, “Atlas” es una auténtica colección de canciones redondas, todas disfrutables, que parecen salidas de la mejor tradición musical del sur de la costa oeste pacífica de Estados Unidos más que de la noreste atlántica. De hecho, probablemente la formación de New Jersey sea el grupo del área de The Garden State con el ADN sonoro más marcadamente californiano. Aunque, en esencia, sus piezas son universales (ahí va otro apropiado tópico) y atemporales.

“Atlas” es un LP para escuchar de diferentes maneras y en variadas posturas, todas ellas válidas. Pero la forma ideal de empaparse de su templada luz es en movimiento, independientemente del carácter del espacio que se atraviese, mientras se deja que los pensamientos fluyan y lo que sucede alrededor se vaya adaptando a ellos cual videoclip compuesto por fotogramas armoniosos. Aunque el repertorio discurre amable y, en ocasiones, taciturno, cada corte muestra su cara contenidamente, animada y alegre, hasta convertirse en himnos de bolsillo para tomar como píldoras reconstituyentes en cualquier lugar y momento. Sus letras dulces, finas y espontáneas describen interminables conversaciones, amores enredados en la cercanía o vividos a distancia, el paso inexorable del tiempo y recuerdos de un pasado que jamás volverá, relatadas por la cándida voz de Martin Courtney IV y embellecidas por los diáfanos riffs de guitarra que él mismo y Mondanile tejen con delicadeza y elegancia.

“Had To Hear”, “Talking Backwards”, la instrumental “April’s Song”, “Crime”, “Primitive”… Que empiecen a sonar las canciones de “Atlas” bien alto y que nos contagien su placidez y candor. Ya brilla el sol. Coge mi mano y caminemos juntos…

 

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