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Muchos ya lo habréis visto. Hillside Festival, verano de 2009. Un chico lánguido y desgarbado de pie en el escenario, con la única compañía de su violín, un sinte y varios pedales, ofrece una de las interpretaciones más colosales que se recuerdan en los últimos tiempos. Está tocando su canción estrella, “Lewis Takes Off His Shirt”, y nadie quiere que la arreciante lluvia interrumpa su actuación. Por detrás, la gente de staff empieza a desmontar el escenario, mientras el chico del violín, lejos de amedrentarse por la fuerte tormenta, continúa en crescendo a la vez que el público le jalea, enfervorizado. Su vida puede estar en peligro. Un organizador insiste, casi agarrándole por el brazo, que se retire. “Let me finish this song!”, es su respuesta. Y el chico lánguido, por fin, acaba su canción. Los espectadores, en éxtasis, aplauden mientras él se derrumba en el suelo, feliz, extenuado. Pocos de los allí presentes olvidarán ese momento.

Un momento que pinta un cuadro bastante aproximado de Owen Pallett: el chico lánguido y sensible es también un chico duro. Con el arrojo para despacharse él solito una canción en un escenario a punto de saltar por los aires o para hablar de cosas como depresión, adicción y miedos con una honestidad brutal y sin despeinarse. El mismo atrevimiento que demuestra mezclando pop barroco y electrónica, pista de baile y Steve Reich, la inmediatez de Katy Perry con el virtuosismo de Joanna Newsom. Un chico con la energía para tener su propio proyecto personal y a la vez recorrer el mundo con Arcade Fire, colaborar con bandas como The National o R.E.M., componer bandas sonoras nominadas al Oscar y convertirse en un pequeño fenómeno en Internet usando sus conocimientos en teoría musical para explicar la supuesta genialidad que se esconde detrás de algunos hits actuales. .

Con tanto ajetreo, no nos extraña que haya tardado cuatro años en lanzar nuevo material después de su enorme “Heartland” (Domino, 2010). Y, en realidad, teniendo en cuenta la exuberancia de su último trabajo, la impresión es que ha tardado demasiado poco. El disco se mueve en tantas direcciones que, a primera vista, resulta un poco mareante. Y eso que cada una de las piruetas de Owen Pallett consta de un par de tirabuzones menos: “In Conflict” (Domino, 2014) busca la simplicidad para llegar más hondo, pero a pesar de ello a veces los caminos de Pallett siguen siendo son inescrutables. Es una trayectoria que recuerda a la de Wild Beasts, con cuya obra maestra los ingleses alcanzaban recientemente la cima de su carrera quitándose ropa de encima, prescindiendo de ornamentos innecesarios y la vez mostrándose más complejos, más profundos que nunca. Al canadiense le está pasando lo mismo. Se les están cayendo los decorados, esfumando los miedos y su voz, ahora, suena más presente, más fuerte: Owen Pallett ha creado su primer gran disco de pop.

Temas como “Song For Five And Six” podría rivalizar con Future Islands este año en cuanto electro-pop desbordante se refiere, mientras que “The Passions” desemboca en la siempre inevitable comparación con Radiohead. La atmósfera es intensamente cinemática y los brotes de tímida electrónica recuerdan a compositores neoclásicos como Max Richter o Greg Haines. Brian Eno pone su granito de arena. Sin embargo, aquí el protagonista sigue siendo Owen Pallett, que va a su rollo, y su violín, que sigue trinando con fuerza. Ya no loopeandose y retorciéndose sobre sí mismo como un contorsionista en celo, como antes, sino acompañando, gentilmente, las sinceras melodías de su intérprete. El chico lánguido y sensible, al que siempre le ha tirado la épica, doma en “In Conflict” su instinto más grandilocuente para llegar más profundo, y más fuerte que nunca. Pallett da todo lo que tiene y más para crear esta obra preciosa, su obra magna. Si suena algo forzado, no se lo eches en cara. Nadie dijo que fuera fácil.

 

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