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“It’s not a second, seven seconds away, just as long as I’l stay, I’ll be waiting”… Teniendo en cuenta que su último trabajo en solitario se lanzó hace 18 años, es muy fácil empezar esta reseña con el estribillo de la canción que, junto a Yousoou N’dour, puso el nombre Neneh Cherry en lo más alto de todas las listas cuando muchos de nosotros éramos poco más que unos niños. Pero es que Neneh, chica, el chiste malo nos lo has puesto a huevo. ¿Dónde has estado todo este tiempo? No sé vosotros, pero yo le había perdido la pista completamente desde que lanzase “Man” (Hut/EMI, 1996), ese hilo musical para coctelerías cool frecuentadas por la gente guapa de la generación JASP, sin saber que había estado ocupada con recientes colaboraciones junto a, por ejemplo, The Thing, un trío de free jazz escandinavo. Lo siento, no se puede estar en todo. Visto desde hoy, “The Cherry Thing” (Smalltown Supersound, 2012) fue una excelente forma de coger carrerilla, calentar motores y pavimentar el camino de su vuelta triunfal como protagonista. Y, ojo, que Neneh viene con las pilas cargadísimas.

En un par de días Neneh Cherry, sueca de nacimiento, neoyorquina y londinense de adopción, rebelde y bohemia de profesión, hijastra del gran trompetista Don Cherry, cumplirá 50 años. Un hecho que va más allá de la pura anécdota: esta mujer acaba de lanzar uno de los trabajos más frescos, descarados y potentes que vamos a escuchar este año. “Blank Project” (Smalltown Supersound, 2014) mira hacia atrás, a sus orígenes, los del punk, el hip-hop y la experimentación electrónica con tintes soul que sería crucial en el nacimiento de bandas como Massive Attack, pero con un sonido que grita 2014, un sonido creado junto al dúo de hermanos RocketNumberNine en la instrumentación y con Four Tet en la producción, ni más ni menos. El alargado hiato entre estas nuevas canciones y nuestra percepción de lo que acabó siendo Neneh Cherry a mediados de los 90 (la diva del trip-hop y el soft-rock comercial para adultos) no hace más que aumentar el nivel de pasmo: la primera escucha del primer adelanto del disco dejó a muchos de nosotros ojipláticos. No nos esperábamos “Blank Project”, una bomba directa a nuestros altavoces. Neneh Cherry no pedía paso, sino que directamente volaba la puerta abajo. Sin llamar.

La memoria es selectiva e injusta, y nuestra sorpresa no era del todo justificada. La artista sueca siempre estuvo al pie del cañón, pero sus inicios combativos se habían traspapelado con el viento de la historia. Por suerte, ha tenido a bien recordarnos por qué es en buena parte gracias a ella que existe esa raza de mujer de armas tomar que va desde Gwen Stefani a Peaches, pasando por M.I.A. En la de Sri-Lanka se encuentra, especialmente, una obvia influencia: muchos de sus primeros temas (como “Bucky Done Gone”) son un calco de lo que hacía Neneh Cherry a finales de los 80. Esa misma crudeza sucinta y directa al careto, esa misma desnudez desafiante, se repite en su vuelta, pero renovada y totalmente actual, como una especie de hostia 2.0, viva y flamante. No hay ni un gramo de nostalgia en “Blank Project”, ni una lágrima por la juventud perdida. La energía que muestra en todos los cortes del disco Neneh Cherry es espectacular. Cantando sobre las bases de RocketNumberNine, casi improvisando (todo se grabó en cinco días), ocasionalmente rapeando y tirando hacia el “spoken word”, se erige como insospechada musa de nuestros tiempos. Es puro soul del siglo XXI, descarnado, tribal.

En la instrumentación, por otro lado, se mezclan las dosis justas de electrónica y orgánica, mientras que la mano experta de Kieran Hebden dota a todo el conjunto de una minuciosa limpieza. En su elegante minimalismo, cada sonido es esencial, cada nota, cada beat es pieza fundamental de un reloj suizo. En el lado negativo, quizá la fuerza se va diluyendo con varias escuchas y, tras el shock inicial, el globo va desinflándose con temas que no están tan a la altura: en mi opinión “Spit Three Times” y “Out Of The Black”, su colaboración con Robyn, bajan un poco el altísimo nivel que se había marcado desde ese comienzo acongojante que es “Across The Water”. La puntilla final, sin embargo, deja el listón en lo más alto. “Everything” es un pelotazo que cierra un trabajo excelente con un grito espeluznante, el aullido de una bestia que ha encontrado a la mediana edad su naturaleza más pura, más salvaje.

 

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