Si las atmósferas pesadas hablaran, escribirían en idioma binario. Catapultarían el error, el ego del ambiente. Matarían al cerco melódico. Impondrían nuevas leyes de parapetos sintéticos obrando mal hacia los grupos pop y distorsionarían nuestra realidad. Crearían una suerte de “Silent Hill” envasado. O compondrían las canciones de “I’m Not Shy, I Just Don’t Like You” (Foehn, 2011), primer álbum de una de las últimas grandes novedades (y van…) de Foehn, aquel sello centrado en el pop ultramoderno, atmosférico, tensivo, abrasivo y, en este caso, adicto al error y a la goticidad enclaustrada en mausoleos manoseados, petrifricados, putrefactos digitalmente y descorazonados.

El dúo barcelonés kludge se caga en la contemporaneidad de la reutilización de los instrumentos de cuerda y decide desarticular las guitarras y hacer un disco de guitarras sin guitarras, como bien ha dicho David Broc sobre ellos. La realidad se impone, y el espécimen visual y gestual de distorsiones, sincronías deformes, estructuras circulares y alardes de anti-ortodoxia abrasiva abre vías de creación y expresión que bien podrían estar ligadas con el mundo de la deconstrucción estética y arquitectónica (estoy muy Ferrán Adrià últimamente, perdonadme). El mismo empleo de la sonoridad anti-prototípica desde el prototipo de la música pop más clásico e inmediato (el de la guitarra) encuentra en las capas y variaciones simétricas de las mismas construcciones-composiciones una nueva forma de entender la edificación y el concepto de creación: quizás por eso es que el homólogo empleo de piezas audiovisuales alojadas en su página web sirven para entender mejor esa tónica urbanístico-paisajística de los escopetazos incluidos en este “I’m Not Shy, I Just Don’t Like You”. Porque precisamente eso es lo que parecen escupir todas y cada una de las nueve canciones a modo de instantáneas cinematográficas antológicas que bien podrían servir de banda sonora del infierno o del desentierro de algún árbol milenario. La aplicación de emuladores etimológicamente similares como bien podrían ser Tim Hecker, Emeralds, Forest Swords, Fennesz, Grouper o el sonido basura de Hype Williams podrían cazar perfectamente con cierto entendimiento de la atmósfera que Marc Piñero y Pablo G. Polite deciden emplear en su álbum debut.

Un desenfrascamiento del noise desde posturas casi orientales (“Brend for Unlikely Off-style”), espacios de hermanamientos alienígenas con ciertos experimentos de electrónica que bebe del barroco y el neoclásico (“0.*”), ordenamientos circulares que saben a música reciclada y exportada directamente desde alguna papelera de reciclaje de un ordenador con Windows 95 (“Free Encyclopedia” y “Sonex 180” es lo más parecido a “melodía” que podremos encontrar) o materializaciones de una viveza inerte, lenta, espacial, puramente atmosférica y tenebrosa (“Cut Piece” o “Akihabara Creepshow” dan buena cuenta de ello). Un tratamiento de la guitarra que desarticula hasta al más experimental, limitando el radio de acción, de innovación y de utilización de elementos a la base más conservadora (la de la guitarra, claro) y, a su vez, más útil para, a través de las capas, elevar esa misma comprensión clásica y prototípica que tenemos del mentado instrumento a la categoría de nuevo catecismo caótico.

[Alan Queipo]

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