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Afrontar la revisión de un disco que lleva sonando en mi cabeza desde mucho antes de que empezaran a adelantarse sus canciones en emisoras de radio e Internet podría parecer una tarea fácil, pero no lo es. Esas canciones, algunas de las que conforman “No Son Tu Marido” (El Genio Equivocado, 2015), las he tenido muy presentes varios meses por el hecho de haberlas escuchado previamente en diversos conciertos, y han crecido en mí hasta prácticamente incorporarlas a mi flujo de conciencia emocional. Ahora tengo que obrar el proceso contrario: extraerlas de mí y volcarlas en vosotros, en aquellos que queráis leerme.

¿Cómo afrontar entonces la revisión del nuevo disco de Hazte Lapón, una obra que aún tiene algo del EP “El Traje Del Emperador” (Discos de Kirlian, 2014) pero bastante poco de “Bromas Privadas En Lugares Públicos” (Discos del Rollo, 2013)? Podría hacerlo por la vía de la reflexión del disco como un todo, un ente indivisible, porque se adivina una cierta continuidad temática en “No Son Tu Marido” centrada en el amor y el miedo: la esencia misma de esa célula emocional tan cuestionada y cuestionable como anhelada y deseable que llamamos pareja. Pero podría también hacerlo, y creo que se acerca más a lo que me piden las entrañas y el cerebro, mediante el pequeño análisis quizás injusto (injusto porque creo que estas canciones merecen una tesis doctoral más que una reseña discográfica al uso) de los temas que dan cuerpo al disco, parándonos en algunos detalles que, como ocurre con las mejores cosas de la vida -y creo que este disco lo es-, dibujan finalmente la esencia de la obra en sí.

Un pequeño arpegio nervioso al piano chilla entre guitarras distorsionadas y una percusión casi marcial. Hazte Lapón preparan al oyente con la suficiencia de quien ha hecho un disco mágico: “Si todo sale mal sonreiremos pero con la lengua rota”. La sonrisa incoercible del que sabe que ha creado una obra capital a la hora de entender el pop ahora sin dejar de mirar tanto al pasado como al futuro, logrando curiosamente un cierto poso de atemporalidad. Vuelvo a “Hushpuppy”, el tema que abre “No Son Tu Marido”. En él, toda la belleza y la intensidad de la épica bien entendida se ordenan en un éxtasis progresivo hacia un crescendo que no es tal porque acaba en susurro, como un cuerpo que de repente se apaga en la contienda. Porque parece realmente una contienda militar la que se narra en “Hushpuppy”, un conflicto moral armado, el retrato de una distopía en el que no queda tan claro que el caos sea la respuesta a las plegarias de nadie. No tan lejos de los mejores -los primeros- Arcade Fire, “Hushpuppy” imprime el pulso y el tempo a un disco que se revela magnífico en su cara A, pero decididamente imponente y trascendental en su cara B.

Así, esa hipotética cara A tiene continuación con “Odiar”, en la que Saray Botella y Lolo González Molinier aúnan sus voces para crear un juego melódico delicado y dulce que contrasta con una letra que es apología encantadora de la animadversión, amén de uno de los ejercicios más interesantes en lo que respecta al plano lírico en todo el álbum. Ese vital “puede ser cualquier cosa” que abre cada estrofa antes de enumerar una lista de cosas odiables otorga libre albedrío a la sana virtud del desprecio, que es rematado por una actitud de asunción del ser en sí mismo, de nuestra propia esencia, mediante el rechazo natural a lo que nos es ajeno y pretende deshumanizarnos (“No me digas que necesito medicamentos, que necesito controlar esto”).

Escuchando “No Son Tu Marido”, me atrevo a decir que 2015 va a ser el primer año en que no vamos a echar de menos a Astrud.

Procrastinar” entronca con el sonido más enmarañado del anterior LP de Hazte Lapón, “Bromas Privadas En Lugares Públicos”, con un Lolo cantando en aullidos entre acordes ensuciados una letra devastadora que apunta a los conflictos internos relacionados con el reloj biológico. No tan lejos de “Odiar” ubico “El Rey de la Lluvia” en su aparente defensa u homenaje de lo socialmente cuestionado, aquí revelando la importancia de la contradicción como forma de comunicación, mientras que en la nerviosa “Mudanzas”, Lolo y Saray se dan la réplica para intentar poner un punto de racionalidad en el pecado de la nostalgia, con ese grito catártico de “¿qué más da?” cuando se refieren a regalos con valor sentimental o discos grabados “con la obra completa de Bill Callahan”.

Hay un cambio de tono abrupto justo en la entrada de la preciosa y salvajemente tierna “Amor Bomba”, seguramente una de las cimas compositivas del disco, casi una declaración kempisiana de lo que representa el amor como sentimiento expansivo, irreductible, casi totalitario en su tiranía conductual-emocional. Tras ella, la teórica apertura de esa cara B es “Durmiendo Con El Enemigo (Nana del Amor Ambivalente)”, donde Lolo, prácticamente a solas con una guitarra acústica y una discreta línea de piano, se plantea cuánto hay en realidad de malvado e injusto hacia el prójimo en el hecho de enamorarse, quizás el acto de egoísmo mejor considerado socialmente de la historia. “Durmiendo con el Enemigo” crece orgullosa pero frágil, a punto romperse en cada cambio de acorde, y tiene el honor de dar paso a la mayor joya de esa corona llena de joyas que es “No Son Tu Marido”, ese vals acelerado, esa jota melancólica y maravillosa llamada “Tanatorios”.

Tanatorios” es una singular oda al miedo a la muerte y al amor sin pompa pero con circunstancia, con una de las letras más brillantes que servidor ha escuchado en muchísimos años, llena de imágenes maravillosas (desde el “Thanatos salvaje que invalida toda lógica” hasta esos “Bonnie & Clyde atrapados por error tomándose un Mai Thai antes de su ejecución”) y de frases dolorosamente lúcidas con las que adornar el más perfecto obituario sentimental (“Tú juraste estar conmigo hasta el fin de los días, al borde de este abismo y bailando”) o el que podría ser el libro de autoayuda menos vendido de la historia (“ahora que todo está tranquilo, las cosas más bobas parecen precipicios insalvables”). Sumado a todo ello un arrebatador arreglo de cuerdas por obra y gracia de Judit Fernández, acompañante habitual en los conciertos de Sagrado Corazón de Jesús, “Tanatorios” es la clásica putada emocional maravillosa que te impide acabar de otra forma que no sea empapado en lágrimas. Una incontestable obra maestra compaseada en 3/4.

El tramo final del disco se abre con esa especie de balada de querencia y herencia country & western que es “Arte y Ensayo”, la más cruda disección de la vida en pareja por la vía de la resistencia, la pequeña crueldad y el amor más puro. Como la citada “Tanatorios”, “Arte y Ensayo” es un prodigio de inteligencia y perspicacia en la progresión lírica, aquí a través de la rima asonante. Una pequeña oculta maravilla sobre los desajustes de lo cardíaco. Tras ella, llegan “Bartleby Enamorado”, con sus retazos de indie clásico, donde personalmente me llegan ecos de “Seeing Other People” de Belle & Sebastian en su piano y su base sincopada; y la delicada “Cómo Funciona Un Corazón”, en la que Saray toma el protagonismo vocal, acaso por ser una de las canciones que más podrían recordar a Duerme La Siesta, el delicioso proyecto paralelo de la cantante y teclista. Y como ocurre con casi todos los discos que verdaderamente importan, una de las mejores composiciones sirve para cerrar el álbum, y aquí la esencial “El Cielo Protestó” cumple perfectamente esa función de devastación final del alma, con sus imágenes surrealistas de rechazo a los iconos religiosos enfatizando el poder en la conjunción de lo individual.

Hace bastante tiempo, conforme iba escuchando en directo (el esqueleto de) algunas de las canciones que finalmente han conformado “No Son Tu Marido”, me atreví a decir en Twitter que 2015 iba a ser el primer año en que no íbamos a echar de menos a Astrud, habida cuenta del torrente de inteligencia y talento que se adivinaban en canciones como “Arte y Ensayo”, “Tanatorios”, “Hushpuppy” u “Odiar”. Ahora, con los temas definitivos publicados, debo reafirmarme en mi osadía. “No Son Tu Marido”, mirado de cerca, con la voluntad investigadora de quien desea conocer la insoportable verdad sobre la belleza y la miseria que esconden los hombres, las mujeres y las relaciones entre ambos, es posiblemente el disco más importante cantado en lengua española desde “Mi Fracaso Personal” (Virgin/Chewaka, 1999). Esto podéis intentar rebatirlo, pero no me pienso dar por aludido. Porque nosotros, como vosotros, debemos reafirmarnos en nuestra intuición primera. Porque nosotros, como vosotros, preferimos vivir aislados en nuestra pequeña circunscripción geográfica emocional. Porque nosotros, como vosotros, fuimos islas, siempre islas, y siempre ha sido así.

 

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