Friendly Fires, empujados por el mensaje de una de sus más celebradas canciones, “Jump In The Pool”, se lanzaron de cabeza a la piscina de los sonidos actuales más excitantes, ardientes, instintivos y fascinantes. Una arriesgada decisión que corrobora que los grupos que abanderaron la denostada escena nu rave hace unas temporadas pronto se cansaron de la etiqueta e intentaron buscar nuevos y mejores espacios estilísticos: These New Puritans se pasaron al lado oscuro y sinfónico de la electrónica; Foals relajaron el taquicárdico discurso de sus inicios; y Klaxons… realmente no llegaron a abandonar del todo el esquizofrénico universo ravero. Los últimos en reaparecer, Friendly Fires (los más listos de la clase), aprovecharon el material deluxe de su debut, “Friendly Fires” (XL, 2008), para hacer saltar por los aires los prejuicios sobre su música y ampliar los límites que la podían constreñir. Dicho estreno, a pesar de incluir algún que otro momento irregular, había colocado el listón a gran altura gracias al impacto de la propia “Jump In The Pool”, “Paris” o “Skeleton Boy”, cuyas melodías ya pertenecen al imaginario reciente de todo cazador de pop electrónico dinámico y sofisticado.

Esos óptimos antecedentes presagiaban, contradictoriamente, que la tormenta impulsada por el trío británico (Ed Macfarlane, Jack Savidge y Edd Gibson) corría el peligro de apagarse en cuanto la escena en que se circunscribía se perdiese en el olvido. Pero la publicación posterior del single “Kiss Of Life” (XL, 2009) certificaba que su llama se mantenía vigorosamente encendida. Esa canción fue la llave que les abrió las puertas hacia la expansión de su particular universo (plagado de percusión exuberante, electricidad policromática y movimientos espasmódicos), aunque también podía cerrárselas a cal y canto si no conseguían prolongar ese sonido tan depurado y sugerente. Macfarlane y los suyos no se amedrentaron ante la exigencia del reto y dieron con la tecla adecuada que propulsó la creación de su esperado segundo disco, “Pala” (XL / PopStock!, 2011).

Abriendo un pequeño paréntesis, este acierto recuerda a un caso similar cuyos excelsos resultados comenzaron a extenderse hace aproximadamente un año: el de Delorean y su aclamado a la vez que polémico “Subiza” (Mushroom Pillow, 2010). Entre ambos álbumes existen lógicas diferencias, pero surgen sorprendentes paralelismos tanto en su fase de construcción como en el producto obtenido: para empezar, sus autores tomaron una gran composición (los ingleses, la citada “Kiss Of Life”; los vascos, “Deli”) como la piedra filosofal que convertiría en oro sus siguientes bocetos sonoros; luego, no ocultaron su afán por aferrarse al presente (y al futuro) más candente adaptando lo que mejor conocían de su memoria histórica (en ambos ejemplos destacan los 90 fosforescentes y hedonistas); y, finalmente, gestaron sendas muestras de música de baile inteligente y rica en matices, que tanto enardece el cuerpo como activa las neuronas más inquietas.

Fisicidad y psique: dos elementos que vertebran el alegato explosivo de “Pala” desde su misma portada, oda a la naturaleza selvática, salvaje y colorista en su máxima expresión que propicia una estimulación sensorial automática. Ese aspecto tribal que atrapa la vista y se clava en la sesera induce al oyente a dejarse llevar por el refrescante repertorio ideado por unos Friendly Fires mágicos y libres de corsés y clichés. Esto último les permite abrir este LP por todo lo alto rindiendo honores a esa época gloriosa de la que derivan la esencia epicúrea que envuelve a la arrolladora “Live Those Days Tonight”, proclama a revivir los tiempos en los que el Smiley, las vestimentas de estampados cegadores y los pantalones bombacho eran el santo y seña de hordas de jóvenes que esperaban que su porvenir fuese una fiesta eterna. Quien no consiga establecer esta conexión mental, que eche un vistazo a este vídeo-montaje con el flamante single de Friendly Fires de fondo, un manguerazo de tañidos fogosos, sintes psicotrópicos y un piano tintineante guiado por la iluminada voz de Macfarlane que abre los ojos de par en par y humedece el cuerpo de arriba abajo.

Ante tal desenfreno sónico, nada mejor que quitarse la camiseta (y lo que haga falta) para zambullirse en este océano que combina euforia tropicalista sobre sus olas (“Pull Me Back To Earth” y “Chimes”) con alegre melancolía veraniega en su horizonte (“Blue Cassette” y “Hawaiian Air”). Esta fiebre ácida se prolonga con la base y los coros de “Show Me Lights”, que se desliza sobre beats baleáricos aromatizados por fragancias provenientes de latitudes lejanas pero igual de cálidas. Cerrando el paréntesis abierto más arriba, aquí se acabarían las semejanzas con el “Subiza” de Delorean, ya que en este punto comienza a surgir la otra cara de “Pala”, aquella que retrocede unos cuantos pasos más en el tiempo para situarse en mitad de los 80, justo en la antesala del arrebato dance noventero. La cantidad de detalles que así lo indican es significativa: el ritmo sincopado y los acordes de guitarra de la veloz “True Love”, los ecos a campanas ochenteras y los teclados tostados al sol que adornan la orgásmica “Running Away” y los arreglos analógicos registrados en cinta de cromo (cercanos a lo que ahora se denomina chill-wave / pop hipnagógico) que soportan el exultante estribillo de “Hurting”.

El recorrido que siguen esas tres piezas desemboca lenta y progresivamente en las fases más tranquilas y relajadas del álbum (“Pala” como interludio y, sobre todo, “Helpless” como cierre), que vuelven a incrustar sus vapores hipnóticos en la década en que se generalizó que el paisaje ideal para acabar la diversión nocturna y dar la bienvenida al amanecer se encontraba en algún perdido y solitario lugar de la costa ibicenca. Precisamente, ese sería el marco perfecto en el que imaginar el instante en que se asimila y conserva en el cerebro la energía de “Pala” cuando alcanza su cenit. Con el mismo ímpetu de esa descarga magnética, Friendly Fires logran romper sus propios moldes, saltar a una renovada piscina y sumergir a todo aquel que se quiera coger de sus manos en un bullicio extático, embriagador y hechizante

 

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