everything-everything-arcEl arte y el pop, el pop y arte… Una relación que comenzó hace décadas en la esfera cultural anglosajona, maduró y eclosionó tomando el concepto warholiano por bandera y llegó hasta el tiempo presente expresada en infinitas corrientes y vertientes. Imposible escapar de ella, aunque uno lo intente: el ser humano contemporáneo (y ya no sólo el occidental…), con sus defectos y virtudes, es pop, inevitablemente. De ahí que la traducción gráfica de tan relevante unión, pop-art o art-pop, se haya aplicado con facilidad a cualquier materia de nuestras vidas, no sólo a las culturales, para justificar su coartada intelectual o vanguardista. Pero, como dice la frase hecha sobre el amor: de tanto usar el término, se rompió. En el caso de la música, desde el primer minuto en que se empezó a recurrir a él para buscar una explicación a las nuevas vías creativas que se iban descubriendo, unas absolutamente innovadoras y otras, no tanto. Por eso, a día de hoy resulta cada vez más difícil que cuele cualquier artefacto sonoro de apariencia artie: no vale que se le ponga a un disco por título “ARTPOP”, simplemente, ¿verdad, Lady Gaga? Aunque seguro que a Andy Warhol le hubiera encantado implicarse en las mamarrachadas gagianas

Hablando de los prejuicios sobre la premeditación artie, Everything Everything tuvieron que luchar contra ellos antes, durante y después de publicar su debut, “Man Alive” (Geffen, 2010), a pesar de que, frente a otros coetáneos similares, no habían entregado una obra pomposa por fuera y vacía por dentro. Todo lo contrario: su sonido (trufado de voces dispuestas en capas, coros, polirritmias, cacofonías, dislocaciones y percusiones sorprendentes) y sus textos (dardos surrealistas e incluso psicotrópicos que intentaban deformar los vicios y costumbres de la realidad del momento, que siguen siendo los de ahora) formaban un todo asimétrico pero inesperadamente armonioso, amalgamado por el infatigable falsete de Jonathan Higgs. Lo más curioso de su caso fue que la prensa musical británica (con NME a la cabeza, of course…) adoptó a Everything Everything como sus niños mimados, indicados para su lector medio, sin tener en cuenta que su ópera prima no era un artefacto de fácil asimilación, sino para moverse con paciencia y sin complejos a través de su contenido laberíntico. Los que no aceptaron el contrato, se dieron de bruces cuando el cuarteto mancuniano quedó seleccionado entre los aspirantes a ganar el Mercury Prize de 2011.

¿Les suena esta historia a las de otras bandas británicas con parecido ADN pero un poco más recientes? Por un lado, a la de Django Django, que encaja en el molde como un guante hasta en la nominación al Mercury Prize (el de 2012); y, por otro, a la de alt-J, con la salvedad de que estos lograron hacerse con la última edición del premio. Sin embargo, a Everything Everything hay que reconocerles el mérito de (re)avivar con anterioridad la mecha artie en cierto sector del pop inglés de su generación que se fijaba en horizontes lejanos, quería sacarse de encima la sombra de Radiohead (aunque su presencia nunca dejó de sentirse) y tenía la capacidad de amortiguar las fuertes vibraciones que llegaban de la otra orilla del Atlántico originadas por Dirty Projectors, Animal Collective o Grizzly Bear.

Dos años y unos meses después de la salida de Man Alive, Everything Everything regresan con Arc(RCA, 2013) reforzados por sus logros del pasado (entre ellos, haberse liberado de las cadenas del hype) y del presente: entrar directamente en el Top 5 de la Official UK Album Chart. Un éxito cimentado por sus dos singles previos: “Cough Cough”, ejercicio acrobático (con la voz de Higgs y la batería de Michael Spearman luciéndose) que conserva la policromía que destellaba a lo largo del LP de estreno de los mancunianos; y “Kemosabe”, que relaja el nervio y dulcifica su desarrollo al más puro estilo alt-J hasta cuajar en un estribillo irresistiblemente épico. Aquí encontramos los primeros indicios de la pequeña revolución practicada en la casa de Everything Everything, esa que empezó a abrirles las puertas a una audiencia más amplia: retorcimiento formal más liviano, aristas más limadas y canciones más próximas a los esquemas clásicos. En resumidas cuentas: todo más suavizado y estandarizado. Lo que no significa que afecte negativamente a “Arc”, pues “Torso Of The Week” y “Undrowned” (con picos de pura energía en los que Higgs se desata), “Choice Mountain” (cincelada a base de punteos de guitarra minimalistas), “Armourland” y “Radiant” (en las que el peso de la percusión sobresale entre atmósferas romántico-poético-ochenteras) y la comatosa y extrañamente optimista “The House Is Dust” aglutinan los elementos definitorios de los Everything Everything de antes y los actuales.

El verdadero dilema puede surgir cuando se atacan los tramos menos arriesgados del lote: “Feet For Hands”, con la guitarra acústica rasgada con firmeza para que el aporte vocal de Higgs actúe como un instrumento más y lleve en volandas al oyente hacia un desenlace eléctrico apacible; “Don’t Try”, pieza de post-punk ágil para todos los públicos; y, principalmente, “Duet” (la interpretación del himno para las masas según Everything Everything), versión destilada del “Viva La Vida” de Coldplay sustentada en arreglos de cuerda que explotan en un tramo final entre grandilocuente y festivo que, quién sabe, es posible que vuelva a servir a Pep Guardiola como arma motivadora cuando se haga cargo del Bayern de Munich  

En “Arc” se constatan dos hechos en torno a Everything Everything y a los fines que estos persiguen: que continúan considerando que el medio (musical) es el mensaje; y que no tienen problema en intentar obtener la cuadratura del círculo (sonoro) bajo un diseño más laxo y entre montañas de azúcar si el empeño seduce a una mayor cantidad de oídos. No hay nada de malo en ello: al fin y al cabo, el arte y el pop fueron concebidos para, independientemente del origen, la situación y la condición del emisor y del receptor, cautivar, agitar neuronas y levantar pasiones allá donde pudiesen llegar. Ya le den una sola escucha, le otorguen el trato que se merece o incluso les harten sus aires pedantes, tengan en cuenta que este disco acaba cumpliendo esas tres metas.

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