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Casi diez años de trayectoria me parece un tiempo razonable para establecer una perspectiva fiable al respecto de la herencia y posición de una banda. Así, los tres discos que Chairlift han publicado desde que Caroline Polachek y el ya excomponente Aaron Pfenning formaran el grupo, al que más tarde se añadiría Patrick Wimberly, conforman una discografía tan breve como exquisita y les convierte, por pleno derecho, en uno de los grupos de pop más importantes de la actualidad. Tras el inspirado “Does You Inspire You” (Kanine, 2008), llegaba un disco capital a la hora de entender las melodías en la segunda década del siglo. “Something” (Kanine, 2012), tan irregular como mágico, es uno de los discos de pop más especiales de los últimos años, coronado por canciones tan abrumadoramente espléndidas como “I Belong in Your Arms”, “Amanaemonesia”, “Met Before” o “Wrong Opinion”.

Cuatro años más tarde, “Moth” (Columbia, 2016) se revela como un disco si cabe más complejo en sus intenciones, más amplio en su sonido, menos espontáneo pero, de igual forma, más rico, lleno de detalles. Quizás algo de culpa tenga que este hiato entre disco y disco haya servido para que Polachek, cantante, compositora y cara más visible e inquieta del dúo, haya aportado su voz y talento compositivo en diversas colaboraciones e incluso haya editado su debut en solitario bajo el alias de Ramona Lisa, el infavalorado y extraño “Arcadia” (Pannonica, 2014).

“Moth” es un disco vivo y, como tal, imperfecto, mutante, que suena y se siente distinto según el estado de ánimo con el que se afronte cada escucha. Un disco que dicta cómo debería sonar el pop en 2016.

Moth” juega (verbo no elegido al azar; se intuye aquí un evidente componente lúdico) a ser un disco de pop total, que todo quiere tocarlo, todo quiere asumirlo, todo quiere ganarlo. Y todo lo gana. Me explico. “Moth” gana cuando la versatilidad vocal de Caroline Polachek en “Ch-Ching”, unida a los coros, los vientos y las bases gordas y parcialmente, retrotraen a la mismísima Beyoncé -con quien justamente Polachek colaboró coescribiendo “No Angel” para su último disco, “Beyoncé” (Parkwood/Columbia, 2013)- para crear un éxito imposible pero imparable. “Moth” gana en la preciosa “Crying in Public” cuando hace acopio de toda la belleza y la melancolía y la amargura (“Tell me what kind of monster have I been today”) que actualmente se puede juntar en una canción de cuatro minutos y medio. “Moth” gana cuando se disfraza de hedonismo y de pista de baile añeja en esa historia de atracción irrefrenable (“As if feeling the same has the name of the game”) que es “Moth to the Flame”, donde Polachek se luce como la diva de dance pop que a veces hemos intuido que puede llegar a ser. “Moth” gana si bebe del pop sedoso arrullado en los brazos del soul del siglo XXI en “Show U Off” a partir de las influencias de Dev Hynes (Blood Orange), para quien Polachek había puesto voces en su canción “Chamakay” hace un par de temporadas. Sea como sea, “Moth” se las apaña para ganar, todo el rato y a lo grande.

Hay algo excitante oculto en esta obra, algo que navega entre lo abigarrada y oscura que a veces resulta su producción, como en “Romeo”, uno de sus singles de adelanto, y lo natural y emocional que se siente. Sí, este es un disco que se siente; un disco que, de alguna forma, tiene vida propia, como esa desagradable polilla gigante parapetada amenazante en la portada de “Moth”. Un disco vivo y, como tal, imperfecto, mutante, que suena y se siente distinto según el estado de ánimo con el que se afronte cada escucha. Un disco que dicta cómo debería sonar el pop en 2016. Una explosión de estados de ánimo maravillosa. [Más información en la web de Chairlift]

 

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