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Créanme, es difícil sentarse a explicar por qué uno debería invertir su preciado tiempo en escuchar lo que en principio puede antojarse como una banda más entre la nebulosa que anualmente se nos trata vender desde las islas británicas. Y es difícil porque uno tiene que sentarse a intentar separar el grano de la paja, tratando de dar oportunidades por igual a cada una de las propuestas y olvidando prejuicios que puedan tenerse hacia ellas. Esto, como es natural, no deja de ser una utopía, pues generalmente nuestros oídos se dejan llevar por la inmediatez que pueda transmitir un single de promoción, arrastrándonos posteriormente a escuchar un álbum que posiblemente como conjunto no cumpla con nuestras expectativas. Con Breton, sin embargo, sufrimos el efecto contrario. Dimos con ellos hace un par de años con su debut, un “Other People’s Problems” (FatCat, 2012) que pasamos por alto más que nada por pereza pues, sencillamente, aquellas dos reproducciones no bastaron para saciar la búsqueda de la melodía pegadiza para la cual nuestro oído está entrenado. No teniendo bastante con esto, tuvimos la oportunidad de presenciar su directo hace medio año, pues los londinenses estuvieron enmarcados en la programación del excelente Reeperbahn Festival, pero todavía por aquel entonces no habíamos descubierto el potencial que encerraba el quinteto. Craso error.

Dos meteduras de pata que se solventaron en la tercera ocasión que Breton se cruzaron en nuestro camino: mediante “Envy“, un poderoso single presentado a finales del curso pasado que viene a confirmar esta teoría previamente expuesta. A “Envy“, corte encargado de abrir este excelso “War Room Studies” (Believe, 2014), es difícil no encontrarle similitudes con “My Number“, una de las canciones del verano pasado que sus compatriotas Foals incluyeron en el gran “Holy Fire” (Warner, 2013). Y hablo de similitudes no sólo en el campo melódico, sino también en el sentido de que, siendo ambos grandes singles por sí solos en una primera escucha, desentonan cuando se las contextualiza en el marco de un álbum completo que, como sucedió en el caso de los de Oxford el pasado año, ralla a un nivel muy alto.

War Room Stories” viene a ser el cruce perfecto entre la inmediatez y el ritmo acelerado de los Foals de “Antidotes” (SubPop, 2008) y esa subescena math rock (Trophy Wive, Clock Opera e incluso Alt-J) que lleva unos años extendiendo como una plaga entre los clubes más dodgies de las islas ese sonido poliédrico y de difícil concepción andamiado sobre una trabajada base rítmica que incluye dejes de electrónica que seguramente hayan incorporado de su experiencia con “Other People’s Problems“. Todo ello resulta en diez canciones que rallan a un nivel altísimo y que conforman un bloque sólido que prácticamente no presenta un sólo bajón a lo largo de su reproducción.

Obviamente, de inicio llaman más los cortes más -por así decirlo- redondos: “Legs & Arms“, “National Grid“, “Search Party“… No obstante, recientemente me sorprendí a mí mismo en el metro admirando el nivel de canciones de estructuras ligeramente más exigentes como la excelsa “S4“, esa “Got Well Soon” que suena a NIN por los cuatro costados o la final “Fifteen Times“, la que actualmente se encuentra on repeat en mi reproductor. Poco más se puede decir de un álbum cuando has mencionado casi una por una cada una de las composiciones incluidas: “War Room Stories” comenzará a colocar en el mapa, y de manera más que merecida, a unos Breton que se han cascado un disco de altura que entra directamente a nuestro top particular de lo poco que llevamos de año.

 

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