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En Glasgow hace frío. Y también llueve. Mucho… Por eso cuando la humedad desaparece y el gris y encapotado cielo se abre y deja pasar unos cuantos rayos del sol, por muy tímidos que sean, sus habitantes lo celebran como si hubiese caído a la tierra el maná enviado por alguna divinidad celestial. Las pieles glasgowianas se enrojecen y los jardines se llenan de una animada actividad que puede cambiar la vida durante unas horas, por muy exagerado que resulte afirmar algo así. A Sunny Day In Glasgow, que no proceden de la ciudad escocesa, sino de Philadelphia -su base de operaciones, aunque los orígenes de sus miembros vayan de Brooklyn a Sydney-, capturan desde su mismo nombre hasta su sonido esas dulces sensaciones de felicidad que, por muy efímeras que parezcan, son capaces de iluminar la existencia y obligar a ver el mundo desde una optimista perspectiva.

Aunque el actual sexteto -en el que se encuentra Jen Goma, chica de deleitosa voz conocida también por su brillante aportación en el último disco de The Pains Of Being Pure At Heart, Days Of Abandon (Yebo Music, 2014)- no sigue el camino más corto musical y estilísticamente hablando para esquivar las brumas, por muy espesas que sean, y alcanzar la luz más resplandeciente y cálida dentro del infinito y nebuloso universo del dream-pop que colisiona suavemente con el shoegaze (y al revés). En su caso, si A Sunny Day In Glasgow quisieran, podrían reproducir por sistema los estándares de los dos subgéneros citados en cada una de sus composiciones y acabarían facturando joyitas sonoras maravillosamente pulidas casi sin despeinarse. Pero la banda norteamericana prefiere girar varias veces alrededor de sus puntos de referencia, obviar en la medida de lo posible sus influencias más evidentes, dirigirse hacia recovecos poco explorados e imprimir su sello más personal pese que, al final, acabe resultando familiar.

Claro, en su cuarto álbum, “Sea When Absent” (Lefse, 2014), inmediatamente vienen a la cabeza las siluetas en forma de sombras de Cocteau Twins. A Sunny Day In Glasgow, sin embargo, no siguen sus dictados a pies juntillas, sino que los difuminan desarrollando melodías intrincadas, construyendo transparentes muros eléctricos e introduciendo sintetizadores y teclados que tanto dibujan cenefas policromáticas como levantan en el fondo decorados cuasi catedralicios. Las primorosas voces de sus cantantes Jen Goma y Annie Fredrickson hacen el resto: guiar al oyente hacia un paraíso gaseoso aplicando las etéreas, nada convencionales e inesperadas maneras de otras vocalistas angelicales como Cameron Mesirow (Glasser) o Caroline Polachek (Chairlift). “Byebye, Big Ocean (The End)” e “In Love With Useless (The Timeless Geometry In The Tradition Of Passing)”, en el arranque, representan el súmum de todo lo expuesto, y crean el impacto suficiente para desear con todas las fuerzas meterse de lleno en el repertorio del LP, empaparse de sus atmósferas y palpar sus texturas.

Espiritualidad, paisajismo fantástico, ambientes mágicos, teletranspotación, viajes estelares, amor incorrupto, emociones incólumes, ensoñación real… Entre estos conceptos poéticos avanzan las piezas que componen “Sea When Absent” y que se incrustan alternativamente en ascendentes y ralentizadas espirales rítmicas (“Crushin’”, “Never Nothing (It’s Alright [It’s OK])”, “The Things They Do To Me”), synthpop traído de galaxias lejanas (“The Body, It Bends”, “Golden Waves”) y tramos uptempo que no abandonan la esencia ultraterrenal de los cortes anteriores (“Oh, I’m A Wrecker (What To Say To Crazy People)”).

Curiosamente, “MTLOV (Minor Keys)”, la canción en apariencia más sencillamente pop del lote, se erige en el centro gravitacional del disco en torno al cual se amalgama con armonía todo el material cósmico, el polvo de estrellas y los vapores elegíacos que sobrevuelan “Sea When Absent”. Un trabajo tan bello que puede causar depresión saber que, hoy en día, resulta complicado hallar obras dream-shoegaze-pop que estén a la altura de su carácter y calibre. Gracias a él, parece que en Glasgow (y el resto del globo terráqueo y más allá) los días soleados jamás se apagarán…

 

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