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Algunos devotos de la nostalgia mal entendida continúan anclados, cuando se trata de analizar el fenómeno The Horrors, en el manido debate sobre si su primer disco era mejor o, en último caso, si su versión punk-rock-gótica-garagera inicial era más apropiada, pese a su aura ultra-hypeada y su aspecto calculado, artificial y artificioso. Paparruchas. Una discusión de ese calibre no tiene ningún sentido siete años después de que la banda de Faris Badwan debutara con Strange House (Universal / Polydor, 2007) y aportara razones de peso a lo largo de su trayectoria posterior para justificar el radical giro estilístico practicado en su sophomore, Primary Colors (XL, 2009). Pero, oigan, si hay que seguir defendiendo a capa y espada la evolución plasmada por The Horrors en el último lustro, se hace, por mucho que los acusadores se reafirmen en su empeño por reducir a la banda británica a la condición de Simple Minds del siglo XXI -incidiendo en la connotaciones negativas de la analogía, claro- o a mero sucedáneo de Echo & The Bunnymen. Otro motivo que esos críticos añaden a sus vituperios se relaciona con el crecimiento de propuestas equivalentes más jóvenes -especialmente TOY– que nacieron impulsadas por el influjo del quinteto de Southend-on-Sea y que han logrado adelantarlo en sólo un par de pasos discográficos.

Pero, aunque no se esté totalmente de acuerdo, hay que reconocer que a ambas sentencias -sobre todo a la segunda de ellas- no les falta parte de razón. De ahí que, si uno intenta meterse en la cabeza de Faris Badwan, no resulte extraño interpretar el nuevo trabajo de su grupo, “Luminous” (XL, 2014), como un gran golpe de efecto cuyo objetivo es constatar que The Horrors no se muestran como una mera copia en technicolor de los Minds o los Bunnymen -a pesar de su positiva influencia- ni se han quedado relegados en la carrera con respecto a coetáneos -también colegas y, según se mire, discípulos- como los mentados TOY. El método al que recurrió el quinteto para refrendarlo consistió, después de revisar en una primera escucha su cuarto LP, en cebar la policromática receta new wave / post-punk aplicada en su predecesor, Skying (XL, 2011), cual hígado de pato para foie gras a base de neopsicodelia, pop sesentero, shoegaze y destellos madchester. Un mejunje que, de entrada, parece un pastiche sonoro que puede causar indigestión; pero que, en realidad, se degusta con agrado dada la adecuada disposición de sus ingredientes en el repertorio.

Sin miedo a poner todas las cartas sobre la mesa desde el comienzo, The Horrors abren “Luminous” con firmeza y según los cánones de The Stone Roses en su Second Coming (Geffen, 1994): mediante una intro misteriosa, con percusión casi tribal y que sugestiona al oyente para dar paso a un corte potente y sólido, del mismo modo que los de Manchester hicieron en su día a través de “Breaking Into Heaven”. Así se desarrolla “Chasing Shadows”, que presenta el álbum como el “Fourth Coming” de The Horrors con el que, en la línea del infravalorado clásico stonerosiano, plasman su gusto por revestir sonidos pop clásicos de ropajes lisérgico-luminosos (“First Day Of Spring”, “Falling Star”) y hacerlos colisionar con ritmos bailables entre nebulosas cósmicas (“In And Out Of Sight”, que también recuerda a aquel momento en que U2 cambiaron los sombreros vaqueros por las gafas de sol discotequeras).

No mentían Faris y compañía, por tanto, cuando confesaban que este disco contendría temas dinámicos, vivaces y, según sugiere su título, radiantes, como uno de los grandes hallazgos de “Luminous”: “I See You” -canción bien conocida por ser uno de los avances del álbum pero no por ello menos impactante ahora que en el instante que vio la luz-, que arranca evocando a “Baba O’Riley” de The Who y “Lips Like Sugar” de Echo & The Bunnymen, avanza al compás de una melodía pop adhesiva, estalla en un estribillo de los que se recuerdan durante días, semanas o meses y desemboca en una extensa coda final -quizá innecesaria para que el tema quedase absolutamente redondo- que realza su halo épico. El otro hito del disco tampoco es inédito: “So Now You Know”, single previo que retoma el ritmo new wave ralentizado tan del gusto de la banda y entrega, otra vez, otro chorus de factura perfecta y matiz grandilocuente que permite rozar el cielo con los dedos de las manos.

Esa candencia downtempo, arenosa y reptante a la par que caleidoscópica, marca el tono de la también shoegazer “Jealous Sun” y de la tríada que cierra “Luminous”: la balada espacial “Change Your Mind”, la magnética “Mine And Yours” y “Sleepwalk” -canción melliza de “Still Life”-, que certifican la importancia que The Horrors han otorgado a las melodías en este álbum, aunque sin buscar su efectividad dirigiéndose por vías directas, sino por vericuetos sinuosos. A la vez, también revelan la preponderancia de los teclados y los sintetizadores sobre las guitarras, cuyo alcance se aprecia en la progresión hipnótica, en permanente estado gaseoso, de “Luminous”.

Se confirma, pues, que The Horrors estaban convencidos de que debían sublimar la fórmula hallada en “Primary Colors” y ampliada en Skying para obtener su disco más completo y equilibrado y zanjar, así, cualquier atisbo de controversia sobre su actual perspectiva musical y sus posibles virtudes. En “Luminous” queda todo aclarado a su favor.

 

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