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Pontevedra. Último viernes del 2012. Noche fría y calles desoladas. Así fue la jornada elegida por Holywater para presentar su último disco, Wasteland (Ernie, 2012), en la Sala Karma. A pesar de que ni la fecha ni el clima jugaban a su favor, la banda de Lugo fue capaz de atraer a una audiencia que superaba por poco la mitad del aforo y que se componía tanto de los fans de siempre (más entrados en años) como de una muchachada que, quizá, se había acercado con el propósito de disfrutar de una de sus primeras experiencias en directo. Para ponernos en antecedentes, hablar de Holywater es hablar de una de las bandas consagradas y más respetadas de la escena rockera gallega, y eso se debe a sus catorce años de vida en la carretera, cinco álbumes a la espalda y la mezcla de calidad y veteranía de los músicos que la componen: Ricardo Rodríguez (voz y guitarra), Martín Alonso (gitarra), Mito (bajo) y Luis Casanova (batería) saben perfectamente a qué quieren sonar y cómo hacerlo; y siempre han sido fieles sí mismos, algo que les ha otorgado solidez como grupo y una identificación inconfundible en su sonido.

En su segunda visita a Pontevedra durante 2012 (la primera fue a comienzos de año para finalizar en el Liceo Mutante la gira de su celebrado anterior trabajo, “The Path To Follow” -Ernie, 2010-), el cuarteto lucense fue subiendo al escenario poco a poco, lo que sirvió para empezar a observar algunas novedades: por ejemplo, el cambio de guitarra de su frontman, Ricardo, que abandonaba su vieja e icónica Telecaster celeste por una nueva Gibson E-335 de caja abierta, lo que no era ninguna casualidad… A primera vista, con esa variación ya se podía intuir la evolución del sonido de la banda hacia un rock de raíces clásicas, más cercano a Neil Young que a su estilo previo, inspirado en, principalmente, Pearl Jam y la etiqueta ‘Seattle’ de los 90. Pero el tiempo pasa, circunstancia que se aprecia en la madurez alcanzada por Holywater en “Wasteland”.

Como decíamos antes, Holywater tienen muy claro a qué quieren sonar y cómo transmitirlo sobre las tablas: sus composiciones guardaron una estructura similar entre sí, con un crescendo continuo de intensidad que construía una montaña rusa dirigida por la genuina voz y la amplitud de registro de Ricardo, que iba desde el susurro más cálido hasta el grito más desgarrador. Una fórmula magistral conseguida con los años que completaba con su guitarra rítmica sacando riffs crudos y gruesos en perfecto diálogo con las seis cuerdas de Martín, que ponía el contrapunto con solos, pedales de efectos y arreglos más sofisticados. En la base rítmica, Luis se convertía en un metrónomo de pegada salvaje en calculada sintonía con Mito, bajista y corista técnico e inquieto que salió enchufado desde el minuto uno.

En su setlist no hubo casi opción a regresar al pasado: “Wasteland” es su presente y sonó casi al completo (sus dos temas con más pegada, Grown Deaf With Silence” y “Wasteland”, abrieron y finiquitaron el repertorio, respectivamente), por lo que hubo poco espacio para temas clásicos, como “Similar”, “Six Strings Throat” o “The Tunnel”, que generaron momentos en los que se elevaba la complicidad con el respetable… Siendo sinceros, a la mayoría aún no le había dado tiempo a digerir su nuevo LP. Sin embargo, a pesar de su corto recorrido, la traslación al directo de “Wasteland” resultó grandiosa y sin fisuras. Holywater se encontraban cómodos en el escenario (ellos mismos eran los que más disfrutaban con el show), sensación que enganchó y se contagió al público. Ricardo lo ejemplificaba a la perfección, repartiendo sonrisas a asistentes y compañeros, moviéndose por el escenario como si estuviera en casa, emparejándose con el resto en las partes instrumentales… El recital estuvo repleto de gestos al más puro estilo ‘gran banda’: acoples con los amplificadores, guitarras al aire y sudor a raudales, sin que decayera la tensión a pesar de algún que otro pequeño problema técnico. Los lucenses derrocharon actitud y energía, incluso cuando decidían intercalar alguna balada, midiendo hábilmente los tiempos. Parcos en palabras pero gigantes en su discurso musical, lograron calentar la Sala Karma en una actuación caracterizada por su pegada emocional y su rock rabioso y épico que dejó al espectador agotado y sintiendo que no se les podía pedir más.

Una vez apagados los focos, los seguidores de Holywater no ocultaban su satisfacción tras haber recibido una buena descarga de electricidad, aunque alguna que otra voz confesaba que el directo se le había hecho corto y que había echado de menos las canciones más antiguas del grupo (nunca llueve a gusto de todos…). A pesar de ello, “Wasteland” es un paso adelante en el crecimiento de una banda de la que aún se desconoce dónde puede tener su límite y un golpe de autoridad encima de la mesa del gris panorama patrio que, sorprendentemente, aún no ha colocado al cuarteto de Lugo en el lugar que se merece. Esperemos que el año 2013 y “Wasteland” comiencen a darle a estos chicos todo lo que se les adeuda, que no es poco…

[FOTOS: David Ramírez]

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