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En los últimos tiempos, el gusto por la buena cocina se ha fusionado con la ilustración artística hasta el punto de que es necesario preguntarse: ¿estamos ante una nueva Gastronomía Ilustrada?

 

Hay una cosa en la que convendrá absolutamente todo el mundo: es infinitamente más difícil intentar reproducir una receta sin imágenes de apoyo que siguiendo ciertos pasos gráficos. Pero esto, como el contrato social, es una convención que merece ser cuestionada: ¿quién dijo que estas imágenes de apoyo en una receta tuvieran que ser fotografías? De hecho, si por algo se distingue esta nueva fiebre gastronómica que estamos viviendo en los últimos años es precisamente por el hecho de que, a través de vías diversas como el kawaii del rollo cupcake o la hipsteria del km. 0, las recetas gastronómicas son algo que han dejado de ser feudo de unos pocos privilegiados (fotógrafos profesionales, cocineros de alto copete, editores de libros especializados) para democratizarse de la forma más estilizada posible.

Evidentemente, como siempre que ocurre una democratización, de todo hay en la viña del Señor. Y, evidentemente, cuando la fiebre de Internet por las recetas amateur y no tan amateur aterrizó entre nosotros para quedarse, una evidente fractura separó a aquellos que, simple y llanamente, tienen mal gusto de los elegidos que son capaces de presentar sus creaciones de formas más apetitosas. Hablando en plata: ¿no te ha pasado alguna vez que has llegado hasta un blog buscando una receta en concreto y la foto directamente te ha quitado las ganas de cocinar para el resto de tu vida? Pues eso. Debería haber algún tipo de ley que enchironara a la gente cuyas fotografías parecen retratar todas vómito de gato, ya se trate lo fotografiado de tortilla de patatas o de alubias con chorizo. Pero como esa ley no existe, sigue siendo efectiva la Selección Natural. Es por eso que hay blogs que sobreviven y otros que, directamente, perecen para ser olvidados como lágrimas en la lluvia.

Pero, volviendo a la pregunta inicial de este artículo: a la hora de buscar la excelencia visual de tus recetas, ¿por qué quedarte en las fotografías cuando puedes buscar otras herramientas que le añadan un plus de hermosura? Y ahí es donde entra la Gastronomía Ilustrada, que no es la gastronomía de la época de la Ilustración (que también) sino más bien ese (ya no tan) nuevo delirio por presentar las recetas a través de las ilustraciones de algún artista. En el caso de las recetas ilustradas, al igual que en el de las fotografiadas, una inmensa brecha se abre entre los que hacen cuatro garabatos sin gracia y los que, por el contrario, encuentran su propia voz a la hora de ponerse con las manos en la masa (nunca mejor dicho).

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Pudiera parecer, sin embargo, que los que han acabado por triunfar en este campo ostentan todos un estilo gráfico similar: un gusto marcado por las acuarelas y los tonos pastel, un trazo suave, una representación preeminentemente caricaturesca de la figura humana contrapuesta al retrato realista (que no híper realista) de los alimentos… Y, aunque mola preguntarse cosas como ¿por qué no un blog de recetas ilustradas a lo Edward Gorey?, tampoco es difícil llegar a conclusiones claras al respecto de por qué ha acabado triunfando el mencionado estilo: el rollo kawaii y re-boniqui está pensado para agradar genéticamente a las principales consumidoras de este tipo de gastronomía ilustrada, que no son más que las malenis. Pero, al fin y al cabo, por muy maleni que seas y quieras que la cocinera ilustrada tenga los ojos gigantes con pupilas a lo manga, si te dibujan una coliflor expresionista a lo mejor lo confundes con un bote de espárragos y ya la hemos liado. Así que ahí lo tienes: la fórmula para triunfar en la gastronomía ilustrada totalmente diseccionada. Pero, ojo, porque como en todo en esta vida, a esta fórmula le falta el ingrediente X, que es el que lo aglutina todo y convierte una propuesta normalita en un puro killer. Eso es imposible aislarlo, escrutarlo y definirlo con palabras concretas.

Aun así, la intención de este artículo es tomarle el pulso al estado actual de la gastronomía ilustrada, por muy difícil que sea a día de hoy intentar domar a esta bestia que ha acabado por convertirse en un cancerbero con múltiples cabezas. Si crees que la gastronomía ilustrada se rescinde actualmente a poner cuatro dibujitos para ilustrar el proceso de creación de una receta, estás muy equivocado: hay ilustradores que se consagran al cien por cien a este arte, pero también hay webs que se dedican a buscar a ilustradores interesantes que no se dedican a la gastronomía pero a los que les piden una receta ilustrada. También hay ententes cordiales entre cocineros e ilustradores para crear libros o viñetistas de prensa que le han pillado el gusto a practicar la ilustración gastronómica sin perder su gusto por el humor. Todos ellos, sin embargo, tienen algo en común: son ilustres ilustradores de la Gastronomía Ilustrada.

 

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ILUSTRADORES Y COCINILLAS. El binomio pluscuamperfecto de la Gastronomía Ilustrada está bien claro: es el que nace cuando un ilustrador siente especial pasión por la cocina. O cuando un cocinero muestra una pericia natural con los pinceles. Tanto monta, monta tanto. Pero aquí, de nuevo, las probabilidades se multiplican exponencialmente hacia posibilidades infinitas: el cocinero / ilustrador puede optar por exponer su trabajo en Internet, que viene a ser el caldo de cultivo ideal para esta revolución ilustrada por lo que tiene de demócrata (y de trampolín por la cara para nuevos talentos), o esperar a tener el rédito suficiente para editar su propio libro o, como en uno de los casos más afamados de la Gastronomía Ilustrada, ocuparse de una receta mensual en una de las revistas básicas de la Food Revolution en la que nos encontramos inmersos.

 

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Emma Tissier. Cualquiera que haya comprado alguna vez la revista de Jamie Oliver sabe quién es Emma Tissier… Bueno, puede ser que no lo sepa, pero seguro que conoce al dedillo su trabajo, ya que Tissier es la encargada de realizar esa maravillosa receta ilustrada que suele cerrar cada número. Sus páginas suelen ser una lectura en forma de delicatessen: la artista sabe cómo dirigir tu mirada realizando un recorrido ordenado que no tiene por qué ceñirse al orden de lectura occidental pero que, al final, consigue ser aprehendido por quien lee. Y ni decir tiene que el estilo de Tissier se ha convertido en algo así como la piedra filosofal de todo aspirante a Gastrónomo Ilustrado. Imposible buscarle pegas al fenómeno de Emma Tissier: casos como el suyo son los de un éxito mucho más que merecido.
MÁS INFO: luciolland.canalblog.com

 

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The Vegan Stoner. La cultura vegana va irremediablemente ligada a cierto buenrollismo que, a su vez, casa a la perfección con la ilustración gastronómica… ¿Alguien lo dudaba? Sarah Conrique y Graham I. Haynes no lo dudaron nunca. Y de ahí que decidieran crear un blog en el que demostrar que la cocina vegana es algo que puede practicarse a partir de ingredientes para nada caros y sin necesidad de recetas complejísimas. Por el contrario, las recetas de The Vegan Stoner son tan sencillas que no necesitan ni ser ilustradas: Sarah y Graham solamente incluyen una foto del resultado final, un texto explicativo realmente expeditivo y, finalmente, ilustran los ingredientes. Pero es que, señores y señoras, ¡qué gozada de ilustraciones! El éxito de la la propuesta ha sido tal que los autores del blog han lanzado recientemente su propio libro: “The Vegan Stoner Cookbook“.
MÁS INFO:  theveganstoner.blogspot.com

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