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La verdad está ahí fuera… Y la noticia también: como todos debéis saber ya a estas alturas, Facebook acaba de comprar Whatsapp. Esto, la verdad, no tendría por qué ser nada traumático: también compraron Instagram hace un tiempo y la red social que ha convertido a los gatetes y las comida copiosas en must hyperos sigue prácticamente igual al momento en el que fue asimilada por el gigante comandado por Zuckeberg. Es probable que, al fin y al cabo, nada vaya a cambiar. Pero también es cierto que, como Davids del montón, nunca está de más desconfiar de cualquier gigante que pueda convertirse en nuestro Goliath personal. Es decir: que no da buena espina que Facebook, después de varias temporadas intentando convertir su chat en el estándar por excelencia, se haya hecho con un Whatsapp que, no nos olvidemos de esto, le va a proporcionar acceso directo a nuestro número de teléfono. Que sí, que los datos personales hace mucho que dejaron de ser personales en el mundo internetil. Pero para los que, como yo, todavía piensen que nunca está de más no desfallecer despreocupadamente en los brazos de estos gigantes, aquí van las tres alternativas básicas a Whatsapp.

 

skype3. SKYPE. La opción seria. Skype no es algo nuevo ni va a petarlo ahora a santo de nada: siempre ha sido la opción “seria” en lo que a chats respecta. Cuando todos sucumbimos a la certeza de que Messenger era un coñazo porque habíamos acumulado una cantidad mortal de gente con la que (básicamente) no queríamos hablar, surgieron diversas opciones… Para los más perros, de pronto resultaba que teníamos un chat integrado en Gmail que nos estaba dando la vida. Y, para los adictos al formato chat de toda la vida, Skype se asentó como la opción más solvente: un interfaz competente, compatibilidad absoluta con videollamadas, posibilidad de tener una buena agenda de contactos… Vamos, que Skype servía y sirve para todo: para negocios, para colegueo y para sexo cibernético, claro. Todas esas prestaciones fueron debidamente trasladadas a una aplicación que, en el entorno de un smartphone, revelaba una nueva prestación de lo más suculenta: ¡llamadas de voz y videollamadas gratuitas! Todo ello, además, aprovechando nuestra agenda de contactos si es que ya utilizábamos Skype en nuestro ordenador o creando una nueva a partir de los contactos de nuestro teléfono. En Skype no hay florituras ni mandangas ni rollito red social ni mamarrachismo: esta es una app que sirve para chatear o para hablar. Nada más. Y nada menos. A este respecto, hay que admitir que es imbatible.

 

line2. LINE. Si te gustan los stickers. Una cosa es que te hagan gracias los stickers, y otra muy diferente que seas un adicto a ellos. Reconozcámoslo: la gente adicta a los stickers es una tipología específica dentro de la raza humana. Son, de hecho, todos aquellos a los que va dirigido Line: un conjunto de personajes incapaces de verse abrumadas por la pesadilla que supone para el resto de los mortales introducirse en este mundo repleto de emoticonos y pegatinas y temas tuneables y mil y una opciones destinadas a convertir esta app en algo multicolor rozando el rollo epiléptico de Pokemon. Hay que reconocer, eso sí, que en estos cometidos ninguna otra aplicación es capaz de vencer a Line: fue la pionera en implementar unos stickers que después Facebook ha copiado bochornosamente, siempre ha dado mucha importancia a la posibilidad de que customices la aplicación hasta tenerla a tu gusto y, finalmente, dio el paso definitivo hacia el modelo red social al que está intentando sacar partido a toda costa. Hasta unos niveles incluso algo invasivos, la verdad: que marcas de diferente calado tengan sus canales de Line ya huele bastante mal. Pero volvemos al principio: los adictos a los stickers son una tipología de persona a los que esta vulnerabilidad de la intimidad nunca les importó un cojón de mico. Para el resto, Line is to much. Que cada uno se posicione donde le plazca.

 

telegram1. TELEGRAM. El heredero natural. Tras sopesar las anteriores dos propuestas, la pregunta surge de forma natural: si Skype es demasiado serio y Line es demasiado intrusivo, ¿qué nos queda? ¿No hay una opción media entre ambas opciones? Sí, existe. Y se llama Telegram. Si estos días ha habido un mensaje que ha corrido a través de Whatsapp, ese ha sido “Me paso a Telegram“. No es de extrañar: los interfaces son muy similares, las prestaciones son calcadas… La principal diferencia es que, cuando utilices Telegram, no vas a estar sintiendo la alargada sombra de Facebook mirándote desde el fondo de la app. Sea como sea, hay que reconocer que (más allá de los problemas que están teniendo los últimos días con el desembarco masivo de una cantidad indecente de nuevos usuario para los que no estaban preparados) el chat de Telegram funciona a una velocidad mucho más elevada que el de Whatsapp. El interfaz es limpio y elegante, con profusión de colores blancos y con las imágenes de los usuarios dentro de unas bolitas muy Mac (bueno, al menos en la versión para iPhone, que es de la que estamos hablando aquí). Puedes utilizar emoticonos, establecer chats de grupo y todo lo que ya podías hacer en Whatsapp, pero con un añadido: ¡chats secretos! ¿Qué significa esto? Que ya tenemos un equivalente a Snapchat pero en versión texto, ya que los chats secretos de Telegram se autodestruyen pasado un tiempo. Además, a diferencia de un Whatsapp que siempre tuvo problemas a lo hora de comunicar sus problemas de forma pública (cuando han tenido caídas en la conexión, han tardado mucho en reconocerlas públicamente y mucho más en solucionarlas), esta app rusa lleva varios días estableciendo una línea de comunicación muy buenrollista con sus nuevos usuarios, ya sea a través de su Twitter o a través de la misma app. Puede que Telegram se haya visto muy beneficiada por la desbandada de usuarios desde Whatsapp… Pero todo hace pensar que, si no hubiera ocurrido ahora, hubiera ocurrido más pronto que tarde.

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