Tras seis años de silencio, Fleet Foxes vuelven este año 2017 prometiendo tanta intensidad como la que desprende su temazo “Third of May / Ōdaigahara”.

 

¿Estamos a punto de ver cómo el folk se convierte en la música más avanzada del nuevo siglo? Al fin y al cabo, después de que el año pasado Bon Iver abriera una brecha en el continuo espacio / tiempo folkie, cualquier cosa es posible. Lo del último disco de Justin Vernon es una brecha imperfecta, sí, pero sumamente valiosa por lo que tiene de aperturismo hacia un mundo nuevo que está por llegar. Un mundo nuevo en el que, evidentemente, los próximos que tendrán algo que decir al respecto van a ser Fleet Foxes. Aunque eso signifique romper un silencio de seis años.

Por si no te habías enterado, los creadores del ya mítico “Helplessness Blues” (Sub Pop, 2011) han elegido este año 2017 para una vuelta al ruedo que se prevé intensita. Para empezar, su nuevo disco “Crack-Up” (Nonesuch, 2017) se publicará el próximo 16 de junio, e incluso tienen confirmado su paso por España en dos festivales agraciados: el Bilbao BBK Live 2017 y el Vida 2017. Pero la mayor intensidad llegará, si nos guiamos por el calibre del primer single de “Crack-Up“, por la vía de la música pura y dura. Porque, ojo, Fleet Foxes siempre han sido intensos… pero nunca a estos niveles.

Third of May / Ōdaigahara” hacer referencia desde su título a una fecha muy importante para la banda: un tres de mayo no sólo publicaron “Helplessness Blues“, sino que este es el día en el que Skyler Skjelset (la otra cabeza pensante de la banda junto a Robin Pecknold) celebra su cumpleaños. De hecho, la letra de esta canción trata precisamente de los altos y bajos en la relación entre Skjelset y Pecknold, dejándolo todo a la vista, sin edulcorar, a carne viva.

La canción arranca como cualquier otro tema de Fleet Foxes, pero pronto empieza a actuar como el agua de un vaso derramándose por estar demasiado lleno: empieza a derivar hacia lugares insospechados, huyendo del formato clásico de canción y explorando valles y montes de intensidad que acaban desembocando en una especie de campo de arpas pastorales puramente folkies. Vale, el folk y la psicodelia siempre fueron unidos. Pero es que esto no suena ni a una cosa ni a la otra… sino a algo completamente nuevo.

Más información en la web de Fleet Foxes.

 

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