edito

1. Me siento a esbozar unas ideas aquí y ahora cuando seguramente tendría que estar haciendo otras cosas, atendiendo asuntos discretamente más urgentes. Escribo esto entonces desde la libertad más absoluta. Pero, ¿es así? ¿Escribo esto desde la libertad más absoluta? No tanto, en realidad. En el fondo me siento internamente compelido a poner por escrito todo cuanto vais a leer. Me resulta necesario, como diría una folclórica cualquiera, sacar to lo que llevo dentro. Afronto así esta especie de testamento como una negación a pasar página.

2. El Sónar se ha terminado, por nombrar la realidad con las palabras más crudas posibles.

3. El Sónar se ha acabado y yo digo no. Me niego.

4. Creo (podría fallarme la memoria, no lo descarto, que servidor tiene treinta y seis años y no precisamente recién cumplidos) que este ha sido mi cuarto Sónar. Cuatro de veintiuno, pensaréis, vaya proporción tan nefasta. Tenéis razón, pero no os penséis que es tan fácil desterrar los prejuicios para el aficionado que desciende genealógicamente del pop más estricto.

5. Cuarto Sónar, como digo, y el primero en el que me he obligado a vivirlo de la forma más exhaustiva posible, en tanto en cuanto he tenido el placer y el orgullo de cubrirlo, junto con otros compañeros de redacción, para esta santa casa. Minimizando ratos de descanso, ayunando a pesar del miedo a la hipoglucemia. Work ethics lo primero, eso siempre.

6. Dejadme decirlo. Sónar 2014 será recordado, al menos por lo que a mí respecta, como el mejor Sónar de la historia. De mi historia, claro. Best festival ever y además esta vez es de verdad, no es un eslogan.

7. Si cambiamos un poco la cita (seguro que, a estas alturas, a Charles Bukowski no le importa), podemos estar de acuerdo en que la vida se nos escapa como caballos salvajes por las montañas. ¿Qué queda, entonces? Algunos recuerdos; cada vez menos nítidos y más aleatorios. Hay que asirse a ellos, amigos. Hay que sublimar la experiencia por encima del culto al objeto. No vaciles en cortar la pulsera que circunda tu muñeca. Destierra al objeto; quédate con el meollo del asunto.

8. Y ahí voy cuando hablo de best festival ever. En lo personal, y quiero pensar que para vosotros también, Sónar 2014 ha supuesto un boost masivo de recuerdos que deberían pervivir en la memoria de cada uno.

9. ¿De verdad será posible que olvide alguna vez la noche en que bailé, por supuesto on my own, el imparable “Dancing On My Own” de Robyn, una de esas canciones que se convierten en himno vital con el paso de los años?

10. ¿O la tarde en que Ben Frost me destrozó por dentro con la translación al directo de su bendita pesadilla llamada “A U R O R A”? ¿O cuando me abandoné sin importar el cómo, el dónde y el porqué, al endiablado 4×4 de ese mesías autoimpuesto llamado Gesaffelstein?

11. Y sigo. Lykke Li, que podrá ser todo lo fría y todo lo diva que se quiera, pero nadie escupió más verdades por minuto que ella, desde lo de “my wounded rhymes make silent cries tonight” a lo de “I think I’m a little bit in love with you, but only if you’re a little bit in love with me”. O Daniel Lopatin, que revocó todas las leyes pretéritas de la melodía para renovar un nuevo acuerdo entre música e imagen acompañando las proyecciones de Nate Boyce. O los Dengue Dengue Dengue, que se apropiaron de todas las definiciones posibles de “liarla pardísima” en un show que desprendió más carnalidad que Yulia Nova en bikini. O TOKiMONSTA, maravillosa, que hizo sudar incluso al cemento con un set absolutamente devastador. O Moderat, que abarrotaron el estrecho SonarLab y homenajearon involuntariamente a Sergio Dalma, puesto que ahí no había otra opción que no fuera bailar pegados, lo mismito que baila el mar con los delfines.

12. No cabrán tantos recuerdos en mi memoria en unos meses; quizás en unas semanas. Lo sé y tengo que empezar a asumirlo. Quiero pensar que también tardaré en olvidar el componente emocional ligado a las personas que puntualmente se han detenido a hacer esta travesía conmigo, en un Sónar que decidí hacer solo, completamente por mi cuenta. En realidad es difícil no sentirse acompañado en este festival, incluso aunque intentes buscar espontáneamente cierto grado de aislamiento. El goteo de rostros amigos y conocidos es constante en las conexiones entre escenarios e incluso no es infrecuente establecer ciertos vínculos con las personas random que se contorsionan a tu lado.

13. De acuerdo, reconozco que es la primera vez que un muchacho me grita “YOU SISSY MOTHERFUCKER, DANCE WITH MEEEEE!!”, sin ser yo nada de eso. Ese no es el vínculo afectivo al que me refería, pero también vale. Aquí todo vale. Youth knows no pain.

14. Sí, el Sónar LO TIENE, qué duda cabe.

15. Entended entonces el vacío, entended mi melancolía. Ese oasis interpuesto en la rutina de cada uno que ha supuesto el Sónar 2014 se ha desvanecido de golpe, sin tiempo de reacción, sin opción a guardar una última imagen en la memoria, sin saber qué canción era la que sonaba en los títulos de crédito.

16. Así, mientras Dios se nos ponía farruco iluminando estroboscópicamente el cielo con relámpagos que anunciaban la tormenta perfecta, Miguel, África y yo, inesperados compañeros de venturas y desventuras en nuestro particular off-Sónar, nos íbamos poco a poco convirtiendo en siluetas justo antes de desvanecernos definitivamente al abandonar el taxi bajo esa incómoda lluvia. Los cuerpos se quedaban en Gràcia, el Gòtic y el Fort Pienc, es cierto, pero el espíritu se había quedado aún escuchando a Brodinski.

17. Porque así fue, el Sónar 2014 será recordado como aquel que se cerró con un vendaval cayendo sobre Barcelona. Y no lo dudéis: el clima siempre es una metáfora.

18. Os veo, si Gesaffelstein quiere, el año que viene.

19. Es casi la una de la mañana. Yo tendría que estar viendo otra vez a Laurel Halo, como ayer. Cada día, como ayer, viendo a Laurel Halo. Y no aquí, en casa, frente a este ordenador. Raül, espero tu nihil obstat. Os debo un par de cervezas, además, a Estela y a ti. No me olvido. Un abrazo, señor director, querido amigo.

20. Oh, os preguntaréis que si he llegado a completar estos veinte poemas de amor, dónde está el loop desesperado. Muy fácil, es el que está sonando en vuestras cabezas.

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