La novena edición del Festival do Norte significó un pequeño paso más en su corta pero intensa historia. Manteniendo siempre como base los grupos y artistas nacionales, cada año fue añadiendo nombres internacionales que dieron un poco más de empaque al evento. Aún siguen en el recuerdo las actuaciones en el apartado patrio de Love Of Lesbian, Sexy Sadie o Sr. Chinarro, y en el foráneo las de Echo & The Bunnymen, The Divine Comedy o Broken Social Scene. No está nada mal para una cita que muchas veces se vio (y se ve) como un oasis en medio de ese desierto que es la falta de grandes reuniones musicales con periodicidad anual en el noroeste español. A ello hay que añadir que desde hace tres años lucha codo con codo con el ya gigantesco SOS 4.8 de Murcia al coincidir en las mismas fechas.

En sus dos jornadas de duración se reunieron aproximadamente 17.000 personas en el recinto ferial de Fexdega (el viernes 7.000 y el sábado 10.000); contando, lógicamente, que una gran parte disponía del abono completo. Una afluencia más que decente que permitió al mismo tiempo moverse con comodidad por los escenarios del festival y acceder a sus servicios (con los típicos problemas de estas citas relacionados con los baños y la zona de acampada), además de vivir situaciones peculiares como las de saludar a algún que otro cantante que se cruzaba en el camino o que se situaba en primera fila junto al público para ver una de las actuaciones. Por cierto, hay que dar gracias al volcán islandés de nombre impronunciable por haber dado una pequeña tregua esos días: su temido humo negro no provocó ninguna ausencia de última hora y el cartel se desarrolló al completo de cabo a rabo.

VIERNES 30 DE ABRIL
Escenario Caixanova.
La papeleta de dar el pistoletazo de salida al festival recayó en el ourensano Emilio José, que presentaba debut bajo su nombre (“Chorando Apréndese”; Foehn, 2009) tras su lejana etapa en Apeiron. Quizá fue por la hora tan temprana (18:00 horas), por la timidez de la gente en meterse en harina o porque su propuesta aún no se entendió del todo, pero al de Quins le salió la performance un tanto destartalada. Como la manera de interpretar sus composiciones, ya fueran en forma de rap, de balada o de ritmo tropical. Lo que nadie le negará es su esfuerzo por animar a las pocas almas que lo estaban viendo, empeño que le convirtió por momentos en un auténtico entertainer a la gallega. Genio y figura.

De un chico solitario, a una auténtica comuna musical: Hola A Todo El Mundo. Los madrileños siguen demostrando que son una rara avis en la música alternativa española, sobre todo por el estilo que practican: folk-pop-rock pastoral, psicodélico y buenrollista. Al público debió de gustarle la idea de vivir en 45 minutos un pequeño verano del amor, porque enseguida acompañaron las canciones con palmas y algarabía, a pesar de la larga duración de algunas de ellas. Al final quedó la sensación de que ya tenemos a nuestros particulares The Polyphonic Spree, Tilly And The Wall, I’m From Barcelona o The Magic Numbers… O todos ellos juntos en un solo grupo. ¿Demasiados ingredientes para cocinar un único plato?

Tras decirles adiós, el respetable ya estaba preparado para Klaus & Kinski. Se notaba que había expectación por escuchar a Marina, Álex y compañía, más si cabe tras comprobar que las virtudes mostradas en su estreno hace dos años seguían y crecían en “Tierra, Trágalos” (Jabalina, 2010). Efectivamente, la crudeza de “Ya Estaba Así Cuando Llegué”, el swing de “Carne De Bakunin” y el mensaje de “Mamá, No Quiero Ir Al Colegio” dieron en el clavo. Aunque algo fallaba: Marina estaba como atenazada, hasta nerviosa (salvo puntuales excepciones, como cuando contó que ahora se dedica a confeccionar cromos de fútbol…) por tocar por vez primera en Galicia. “Nunca Estás A La Altura” puso las cosas en su sitio, pero ya era tarde, se había acabado su tiempo. Pudieron haber ofrecido más, pero no hablaría exactamente de decepción: sigo pensando que deberían haber abierto el escenario grande y dispuesto de más minutos. Ellos se lo merecían.

Escenario Estrella Galicia. El honor de inaugurar el escenario principal correspondió a los vigueses Munich, devotos de Joy Division y del post-punk oscuro de la década de los ochenta y la actual. Sonaron bien y llamaron la atención, pero son demasiado fieles a sus referencias, por no decir idénticos. Así y todo, hay que marcarles de cerca. Los que salieron de las penumbras y empezaron a iluminar la noche fueron Dorian. Habituales visitantes de las tierras gallegas, aplicaron más mordiente a su repertorio, centrado en su último trabajo, “La Ciudad Subterránea” (PIAS Spain, 2009). El trío “Simulacro De Emergencia”, “Verte Amanecer” y “Paraísos Artificiales” colocó en el cielo a sus fans. Y su clásico “Cualquier Otra Parte” los acabó de extasiar, a pesar de su exceso de azúcar.

Los barceloneses allanaron el terreno para dar entrada al primer grupo extranjero de esta edición: los londinenses Fanfarlo, que con mucha clase y elegancia desplegaron los pepinazos (“These Walls Are Coming Down”, “Luna” o “Ghosts”) de su aclamado “Reservoir” (Atlantic, 2009) en medio de un mar de trompetas y violines. También tuvieron la gentileza de interpretar un tema nuevo, “Waiting In The Wings”, que anticipó buenas sensaciones con respecto a cómo puede ser su segundo disco. Con ellos cayeron las primeras gotas de lluvia sobre Fexdega (ya lo decía Simon Balthazar: “the sky is so shallow, the sky is so shallow…”).

Parecía que se iba a convertir en una noche pasada por agua, pero Nada Surf salieron dispuestos a evitarlo con su power-pop brillante y enérgico. Y lo consiguieron, tirando de profesionalidad y recurriendo a viejos temas (“Inside Of Love”, “Hi-Speed Soul” o “Always Love”) y a los más recientes (“Love Goes On”, “Electrocution”, “Enjoy The Silence” o “Evolución”) de su álbum de versiones “If I Had A Hi-Fi” (Mardev Records, 2010). Dos detalles a destacar: la intervención de Martin Wenk (miembro de Calexico) a los teclados, trompeta y segunda guitarra eléctrica; y los problemas con el sonido de su instrumento del bajista Dani Lorca, cuya desesperación rayó el surrealismo.

Algo parecido a lo que se les debió de pasar por la cabeza a We Are Standard, sobre todo a su líder, Deu Txakartegi, al que no le hacía demasiada gracia tener que finalizar la jornada musical. Bastante pasado de vueltas, volvió a sacar su típica e impostada actitud chulesca ante la audiencia, aunque sin ninguna razón, porque la respuesta de los miembros de su banda se quedó a medio gas y no demostró que en directo suelen ser efectivos y efectistas. Esta vez, sólo lo primero… y por los pelos.

SÁDADO 1 DE MAYO
Escenario Caixanova.
Se mascaba en el ambiente que el sábado se convertiría en el gran día del certamen. Los ferrolanos Carrero Bianco lo intuyeron y aprovecharon que el interior de la carpa del segundo escenario se estaba caldeando para darlo todo con su electropop ochentero neworderiano. Sus apasionados acólitos se lo agradecieron a grito pelado. Para cuando Los Punsetes ya estaban preparados para subirse a las tablas, el aforo rozaba el lleno. Los madrileños cada vez suscitan mayor interés, y era evidente que nadie se quería perder su show. Y eso que la actitud silenciosa y estática del grupo no invita a la empatía con el público. El mejor ejemplo: Ariadna, en su pose habitual, tiesa como una vara ante el micrófono y prácticamente sin pestañear (lo que no impidió que cantase mejor de lo esperado). Su clásico básico “Maricas”, junto a “Dinero”, “De Moda” y “Tus Amigos” (¿el himno no oficial del festival?) cayeron como bombazos electrificados sobre los presentes. La estatua Ariadna sólo se movió al final, para soltar un celebrado “¡graciñas, boas tardes!”.

Todo lo contrario en cuanto a conexión con la audiencia fue Ana Fernández-Villaverde, La Bien Querida. Incluso antes de que empezase a cantar ya tenía a casi todo el mundo rendido a sus pies, sobre todo a la facción femenina. Con su cara de niña tímida que se sonrojaba por todos los piropos que le soltaban, desgranó lo mejor de su “Romancero” (Elefant, 2009), cuidando la delicadeza o elevando la potencia de su repertorio cuando era necesario. De ahí que “Corpus Christi”, “9.6” (sin su base dance-pop) y “De Momento Abril” (con un final flamenco-noise tremendo) sonasen arrebatadoras. Como la misma Ana, que ya se había convertido en la triunfadora de la edición 2010 del Festival do Norte por derecho propio… Y todavía le faltaba hacer acto de presencia con Los Planetas por la noche.

Escenario Estrella Galicia. Ya les hubiese gustado a los madrileños Nudozurdo alcanzar un triunfo similar. Pero esa mañana debieron de levantarse con el pie izquierdo, ya que su segunda guitarra no se oía por ninguna parte, lo que lastró una actuación que se quedó en unos escasos veinte minutos. La cara de su cantante, Leo Mateos, era todo un poema. No se sabe muy bien si fue por el desconcierto ante lo visto (y no oído), pero el recibimiento a los británicos Pete & The Pirates fue un tanto frío. O es que pocos se acordaban de las andanzas de los de Reading tras su lejano estreno, “Little Death” (Stolen Recordings, 2008). Al menos ese reducido grupúsculo no se había olvidado de sus dos minihits: “Mr. Understanding” y “Come On Feet”, que cumplieron con su función de provocar más de un brinco eufórico.

Y siguiendo con el frío (la noche no era precisamente calurosa), les tocaba el turno a los suecos jj. El enigma y el misterio en torno a Elin y Joakim se mantuvieron sobre las tablas: ella cantaba maravillosamente (con o sin guitarra), como si flotase en una galaxia lejana; él, manejaba su Mac portátil y agarraba también la guitarra de vez en cuando… hasta que entró en trance y dejó a su compañera sola ante el peligro. Ante tanta extrañeza, la gente no pasó de ver el espectáculo como una especie de karaoke computerizado, eso sí, muy bien realizado. Pero Elin fue mucha Elin, y resolvió con elegancia “Into The Light”, “Let Go”, “No Escapin’ This” o “From Africa To Malaga” (incluso se atrevió a hacer una breve versión acústica de “Lithium” de Nirvana). Aunque se le notaba que no estaba por la labor de estirar demasiado el directo y lo finiquitó un poco antes de lo previsto.

Por eso la espera hasta la aparición de Los Planetas se hizo eterna para su legión de seguidores. Dos frases escuchadas entre la multitud definían a partes iguales la incertidumbre y las expectativas del momento: “Al principio sacarán la mierda de ahora y dejarán los clásicos para el final”; “Tocan basura flamenca, pero Los Planetas son Los Planetas”. Palabras que son el pan nuestro de cada día para los granadinos desde que se instalaron en la cima gracias a “La Leyenda Del Espacio” (RCA / Sony BMG, 2007). Y con “Una Ópera Egipcia” (Octubre / Sony, 2010) no iba a ser menos. Como diría aquél: “sabías a lo que venías”. Una frase muy de J que serviría para describir las intenciones del grupo en Vilagarcía: pasarse por sus pelotas flamencas los deseos de sus fans más acérrimos y desplegar su pop, rock y psicodelia de tintes jondos. El inicio fue clavado al de su último disco (con la instrumental “La Llave De Oro” y “Una Corona De Estrellas”), del que presentaron una buena parte (destacaron el dueto de J con La Bien Querida en “No Sé Cómo Te Atreves” y el viaje lisérgico de “Señora De Las Alturas”). Tampoco se olvidaron de la mecha legendaria que inició esta explosión neotradicional hace tres años: “Entre Las Flores Del Campo”, “Reunión En La Cumbre” o la genial “Alegrías Del Incendio”. Y para los más escépticos ante la nueva etapa planetaria, la banda hizo alguna concesión al desempolvar todo un clasicazo como “Rey Sombra” (algunos de los allí presentes ni habían nacido cuando se publicó esa canción) y otras joyas archiconocidas (“Segundo Premio”, “Santos Que Yo Te Pinté”, “El Artista Madridista” y la final “Pesadilla En El Parque De Atracciones”). Digan lo que digan los murmullos de verdulera, lejos quedan los tiempos en que Los Planetas eran toda una incógnita en directo o sólo se dedicaban a reproducir sus greatest hits. Además, le debían una al Festival do Norte tras la espantada del año pasado, y no se amilanaron ante la exigencia de la situación.

Para rematar la faena, Pablo Díaz-Reixa, El Guincho, lo tenía todo de su mano para dejar muy arriba el listón: fama global y un buen (aunque ya lejano) disco, “Alegranza” (Discoteca Océano / Junk, 2007). Pero entre que el público ya se dirigía a la carpa dance (algo más que habitual en los festivales los últimos años…) y el tembleque por el frío era cada vez más evidente, la mezcolanza afrotropicalista quedó deslucida. Él luchó contra los elementos y lo dio todo, hasta que su maquinita de percusión electrónica dejó de funcionar, literalmente. Menos mal que fue justo en el último minuto.

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