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Mucho hemos hablado este verano de terrazas de hoteles… De un tiempo a esta parte, parece que es en lo más alto de estos edificios majestuosos donde se ha concentrado la vida social de las ciudades en general y de Barcelona en particular. Será porque allá corre una brisa fresca impagable cuando aprieta el calor o será, más bien, porque en las terrazas de los hoteles hemos encontrado el paraíso del urbanita preeminentemente social: lugares de apariencia confortable y agradable, servicio impecable y unas cartas de bebidas y comida pensadas para deleitar a los paladares más internacionales. No hay sombra de la duda en este caso: hace unos años, el verano era de las bicicletas, pero ahora es de las terrazas de los hoteles. Ahora bien, no todos los hoteles han sabido convencer a los espíritus locales, que al fin y al cabo son los que tienen que visitarlas de forma recurrente. Pero si hay uno que lo ha hecho, ese es por encima de todos el Mandarin Oriental Barcelona.

¿Quién no ha soñado alguna vez con una estancia de película al pasar por delante de este hotel situado en los números 38-40 de Passeig de Gràcia? El suntuoso edificio art decó no sólo apremia a la fantasía desenfrenada y a la ensoñación más dulce, sino que también invita a pasar y a disfrutar de los espacios que ofrece abiertos al público, ya sea el imprescindible spa, el selecto Jardín Mimosa o el que nos ocupa: El Terrat. Situado en lo más alto del edificio del Mandarin Oriental, esta terraza lo tiene todo para convertirse en un punto imprescindible de la vida social barcelonesa: tan sólo acceder al espacio, sorprenden las vistas sublimes que muestran la Ciudad Condal en unos 360º de aire fresco, cielos azules (de día) y luces urbanas (de noche). Aquí priman los materiales destinados a resultar acogedores: el suelo de madera opaca, las sillas y las tumbonas de mimbre, los separadores de espacios que recuerdan a un bambú para nada asilvestrado… Y, sobre todo, una enorme piscina que sirve para reflejar el cielo y reconfortar a los visitantes, además de puntear el horizonte de un espacio en el que no hay grandes muros: todo está pensado para que sientas la placentera sensación de estar flotando por encima de Barcelona. Impagable.

 

 

Pero lo importante es: ¿qué hacer cuando estás sentado en uno de los preciosos sillones de respaldo de mimbre de El Terrat en la mejor de las compañías (esta, por cierto, la tienes que poner tú)? El Mandarin Oriental pone a disposición de sus visitantes una carta de bebidas y comida en la que lo que más destaca es la sensación de frescor que todos buscamos en verano e incluso a principios de otoño. Entre las bebidas destacan los zumos y los cócteles que van más allá de lo habitual en otros espacios similares: la carta de combinados es extensa y, sobre todo, aficionada a experimentar para sorprender el paladar de los más atrevidos. Y, en cuanto a la comida, la propuesta de El Terrat está repleta de selectas sugerencias Nikkei donde priman las refrescantes ensaladas y las recetas tradicionales que proporcionen bocados gorumet que llegan desde diferentes puntos del globo, tal y como Lima o Tokio. Es imprescindible probar dos de los platos estrella de la carta: el ceviche de pescado blanco con lima y cilantro y el tiradito de dorada con miso, lima y mostaza. Pero eso no implica que puedas permitirte el lujo de dejar escapar otras exquisiteces como el Menú Sushi, que incluye una variedad suculenta de makis, niguiris, temakis y tekka makis.

Si no has pisado El Terrat del Mandarin Oriental este verano, debes sentirte algo derrotado como ente social: te has perdido uno de los musts de la ciudad en el estío del 2013. Pero no desesperes, porque el hotel mantendrá abierta su terraza hasta mediados de octubre en un horario que va desde las 13 a las 20 horas (con posibilidad de alargar la hora de cierre si el tiempo y el ambiente acompañan). Aunque sea sólo por las vistas y por lo magnánimo de vivir esta experiencia, El Terrat debería ser visita obligada para todo aquel que viva en Barcelona. Pero, ojo, porque si sólo vas a disfrutar de las vistas, al final puede que su carta de bebidas y comida te acabe por enganchado a este espacio… Provoca adicción.

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