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Dejemos clara una cosa antes de nada: en los seis capítulos que componen la primera temporada de “Rectify” no pasa absolutamente NADA. Repetimos: nada. Nada de nada. Aclarémoslo para que quien quiera deje de leer aquí de la misma forma que la serie lo aclara en su modélico piloto para que quien quiera deje de seguirla en ese mismo momento. No se trata de pose, ojo, ni de regodearse en la contemplación porque sí o en el “qué indies somos porque metemos una de Bon Iver“: es una opción estilística y narrativa como otra cualquiera que además resulta ser la más adecuada para contarnos lo que nos quiere contar. Lo que se agradece es que la serie no nos engañe ni en ese comienzo que aprovecha para enseñar sus cartas ni tampoco en su desarrollo posterior. No es, para entendernos, de esas series irritantemente tramposas (hola, “The Killing“) donde no pasa nada durante 44 minutos hasta que en los últimos instantes se produce una revelación sorprendente que luego se queda en nada y vuelta a empezar. Para bien o para mal, esto es lo que hay. Para bien, vamos, para muy bien.

La acción (es un decir) de “Rectify” comienza cuando Daniel Holden, un preso que lleva 19 años en el corredor de la muerte, sale de la cárcel después de que unas nuevas pruebas de ADN cuestionen la sentencia que lo condenó por la violación y asesinato de una joven del pequeño pueblo donde vive. Lejos de centrarse en el drama judicial, la serie prefiere dejar la trama de la culpabilidad o no de Daniel en un segundo plano (un jugoso e interesante segundo plano, eso sí) y apuesta por analizar la doble adaptación que esta nueva situación trae consigo: la suya a un mundo que es muy diferente al que dejó atrás cuando entró en prisión y la de su familia (nuevos miembros incluidos) a su propia presencia, todo ello en el hostil territorio de una pequeña población donde todos se conocen y casi todos hace tiempo ya que emitieron su particular veredicto.

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Capturar ese ambiente es precisamente una de las (muchas) cosas que hace bien “Rectify“: captar ese ambiente provinciano, aparentemente apacible, acogedor y lleno de luz, pero a la postre lleno de tristeza, de melancolía, de opresión y, finalmente, de violencia. Esta es la primera serie íntegramente producida por el canal de televisión del Festival de Sundance, y la verdad es que no podría ser una mejor carta de presentación para el estilo que parece buscar la cadena: efectivamente, uno la ve y piensa en los grandes títulos del cine independiente (¿aún tiene sentido este término?) norteamericano de los últimos años, sea una “Monster’s Ball” (Marc Forster, 2001), una “En la Habitación” (Todd Field, 2002) o, por poner un ejemplo más reciente, una “Martha Marcy May Marlene” (Sean Durkin, 2011), todos ellos relatos poliédricos de una América profunda con trasfondo turbio, muy turbio.

Rectify” entra por los ojos, con esa magnífica fotografía que es un puro estado de ánimo (esa luz cegadora) o con su muy elegante realización, pero te acaba enganchando (porque ésa es otra de sus virtudes: sorprendemente, engancha) por su conjunto, por su evolución coherente, la sugerente introspección en los personajes (qué intrigante es la relación con esa hermana, qué bien explicado está su vínculo con su compañero de celda en apenas un par de flashbacks) o el interesante desarrollo de los temas. No se detiene, por ejemplo, a detallarnos todas las cosas del mundo moderno que Daniel desconoce, pero esas partidas que le vemos echar al “Sonic” nos pintan un retrato perfecto de su estado mental. No es necesario explicar cuánta nueva música no conoce, pero verlo escuchar Cracker o Mazzy Star sirve además para construir poderosísimas escenas con un montaje ejemplar.

Habrá que decir, para que nadie me acuse de benevolencia excesiva, que tiene algunas debilidades, como ese final de temporada con poca sensación de conclusión que deja la impresión de mero corte, o algún personaje perfilado sólo a medias (pienso sobre todo en el hermanastro y esa peligrosa tendencia a pintarlo como “el malo” en una serie tan llena de grises). Son, en todo caso, detalles menores: que no os quepa duda de que “Rectify” es de lo más interesante de la temporada. Si habéis sobrevivido hasta este quinto párrafo sin salir corriendo, deberíais verla de cabeza.

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