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Incluso en un año tan bueno televisivamente hablando como este 2013, donde hemos visto series nuevas tan magníficas como esa “Masters of Sex” que está redondeando una temporada modélica y series veteranas como “The Good Wife” que están dando lecciones de todo y mostrando un estado de forma simplemente insultante cuando llevan nada menos que cinco años en antena, la avalancha de estrenos de network del otoño siempre provoca una pereza considerable. Porque vienen todas de golpe (hasta tal punto que a uno se le hace imposible asimilar tanta información), porque sabemos que la mayoría serán basura y porque las cosas funcionan de tal modo que, incluso aunque alguna sea mala pero nos enganche, muy pocas sobrevivirán a la quema e irán cayendo canceladas como moscas a las pocas semanas. Eso, en lo que respecta a los dramas, porque si hablamos de comedias, donde hemos tenido muy, muy pocas alegrías en estos últimos años (la tan cacareada “nueva edad de oro de las series” siempre tendrá esta espinita clavada), la cosa está mucho peor. Este año incluso se ha estrenado una cosa de David E. Kelley con Robin Williams y Sarah Michelle Gellar. No me digáis que no es para buscar un refugio antiatómico y vivir de conservas en escabeche en espera de lo inevitable.

En fin, que lo más cómodo es sentarse y esperar. Ver caer las sitcoms una tras otra e ir leyendo comentarios aquí y allá hasta que uno note que alguna despunte y reúna una cantidad suficiente de comentarios positivos como para que merezca la pena echarle un vistazo. La superviviente de mi criba de este año ha sido “Brooklyn Nine-Nine“, una de las apuestas de Fox para esta nueva temporada que cuenta en clave de sitcom (formato single camera, por si alguien se lo está preguntando: afortunadamente, nos ahorramos las risas enlatadas) las chorradas que ocurren en una comisaría de Nueva York repleta de tarados. “Loca Academia de Policía” en formato “The Office“, para entendernos.

Bien, quizá lo primero que haya que aclarar es que “Brooklyn Nine-Nine” es una sitcom muy de toda la vida, con sus créditos en los que los protagonistas aparecen poniendo caras chistosas, su grupo de amigos de personalidades contrapuestas pero que en el fondo se adoran, su especial de Acción de Gracias y toda la pesca. Lo aclaro porque, de la misma forma que parece que ahora todos los dramas deben tener una trama muy oscura y muy solemne poblada de antihéroes torturados, parece que hay una tendencia a exigir a las comedias que sean muy transgresoras, muy cínicas y con muy mala hostia. Y sí, cuando es así y la cosa funciona (un minuto de silencio por la grandiosa “Don’t Trust the B- in Apartment 23“), es fantástico, pero una cosa muy blanca y muy clásica todavía puede funcionar a la perfección. Sólo hace falta que tenga gracia.

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¿Y tiene gracia “Brooklyn Nine-Nine“? Pues, hombre, se puede decir que sí. El diccionario de la Real Academia de las Series especifica que todos los pilotos de comedia suelen ser espantosos (haced la prueba, recordad el de una de vuestras favoritas) y en este no cuesta al menos sonreír en más de una ocasión. A partir de ahí, reconozco que los diez capítulos emitidos hasta ahora me han arrancado incluso alguna carcajada; también, claro, algunos silencios tensos. Lo cierto es que la proporción chistes buenos contra chistes malos suele andar a la par, el resultado final suele decidirse en los últimos segundos del capítulo y el resultado no siempre es positivo. Sí, ha habido episodios flojos, pero también varios con un ritmo brutal y más de una línea incluso brillante. Suficiente para mantener la esperanza y darle el margen necesario para que logre lo más complicado para una comedia: encontrar el tono, eso que tantísimo le costó a “Community” o a “Cougar Town“, y fijaos hasta dónde lograron llegar.

A la búsqueda de ese tono, y siempre dentro de ese marco convencional y casi familiar, “Brooklyn Nine Nine” ha ido llamando a varias puertas, ha intentado llegar la comedia por distintos lados: los diálogos chispeantes a toda velocidad, el absurdo más absoluto, la idea simpática en plan happy place de amigos (ya sabéis: where everybody knows your name)… Ha probado muchas cosas, le han salido algunas, ha fallado en otras tantas y es todavía una serie que no sabe qué quiere ser de mayor. De momento, ha cumplido como entretenimiento digno, como complemento ideal para hacer más llevadero un viaje en tren o rellenar tiempos muertos. Ha mostrado, en definitiva, potencial. Nos ha caído simpática. Ahora falta por ver si se rendirá al nivel de la mediocridad absoluta de un “Big Bang Theory” o, haciendo de su falta de pretensiones su punto fuerte, conseguirá construir algo realmente interesante. Ojalá que le vaya bien: no andamos sobrados de buenas comedias como para dejar pasar una que ya lleva algo de camino recorrido.

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