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Algora va a explorar su cara más electrónica en su nuevo proyecto La Evolución del Hombre al Pájaro, del que ya se pueden escuchar los dos temazos de su single “II”.

 

Somos muchos los que a menudo nos preguntamos cómo pudo torcerse tanto lo de Fangoria. Me explico: en sus inicios, Alaska y Nacho Canut se erigieron como faro guía en nuestro país para una generación de technopop ilustre e ilustrado, tan emocional como inteligente. Pero pronto todo aquello quedó atrás y se priorizó lo que tenía que priorizarse: el negocio. Esto no es ningún tipo de crítica: los artistas están aquí para hacer pasta, no para convertirse en héroes de culto muertos de hambre. Sea como sea, si digo todo esto es porque con los dos temas incluidos en “II” (El Genio Equivocado, 2014) me han hecho recuperar la emoción inocente de aquellos primeros tiempos de Fangoria.

Diciéndolo de otra forma: La Evolución del Hombre al Pájaro ha hecho que la esperanza en que el electropop puede ser elocuente a la vez que se te instala en la base del estómago, te provoca miles de emociones encontradas y, sobre todo, te invita a bailar para olvidar sin olvidar, sino todo lo contrario. Pero vamos por partes: ¿quién está detrás de La Evolución del Hombre Pájaro? Ni más ni menos que Víctor Algora, quien bajo el nombre de Algora ha facturado alguno de los discos de pop más impecables de los últimos años en nuestro país. La Evolución del Hombre Pájaro es, entonces, un nuevo proyecto en el que ir vertiendo todas esas composiciones más electrónicas que no acaban de encajar con Algora.

En marzo ya pudimos escuchar un adelanto de este proyecto bajo el título de “I” (El Genio Equivocado, 2014), pero es que en las dos canciones incluidas en este “II” hay un salto cualitativo que va a dejar muchos culos torcidos por ahí: “Te Odio” habla de sadomsoquismo emocional con una base que bien podría salir de cualquier disco de The Presets, mientras que “Complejo de Holograma” suena tal y como sonaría Carlos Berlanga si estuviera vivo y componiendo en este siglo 21. Dos temazos que hacen desear que La Evolución del Hombre al Pájaro se haga inmenso en tres, dos, uno… A la vez que obliga a poner velitas para que no se haga gigantesco y acabe vendiendo su alma al diablo de la comercialidad (que no de lo comercial).

 

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