La semana pasada se puso a la venta la que será la última colección de Kate Moss para Topshop, lo que ha alegrado y entristecido por partes iguales. Desde que sacara su primera colección para la marca (hace ya unas larguísimas catorce temporadas) la polémica siempre ha rodeado a esta colaboración por el hecho de que la modelo se pasara al diseño, a lo que luego se le sumó el rumor de que ella no diseñaba la colección, sino que se limitaba a copiar las prendas favoritas de su armario. Llámalo copiar, adaptar o inspirarse, pero el caso es que a mí tampoco me parece tan mal… ¿Acaso no es lo que hacen todas las marcas low cost? Sí que es verdad que las prendas se venden a un precio superior al del resto de prendas de la cadena. Puedo entender que por este motivo algunos puedan creer que sea injusto el hecho de pagar un precio tan elevado por una mera copia, algo que me parece totalmente razonable por lo que animo a esa gente a no comprar dichas prendas. Pero tampoco hemos de ser ilusos: todos sabemos que si fue contratada fue por imagen y nadie esperaba que en realidad se descubriera a la gran diseñadora que llevaba dormida dentro de ella. Además, podrán ser copias, pero al menos son copias de alguien con gusto y con criterio.

Personalmente, creo que la Moss ha hecho lo que ha podido y con un resultado bastante bueno. Por otro lado, también opino que siempre se ha mantenido muy fiel al mismo estilo (su propio estilo), aunque en ese momento no fuera la tendencia; hecho que de alguna manera ha tenido que beneficiar a ese colectivo rockero decadente del que la modernidad está plagada. Así que tampoco fue una mala apuesta por parte de Topshop ni le ha ido tan mal a los modernos que tanto se quejan, aunque algunos de estos se hayan visto obligados a esperar a las rebajas para comprar las prendas.

Esta última colección contiene más de cien prendas de las cuales diez son reediciones de las más vendidas durante las catorce temporadas que ha durado la colaboración. Entre estas prendas icónicas podrás encontrar la famosa chaqueta de flecos o el estupendo vestido de la pantera (que en su día, en 2008, se agotó en quince minutos y que esta vez se ha agotado a las pocas horas de ponerse a la venta). También encontramos una serie de prendas de edición limitada de las cuales tan solo existen cincuenta piezas de cada modelo, de las que cabe destacar tanto los vestidos largos de noche como las elaboradas chaquetas o el collar de plumas reales. El resto de la colección incluye vestidos, faldas, playsuits, tops, shorts, chaquetas, lencería y joyería; todo siguiendo el personal estilo rockero de la modelo.

Ya para terminar, calmar a todos los amantes de sus colecciones: no desesperéis, pues desde la marca han comunicado que no es un fin definitivo, sino que irán introduciendo alguna que otra colección cápsula de la fashion icon por antonomasia. El único “pero” es que no se darán con la misma frecuencia.

[M. Àngels Jover]

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