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¿Hay vida en DFA Records tras la disolución de LCD Soundsystem? Claro que la hay. Y mucha… Indudablemente, la separación del grupo encabezado por James Murphy supuso un fuerte golpe no sólo para sus seguidores, sino también para el sello creado por él mismo, Tim Goldsworthy y Jonathan Galkin. Pero, como se suele decir en el mundillo deportivo, el equipo está por encima del individuo. En este caso, la discográfica neoyorquina estaba por encima de la banda, con lo que no había riesgo de que sufriera las consecuencias de la pérdida de su valor más importante. Su nutrido roster artístico, un auténtico conglomerado de nombres caracterizados por su riesgo y su óptica vanguardista, le ha permitido conservar su condición de casa de referencia dentro de un diversificado universo en el que el rock, el pop, el funk y el post-punk se funden naturalmente con la electrónica (de baile o no). Y uno de los grupos que durante los últimos años ha comenzado a sacar sin temor su cabecita hasta convertirse en una de las revelaciones de la familia DFA ha sido precisamente Factory Floor.

Su trayectoria, sin embargo, no ha avanzado a la fulgurante velocidad de otros coetáneos ya prácticamente olvidados. Fundados en 2005 en Londres, no fue hasta 2011 cuando entraron en contacto con DFA -tras haber editado varios singles y EPs y un buen puñado de remixes en otros diferentes sellos, además de haber contado con la colaboración de Stephen Morris, insigne batería de New Order y Joy Division– y empezaron a escribir su pequeña gran historia gracias a su sencillo “Two Different Ways”, un tema estructurado sobre una base maquinal que progresaba según el compás de ritmos repetitivos y regados por fluidos ácidos. Esta era una canción que condensaba en sus más de ocho minutos lo mejor de los sonidos industriales paridos a principios de los 80 para reciclarlos en lo que se denominó estilo post-industrial… Otra etiqueta que no dejaba de ser un intento de establecer las difusas coordenadas sobre las que se movían Factory Floor, que tanto podían picar del rock experimental o del techno hipnótico como del noise minimalista o del house deconstruído.

Por todo ello, y también por el halo de misterio que rodeaba al trío -formado por Nik Colk Void, Gabe Gurnsey y Dominic Butler-, Factory Floor despertaron la atención suficiente como para seguirles la pista muy de cerca -de ahí que les hiciéramos rápidamente un hueco en nuestra sección WhatsHype!?-, pero a medio plazo no aparecería ninguna nueva huella que rastrear: habría que conformarse con revisar su obra precedente… Posteriormente, se confirmaría que los londinenses se iban a tomar sus asuntos con inusitada calma, a razón de un single por año, más o menos. “Fall Back”, el sucesor de “Two Different Ways”, se publicaría en los albores del presente año para mostrar otra vez, en versión más acelerada, su estética sonora ascendente e insertada en espirales de loops mareantes muy adecuados para musicar aquelarres colectivos en pistas de baile plagadas de luces estroboscópicas. Pero este segundo single publicado por DFA no servía, en teoría, para adelantar la salida de su esperado álbum de debut, del que se desconocía todavía su futura existencia… ¿Realmente llegaría a ver la luz algún día?

Sí, efectivamente, el LP ha visto la luz. Por fin. Bajo el homónimo título de Factory Floor (DFA, 2013), el grupo londinense -que se encargó de su producción y grabación en su propio estudio construido en un almacén, aunque bien podría haber sido en una antigua fábrica o nave abandonada…- enfrasca sus esencias electrónicas fundamentadas en el protagonismo de la percusión sintética, las cajas de ritmos programadas, los beats metronómicos, los arreglos entre oscuros y destellantes de aspecto analógico y la voz (manipulada y deformada) de una ultra-enigmática Nik Colk Void. Eso sí, si descontamos los dos sencillos (ligeramente retocados) ya comentados anteriormente más tres interludios que funcionan como colchones para amortiguar la reiteración sónica sobre la que gira el repertorio, este disco ofrece un total de cinco temas inéditos. Una cantidad que no se hace corta por el esplendor de cada una de esas piezas: “Turn It Up” apela a la disco music para embadurnarla de betún ochentero y brillantina cegadora siguiendo la estela de The Juan Maclean; “Here Again” y “Work Out” calcan dicha plantilla, aunque dan un paso atrás hacia finales de los 70 para alcanzar ese planeta sonoro ilocalizable del que salen de vez en cuando YACHT; “How You Say” endurece el discurso dance-funk de Holy Ghost!; y “Breathe In” resume todo lo expuesto en un atmosférico tributo a las influencias clásicas y contemporáneas de la banda.

“Factory Floor” viene a ser, así, un catálogo de canciones matrioska que van destapando, a medida que se desarrollan, todas sus virtudes hasta llegar a su núcleo, en el que el ritmo se impone a la melodía (¿existe en este disco?). Esta es, justamente, la gran baza de Factory Floor, que tienen en su mano hacer evolucionar los postulados del dance más audaz y renovador según las flexibles normas de la casa DFA. En las oficinas de la discográfica pueden respirar tranquilos ante el rutilante presente y el esperanzador futuro del electro-grupo londinense más neoyorquino de la actualidad.

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