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Está claro que incluir a Britney Spears en el título de una novela como la última de Jean Rolin sólo puede ser un acto de terrorismo y de provocación. Porque, evidentemente, la sola mención de la diva popera por excelencia hará que mucho descastado piense que lo que tiene entre sus manos es un abordaje riguroso (o, cuando menos, respetuoso) de su ídola. Algunos despistados (justificados), sin embargo, pueden pensar más bien que es esta la enésima muestra de literatura pop que viene trufando el panorama contemporáneo de referencias subculturales y musicales… Pero tampoco. “El Rapto de Britney Spears” (publicada en nuestros país por Libros del Asteroide) no es ni una cosa ni otra, sino que más bien resulta ser el regreso de Jean Rolin después de quince años de silencio: un retorno impregnado de la ironía cercana y desastrada de la que suelen alimentarse los anti-héroes de las últimas generaciones. La novela parte de un improbable bulo que se filtra en el servicio de espionaje francés: según unas fuentes que nunca acaba de quedar claro si son fiables o no, sobre la cabeza de Britney Spears pesa una seria amenaza de secuestro por parte de una célula israelí. El protagonista es el elegido por los servicios franceses para viajar hasta Los Ángeles e infiltrarse en una red de espionaje a través de la que seguir todos los movimientos de la cantante y corroborar la fiabilidad del bulo.

Rolin, sin embargo, opta desde un buen principio por convertir la narración en un monstruo de dos cabezas que avanzan en paralelo: por un lado, los hechos que ocurren en L.A. y, por otro, los diálogos en los que  el protagonista explica esos mismos hechos a un compañero algo desquiciado en un país perdido de la mano de Dios al que (ya lo sabes desde el principio) ha sido desterrado tras el fracaso de la misión Britney. Ambas líneas argumentales se complementan: lo que no explica una, queda explicado en la otra. La narración, por otra parte, acaba convirtiéndose en una enumeración de los actos banales de la biografía de la Spears (y también de Lindsay Lohan cuando la diva desaparece del ojo público durante una temporada): el tronco principal de “El Rapto de Britney Spears” está formado por interminables datos biográficos expresados con la lírica habitual de la prensa amarilla… Y aquí precisamente es donde Rolin hace que sus letras brillen a una altura inusitada, ya que esta asimilación de las herramientas narrativas del papel cuché acaba llevando la novela hacia dos direcciones diferentes y muy estimulantes.

Para empezar, el juego evidente pasa por extirpar el brillo habitual de la lírica rimbombante de las revistas del corazón a través de prácticas habituales en los narradores de la post-modernidad, los acólitos de la frialdad científica a la hora de coger la pluma como quien coge un escalpelo. Si Foster-Wallace consiguió que sus enumeraciones interminables hicieran tambalear el sentido de sus historias cortas por la vía de la sobre-información innecesaria, en este caso Rolin opta por una jugada similar cuando los acontecimientos de la vida de Britney Spears y Lindsay Lohan comienzan a amontonarse unos sobre otros con abulia, sin ningún tipo de pasión. Por mucho que los personajes muestren un interés genuino por las vidas de las divas, siempre lo hacen a través de una lente deformante que no amplifica lo ocurrido (como haría una portera de barrio), sino que más bien lo empequeñece y deja que se proyecte sobre ello una poderosa sombra de sospecha cínica. Algo que tiene mucho que ver, además, con el perfil del desastroso protagonista: un detective que aterriza en L.A. sin carnet de conducir y sin ningún tipo de habilidad como espía.

Pero es que, además, al asimilar las convenciones del periodismo amarillista, Jean Rolin consigue llevar su novela en otra dirección igualmente brillante: imbricar un lenguaje “nuevo” como es el de las revistas del corazón dentro de una tradición literaria clásica. Y es que la progresión narrativa de “El Rapto de Britney Spears“, una versión paródica y serenamente desquiciada del noir más tradicianal, acaba arrastrando hasta la superficie paralelismos diversos entre el mundo del paparazzi y el mundo de los detectives privados. La referencia y el homenaje se han considerado durante mucho tiempo las bases de la renovación de los géneros clásicos en la literatura post-moderna, y la verdad es que Rolin borda una nueva variación particularmente original. Un magistral nuevo híbrido que, al mezclar dos referentes tan poco afamados como la prensa rosa y el pulp (considerado en sus inicios como literatura de baratillo), consigue elevar “El Rapto de Britney Spears” hasta una altura literaria estratosférica.

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