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El Mató a un Policía Motorizado es un nombre bastante complicado para una banda de rock. Y, aunque el nombre se puso al azar a partir de una frase que decían en una película, refleja en cierta manera la complejidad de esta banda de La Plata (Argentina). Santiago Barrionuevo, conocido como Santiago Motorizado (voz y bajo); Willy Ruiz, apodado Doctora Muerte (batería); Manuel Sánchez, alias Pantro Puto (guitarra); Gustavo Monsalvo, conocido también como Niño Elefante (guitarra); y Chatrán Chatrán (teclados) son los cinco integrantes de esta aventura de noise rock con letras en español que tanto recuerdan a Los Planetas.

De hecho, Jota, el cantante planetario, lleva declarándose fan de ellos desde 2008, y cuando los motorizados tocaron en el Primavera Sound 2010 y se conocieron en persona, todo el mundo habló de ello como si de pronto el indie fuera una revista del corazón y la “noticia” fuera el último cotilleo jugoso en boca de todos. Con estas credenciales (tener un padrino como Jota ya es como darte un sello de calidad de Aenor), su éxito en nuestro país fue decisivo. Nos rendimos a sus pies y a sus canciones sobre el fin del mundo, letras que retratan enfermedades mentales y personas peligrosas, canciones llenas de oscuridad, de sangre, de muerte y, sobre todo, de amor, obsesiones, admiración y relaciones complicadas.

Aunque llegaron tarde a nuestro país, en Argentina ya llevaban unos cuantos años bordando canciones, concretamente desde el 2003. Casi míticos son sus tres EPs que hablan sobre el nacimiento relacionado con la Navidad (“Navidad de Reserva“, 2005), el crecimiento y la vida (“Un Millón de Euros“, 2006) y, por último, sobre la muerte y el Apocalipsis (“Día de los Muertos“, 2008). Más tarde llegaría “La Dinastía Escorpio“, su segundo largo y el que consolidó su carrera que sigue hoy bebiendo de influencias de los 90. Hoy, día 25 de junio del 2014 y coincidiendo con el décimo aniversario de la publicación de su primer álbum, se edita en España, de la mano de Limbo Starr, su álbum homónimo de debut: “El Mató a un Policía Motorizado” (Limbo Starr, 2014).

Aquí prima un sonido basado en el noise rock de guitarras afiladas, algo de punk y psicodelia que recuerda a bandas como Pavement, Sonic Youth o Guided by Voices. El Mató a un Policía Motorizado conquista en especial por su imaginario lírico. Aquí no hay hastío adolescente a mansalva o el retrato de una generación X jodida, sin dinero ni futuro: en sus letras hay algo menos terrenal y más espiritual, como si trasladasen a las palabras sus sueños y sus pesadillas, creando un universo muy especial.

Con su álbum de debut, que nos llega más tarde que su segundo disco, descubrimos la génesis de ese universo tan particular que se acagaría de consolidar con “La Dinastía Escorpio”. Son canciones menos dedicadas a la muerte y más al amor, o al objeto de deseo. Y se empieza a ver esa oscuridad casi malsana de algunos de sus temas, como en “Prenderte Fuego”, que podría ser una nota escrita por un psicópata despechado a su ex-novia. El rechazo y el desamor están presentes en “Sábado” o en “Escupíme”. La dependencia emocional en “Tormenta Roja”, y la magia de la cotidianidad cuando estás enamorado en “Nuestro Verano”. Letras escuetas en “Terrorismo en la Copa del Mundo”, que podría leerse como una crítica a cómo distrae el fútbol al pueblo mientras en el mundo pasan cosas terribles. En definitiva, letras breves y abstractas que hacen estallar la imaginación de cada oyente y que nos hacen adentrarnos en nuevos mundos que quizás ya conozcamos o que algún día descubriremos.

 

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