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Desde Fantastic Plastic Mag nos sumamos a las acciones de Un Día Sin Música el próximo 20 de mayo… Y en esta edito explicamos  el por qué de todo este tinglado.

 

Que la cosa está fatal, que no aguantamos más, que los buenos proyectos están cayendo como moscas, que esta situación es lo más parecido a una soga al cuello para la cultura, que no hay futuro como las cosas no cambien… Lo hemos dicho mil veces y vosotros lo habéis leído y escuchado en otras tantas ocasiones. Pero, ya sabes, aquí se aplican las sabias enseñanzas de “La Hora Chanante“: hijo de puta, hay que decirlo más. Porque sólo nos quedan la repetición y el insulto como armas arrojadizas para hacernos escuchar a la hora de gritar (y gritar bien fuerte) que el IVA cultural nos está matando. A todos.

Por si no te has enterado, aquí van dos pinceladas… Para empezar, el precio de las entradas de los conciertos. ¿Eres de los que alguna vez has protestado porque no querías pagar un precio tan elevado por ver en directo a determinada banda? Pues haz cuentas: el Estado impone un IVA del 21%, lo que viene a significar que en un concierto en el que se cobra 10€ por la entrada, por ejemplo, 2,1€ van para el estado (re-escalemos los números: si al concierto asisten 100 personas, algo más difícil de lo que parece en estos tiempos modernos, la recaudación en taquilla será de 1000€ de los que el IVA se come 210, dejando un monto de 790€ de los que hay que abonar el alquiler de la sala, pagar al grupo, darle algo a los que te han hecho la promoción, otros gastos colindantes… e intentar salir ganando un mínimo como promotor). ¿Te parece poco sostenible? ¿Vas a responder que lo que no se saca en taquilla se compensa en la barra? Aquí has de saber que el IVA cultural también afecta a las bebidas, así que si en un bar de la calle estás pagando un 10% de IVA por tu cerveza, en la misma birra que te bebes en un concierto también estás pagando el 21%.

Barra libre de surrealismo, señores y señoras. Y, ante semejante situación, repito que lo único que nos queda es la malsonancia y la repetición… Pero, por suerte, en un país tan poco dado a la protesta organizada (qué le vamos a hacer, somos más de insultar a las espaldas y esas cosas), también hay propuestas contestatarias tan interesantes como Un Día Sin Música. Empápate de su manifiesto y después no olvides pasar por su change.org. Puede que los huelguistas chinos protestaran mediante el exceso de trabajo, pero en lo tocante a la música tiene más razón de ser todo lo contrario: ¿qué pasaría si durante todo un día no tuviéramos música de ningún tipo? Esa es la propuesta. El próximo 20 de mayo, promotores y salas de toda España se están movilizando para que no haya música programada: no habrá música en directo y, con un poco de suerte, no habrá música de ningún tipo.

Haced el ejercicio: ¿cómo podría impactar esto en vuestras vidas? Os explico mi caso: yo me suelo despertar por la mañana con una tonadilla en la cabeza (de mi canción preferida de cada semana, normalmente) que no dejo de cantar hasta que salgo de la ducha y me pongo delante del portátil para trabajar. Entonces abro el iTunes y empiezan a sucederse los discos uno detrás del otro o las sesiones en Soundcloud o lo que sea, pero la música ya no deja de sonar hasta que acabo de trabajar muchas horas después. A partir de ahí, muchas noches acabo en un concierto o en un club al que voy movido por su programación musical. Eso sin contar los ratos muertos que paso en el metro o andando por la calle, en los que suelo llevar unos auriculares y Spotify salvándome la vida desde el iPhone. ¿Un día sin música? ¿Quieres decir “lo más parecido a la muerte cerebral”? ¿Tristeza infinita? ¿Eutanasia programada?

Por eso mismo, porque en Fantastic Plastic Mag somos conscientes de que la situación es insostenible, hemos decidido sumarnos a la acción de Un Día Sin Música: el próximo 20 de mayo, en nuestra web no publicaremos ningún contenido musical. Entended qué significa esto para nosotros: solemos publicar una media de 10 / 12 posts al día, de los que 4/5 suelen ser musicales. De esta forma, ese Día sin Música nuestros contenidos bajarán a la mitad y nuestras visitas, presumiblemente, también. ¿Y qué? ¿Nos importa? Más bien poco. Si con esto ayudamos a crear un poco de ruido (sin necesidad de recurrir a los insultos repetitivos), nos daremos por satisfechos. Y si nuestra postura os inspira un mínimo, el 20 de mayo nos iremos a la cama puteados por no haber escuchado nada de música en todo el día pero contentos porque sabremos que nuestro sacrificio ha servido para algo.

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