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Cuando, en 1997, Echo & The Bunnymen se reunieron para volver de las catacumbas de los 80 con su núcleo duro repuesto (el guitarrista Will Sergeant, el bajista Les Pattinson y su líder y vocalista Ian McCulloch, que había dejado temporalmente la banda) mediante el álbum Evergreen (London Records, 1997), la noticia cogió a muchos a contrapié: el brit-pop aún se encontraba en plena efervescencia y el interés general por los sonidos y tótems ochenteros había decaído para entrar en hibernación y asomar con fuerza de nuevo un lustro más tarde. Una vez puesto en marcha el revival post-punk / new-wave que conquistó el planeta alternativo hace más de una década, el empeño de Echo & The Bunnymen por no dejar su retorno discográfico en una mera anécdota y prolongarlo sin fecha de caducidad adquirió, finalmente, pleno sentido: ¿si las bandas noveles enseñaban sus costuras estilísticas con impunidad y fusilaban a sus influencias tradicionales sin miramientos, por qué esos mismos referentes no podían demostrar quién partía la pana realmente si todavía continuaban activos?

Eso sí, Echo & The Bunnymen respondieron a esa pregunta a su manera, con un par de álbumes que se alejaban un tanto de sus orígenes y que preparaban su entrada en el siglo XXI, ya convertidos en un proyecto encabezado sólo por McCulloch y Sergeant. Más adelante, quizá debido a la cada vez mayor dilación de sus publicaciones conjuntas o a los planes paralelos y en solitario de ambos, los pasos dados por los de Liverpool fueron recibidos con tibieza y hasta frialdad e indiferencia. Incluido este Meteorites (429 Records, 2014), a pesar de que Ian McCulloch ha querido elevar a los altares el duodécimo LP de la banda declarando que durante su proceso de gestación se encontró consigo mismo como persona y músico -hasta el punto de cambiar su vida- y que es uno de sus trabajos más intensos. Una vez destapado el disco, sin embargo, estas rimbombantes impresiones suenan a puro marketing, aunque no se dude en ningún momento de la autenticidad de su venerado y curtido autor.

Es probable que Mr. McCulloch quisiera sugerir que Echo & The Bunnymen estaban en disposición de recuperar su espíritu primigenio acudiendo a su propio legado. Y algo de eso hay en “Meteorites”: él mismo conserva su interpretación vocal que lo acerca a la figura de crooner nuevaolero (con gafas de sol y pelo revuelto); Will Sergeant despliega sus reconocibles y arpegiados riffs de guitarra como antaño; y Youth (Killing Joke), productor del LP, añade una pátina añeja a su sonido, que se distancia de los parámetros hi-fi presentes en Siberia (Cooking Vinyl, 2005) y The Fountain (Ocean Rain, 2009). Pero las piezas que más se aproximan a su época dorada, en cuanto a forma, se quedan en sucedáneos: en “Constantinople” y “Market Town” rebotan los arabescos (electrificados) de su clásico “The Cutter” para, finalmente, mostrarse como resultones temas (brit)pop, sobre todo el segundo de ellos; “Lovers On The Run” refrenda la conocida habilidad de los Bunnymen para mezclar solidez y emoción new-wave, aunque sin alcanzar el nivel paroxista de “The Killing Moon”; y “Holy Moses” y “Explosions” no pasan de pulcros ejercicios pop que inciden en el cariz orquestal del repertorio.

Efectivamente, en “Meteorites” a Echo & The Bunnymen les ha dado por resaltar su vena más clasicista, adornando sus tonadas con arreglos de cuerda tanto en sus pasajes más épicos (la titular “Meteorites”, en la línea de los The Verve más sinfónicos) como en los más sentidos (“Burn It Down”), que contrastan sobremanera con tramos insulsos que parecen descartes de alguna banda britpopera de segunda fila (“Is This A Breakdown?”). Hallamos, así, pocos motivos de alegría para que el cierre del LP, “New Horizons”, sea susceptible de funcionar como anticipo de las intenciones de Ian McCulloch y Will Sergeant con respecto a su futuro artístico compartido. ¿De verdad creen que ante ellos se extienden nuevos horizontes? Resulta complicado de creer, ya que el bagaje final de “Meteorites” indica que Echo & The Bunnymen se sienten absolutamente cómodos en su zona de confort, mostrándose tal como son desde su fundación en 1978. A estas alturas de su historia, ya pocas sorpresas podrán deparar…

 

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