A Digitalism les toca pasar la prueba del algodón (esa que nunca engaña) después de ofrecer un explosivo debut (“Idealism”; EMI, 2007) repleto de dinamita electro-rock que los situó en la cabeza del género junto a otros dos nombres capitales, Justice y Simian Mobile Disco. Hace justo cuatro años, en junio de 2007, se produjo una de esas extrañas y poco habituales conexiones cósmicas que provocan que, en un breve espacio de tiempo (en ese caso, quince días), salgan a la luz las mejores muestras que un estilo sonoro puede aportar hasta llegar a definir toda una corriente musical: junto a nuestros protagonistas (los germanos Jens Moelle e Ismail Tuefekci), los franceses Gaspard Augé y Xavier de Rosnay y los británicos James Ford y James Shaw habían logrado dar al mundo lo máximo de sí mismos convirtiendo sus respectivos trabajos (el citado “Idealism”, “” -Ed Banger, 2007- y “Attack Decay Sustain Release” -Interscope, 2007-), en la santísima trinidad de los beats electrificados más bailables. De ese mes del amor (que se extendió a todo el verano y más allá) aún permanece clavada en miles de cabezas la metralla escupida por “Pogo”, “Stress” o “It’s The Beat”, bombazos de destrucción masiva cuyas excelsas y cegadoras ondas expansivas hicieron creer, paradójicamente, que la brillantez de sus autores podía ser producto de la casualidad y, por tanto, flor de un día.

De ahí que, transcurridos los años, los siguientes pasos de cada uno de ellos se tanteasen con meticulosidad y cautela. Rechazada la posibilidad de que volviese a confluir temporalmente tal nivel de inspiración, sólo quedaba esperar que progresivamente esas tres formaciones fuesen dando continuidad a sus estrenos. Los resultados obtenidos fueron desiguales: mientras Simian Mobile Disco supieron mantener el listón en todo lo alto con “Temporary Pleasure” (Wichita, 2009), Justice dieron un pequeño patinazo con su reciente y esperado single, “Civilization”. Sólo faltaba por ver qué se sacarían de la manga Digitalism bajo el envoltorio del siempre temido segundo disco, más si cabe cuando se trata de sobrevivir en un mundo tan voraz como el de la electrónica enfocada al disfrute y el hedonismo nocturno, en el que el éxito se caza y se pierde al vuelo. Una vez destapado “I Love You, Dude” (V2 / Music as Usual, 2011), la balanza de resultados se mueve en unos parámetros similares a los de su estreno: por una parte, se inclina hacia las maneras del elegante pop de, por ejemplo, Phoenix, en “2 Hearts”; y, por otra, clava sus garras en la pista de baile para, directamente, agitarla y ponerla patas arriba con “Blitz”. Estos dos cortes sirvieron como perfecto adelanto de lo que entrega este álbum, el cual, dada la época en que llega, alegrará a más de uno sus jornadas estivales durante los soleados días y las ajetreadas noches.

Según ese esquema, destaca principalmente el lado más pop del LP, que gana enteros al incluir gemas de la talla de “Forrest Gump”, vestida con atrezo sacado del armario de LCD Soundsystem (la voz de Moelle parece querer imitar la del propio James Murphy) y en la que intervino a nivel compositivo Julian Casablancas, el cual, según cuentan las malas lenguas, siguió la misma forma de trabajo con Digitalism que con sus The Strokes: vía e-mail… ¿No será que el pobre hombre sufre alergia a los estudios de grabación o se volvió un sociópata? Además de esta colaboración estelar, las otras piezas que refuerzan el cariz más melódico de “I Love You, Dude” serían “Circles” (afiliada al electro-pop ochentero), “Reeperbahn” (ese ‘bahn’ del título denota la procedencia kraut-germánica del corte, en el que Moelle vuelve a ponerse en la piel del capo de DFA) y “Just Gazin’” (taciturna y contemplativa al modo de ultra-exprimido chill-wave / glo-fi, como si el dúo alemán quisiese meter la patita en esa galaxia ahora que sus miembros fundadores huyen hacia otros universos). Pero no hay que olvidar que, si por algo llamaron la atención Digitalism desde sus comienzos, fue por insuflar adrenalina en vena a los amantes de las dancefloor sudorosas a través de voces filtradas y sintes quemazapatillas como los de “Antibiotics” y de homenajes más o menos velados a sus ídolos confesos Daft Punk (“Miami Showdown” y la final “Encore”, la cual bien podría entrar sin vaselina en el próximo largo de Justice…)

Precisamente, al mencionar esas dos referencias (una clásica, otra coetánea), los más malvados sacarán de nuevo a pasear los motivos para afirmar que Digitalism no son más que unos alumnos aplicados de los primeros y unos colegas con aspiraciones de los segundos. No les quitaremos la razón pero, una vez hecha la prueba con “I Love You, Dude”, el algodón nos sale muy blanco y limpio, señal de que, aunque no se llegue al extremo de echar cohetes y gritos de euforia (sobre todo a las tantas de la madrugada en plena disco), este LP permite e Moelle y Tuefekci continuar en la vanguardia de aquel batallón electro-rock que arrasó con todo hace exactamente cuatro temporadas.

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