Jueves 21 de junio, 9:30 de la mañana.

Cuando pensamos por primera vez en venir a Gárate (fue Coco -cantante de Big City– quién nos lo sugirió en primera instancia), sinceramente me pareció imposible que el plan se fuera a llevar a cabo. Estaba claro que nos apetecía mucho, pero cuadrar agendas, voluntades y presupuestos se antojaba un Everest. Sin embargo, estamos aquí y es emocionante.

Nine Stories es un grupo particular, como casi todos los de Gran Derby Records, nuestro sello. La endogamia es una de las marcas de la casa (todos tocamos en los grupos de todos) y eso, a la vez que es maravilloso, también supone una cierta complicación. Por ejemplo: volvemos el miércoles 27 y Javi toca en Madrid con Tripulante Y Crucero el viernes. Seguramente el jueves tendrá que ensayar. Todo esto sin pensar que Javi, Pepo y yo, tres de los cuatro ninestories, llevamos el sello.

Lo maravilloso es que, poco a poco, nos hemos convertido en una banda de verdad. Ahora mismo no me imaginaría esto sin JaviJorge y Pepo. Tampoco sin Alondra que, aunque no forma parte de la formación, sí lo hace de nuestro corazón. Especialmente del mío, lógicamente. Lo mejor de que al final hayamos logrado desplazarnos 500 kilómetros para venir a grabar a este lugar apartado es la posibilidad de vivir experiencias fantásticas juntos y, por supuesto, hacer el disco. Escuchas una premezcla y oyes tu voz, la guitarra de Javi, la batería de Pepo, un arreglo chulísimo de Jorge con el bajo… Esa sensación de comunidad es invencible.

También resulta imbatible aprovechar para hacer turismo gastronómico y cultural. En el País Vasco esto es obligado. Ayer nos fuimos a pasar la tarde a Donosti, una ciudad en la que no he estado muchas veces y que me parece mágica. Además, siempre que he ido ha sido medio de paso, a pasar un día como mucho, así que nunca la he vivido intensamente. Sea como sea, me parece un lugar precioso. Tiene ese aire parisino absoluto que, mezclado con la playa, hace que sea irreal. Dicen que vivir ahí puede llegar a resultar aburrido, que es una ciudad que se queda muy muerta. Puede ser, pero desde fuera es imposible no sentir que tiene que molar muchísimo vivir allí. El sábado pasado aprovechamos para visitar San Juan de Luz, que también es chulísimo. Todavía nos quedan varias excursiones por hacer: Tolosa, Zarautz, Bayona, Biarritz…

Ayer empezamos con las voces, que para mí es la parte más difícil y a la vez emocionante de la grabación de un disco. Es donde me siento más frágil y expuesto: no hay distorsión en la que esconderse. Bueno, pues he de reconocer (perdonad la falta de modestia) que la cosa salió fenomenal, muchísimo mejor de lo que me podría llegar a imaginar. Buena parte del mérito es de Kaki, el productor, que no sé cómo se las ingenió para que yo cantara más cómodo que en mi vida. La sensación era como si pudiera entonar muy bajito y muy tranquilo y que todo eso quedara perfectamente reflejado en la grabación. También quiero pensar que el trabajazo que he estado haciendo en los últimos dos o tres años da sus frutos ahora. Yo no soy un gran cantante, no me sale de manera muy natural. Lo que pasa es que, a medida que pasan los años y los discos, cada vez me voy convenciendo de que todo se trata de esfuerzo y trabajo.

Cada mañana, Kaki viene con un par de barras de pan bajo el brazo (literal). Hoy ha llegado ya, lo que supone que la jornada laboral está a punto de empezar. Voy a intentar convencer a Jorge o a Javi de que escriban esta noche en este diario.

Un beso fuerte,

[Nacho Ruiz]

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