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Desde que leí la reseña de “Kintsugi” escrita por Ian Cohen para Pitchfork, una reflexión retumba en mi cabeza cada vez que escucho el nuevo disco de Death Cab for Cutie. Dice, refiriéndose a Ben Gibbard: “After 12 years of hearing him repeat “I need you so much closer” ad infinitum, that line never hurt more than it does now” (“Después de 12 años de escucharle repetir “Te necesito más cerca” ad infinitum, esta línea nunca dolió tanto como duele ahora“). Y es que estas palabras son una forma brillante (aunque dolorosa) de resumir lo que se siente al ver cómo un grupo que ha marcado gran parte de tu vida va alejándose de aquella personalidad que logró conquistarte.

Pero no nos pongamos melodramáticos. Que sólo es música. Vale que Death Cab for Cutie no son una banda cualquiera, pero siempre podremos volver a quemar sus antiguos discos para recuperar su mejor versión. Además, si aceptamos esta premisa, es más fácil disfrutar de su último álbum y encontrar en él elementos que nos reconcilien con los de Washington. Porque sí, los hay. Sin ir más lejos, ese single de presentación titulado “Black Sun“. Con su contundencia lírica y melódica, esta canción puede considerarse una rara avis en su carrera, pero en realidad es una excelente muestra de lo que son capaces de hacer “los nuevos” Death Cab for Cutie, más enfocados en la producción que en la emoción. También los aires electrónicos de “Ingenue” se integran a las mil maravillas con los punzantes guitarrazos y con un Gibbard especialmente inspirado. O “Little Wanderer”, tal vez la canción que más nos recuerda a los viejos y añorados tiempos.

Por contra, “Kintsugi” hace aguas cuando juega al llena-estadios. Ahí tenemos temas como “Good Help (Is So Hard To Find)”, que parece una versión descafeinada de Foals (no en vano el productor del disco es Rich Costey, que también ha trabajado para Muse y Foster The People, entre muchos otros), “You’ve Haunted Me All My Life”, una balada a la antigua usanza pero con mecheros al aire en vez de piel de gallina, o “The Ghosts Of Beverly Drive”, que intenta, a la desesperada, juntar todos los clichés de un súper éxito.

Irónicamente, “Kintsugi” es un término japonés que se refiere (según la Wikipedia, porque yo no tengo ni idea de japonés) al arte de embellecer las fracturas y reparaciones de un objeto en vez de arreglarlas o disimularlas. Toda una declaración de intenciones. Porque, por mucho que Death Cab for Cutie sean ahora una versión artificial de sí mismos, nunca perderán una sinceridad y humildad que los hizo -los hace- únicos. Ellos nos han acompañado durante años. Quizás ha llegado el momento de que ahora, como buenos amigos, los acompañemos nosotros, sea cual sea el camino que decidan elegir.

 

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