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Damsels in Distress” (“Damiselas en Apuros“) no es una película de adolescentes al uso, tampoco un musical o una screwball comedy; y, a la vez, es todo eso y más. Whit Stillman vuelve a la dirección después de un largo periodo de silencio tras las cámaras con la historia de Violet y sus secuaces, almas bondadosas y petulantes que regentan el Centro de Prevención de Suicidios del imaginario campus de Seven Oaks. Con una filmografía breve pero muy personal, Stillman recurre nuevamente a las relaciones entre hombres y mujeres como base para su historia anacrónica y con una estética delicada, donde los diálogos se suceden rápidos y deliciosos, creando una especie de colección de aforismos y citas memorables.

Greta Gerwig (chica mumblecore) es Violet, la cabecilla del trío de damiselas pedantes con corazón de oro, modales sureños y perjuicios absurdos que pondrán todo su empeño judeocristiano en ayudar a los deprimidos y suicidas gracias a sus donuts y a las clases de claqué. Lily (ojisapo Analeigh Tipton), la recién llegada, se convertirá en la nueva protegida y aliada que cuestionará las bases de la tríada, aunque sucumbirá a sus encantos y enseñanzas old-fashioned. Violet sufrirá en sus propias carnes la humillación de ser traicionada por su novio bordeline y decidirá superar el trauma siendo la inventora de una nueva fiebre de baile popular llamado Sambola.

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Todo en Seven Oaks es bizarro y encantador a la vez. Desde el Comedor Robertson, donde los suicidas se tiran desde una altura de un primer piso, al Comedor Doar, donde viven los apestosos bárbaros del campus, a las misteriosas asociaciones de (supuestamente) placer anal y movimientos cátaros. Parece más bien un reducto atemporal, una especie de “El Show de Truman” para adolescentes freaks, donde no sabemos que encontraremos más allá del campus (como esos extraños moteles con números o los spots favoritos para suicidas) y donde es posible montar un musical edulcorado y demodé por sus pasillos. De ahí los guiños a Fred Astaire tanto en el título (en referencia a “Una Señorita en Desgracia” (1937) de George Stevens) como en los personajes (el suicida bailarín Freak Astaire). Tipos obsesivos y maniáticos, retrasados, mentirosos, traumatizados, soñadores pero sin maldad, inocentes pero agudos, como esa Violet que esconde bajo su capa impermeable y perfecta una chiquilla tan vulnerable como cualquier otra y cuyo mayor sueño es hacer feliz a la gente con la Sambola.

Película raruna y aparentemente naïf, de textura brillante y brumosa cual telefilm, con regusto retro y maneras afectadas, podríamos considerarla un drama en tono de comedia con diálogos de “manual para señoritas posmodernas”. Stillman ha vuelto con esta marcianada que nos mantiene la sonrisa y que también nos hace exclamar algún que otro “What the fuck!”… Lo mejor, dejarse llevar por la Sambola y la particular sabiduría de estas damiselas.

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