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Dan Whitford vive en un permanente limbo temporal. El líder de Cut Copy se ha empeñado en moverse en una época musical alejada de su presente natural desde que editó su primer sencillo (denominado “1981”, claro…) y, sobre todo, a partir del excelso In Ghost Colours (Modular, 2008), puerta de entrada del grupo hacia miles de corazones resquebrajados que necesitaban recibir una merecida cura en forma de canciones redondas de synth-pop celestial; por extensión, hacia el Olimpo del pop electrónico; y, en último término, hacia un universo nebuloso en el que el tiempo se ha quedado suspendido entre el 1 de enero de 1980 y el 31 de diciembre de 1989. En esa horquilla cronológica Dan Whitford se siente cómodo, liberado de las cadenas de la feroz y veloz contemporaneidad y, a juzgar por los resultados de sus trabajos, en constante estado de inspiración. Zonoscope (Modular, 2011), tercer disco de la banda, confirmó esas impresiones rozando la brillantez de su predecesor aunque siguiendo una vía diferente a través de la citada línea temporal ochentera: si en “In Ghost Colours” los grandes referentes eran New Order y su sensibilidad electro-pop, en el siguiente paso el discurso sintético se suavizaba hasta servir destiladas las influencias de Men At Work o los Fleetwood Mac del álbum Tango In The Night (WEA, 1987).

Esta casi obsesión por los sonidos de los 80 siempre ha emanado de la cabeza de Whitford con una espontaneidad pasmosa, capturando el instante la esencia de las fuentes de las que bebía para construir sus piezas según los cánones del pop melodioso, dulce y melancólico de aquella década que hace aflorar sentimientos contradictorios por un pasado que jamás volverá y un futuro que nunca se materializará; o según las normas del dance que también germinó en aquel momento para agitar las pistas de baile abarrotadas por almas embriagadas de una inédita euforia o humedecidas por lágrimas que caían por sus mejillas mientras seguían el compás de los nuevos ritmos. Así, aunque el catálogo de Cut Copy se distingue por componerse de deliciosas píldoras y emotivas composiciones pop para uso y disfrute en lugares privados, igualmente sobresale por mostrar el afán del combo australiano por saltar a espacios colectivos donde la cultura de club permite que los espíritus se conecten y compartan sus experiencias psíquicas y físicas. Sin llegar a explotar del todo, las semillas de esas intenciones se apreciaban en los beats de “Lights And Music”, “Hearts On Fire” o “Pharaohs And Pyramids”. Faltaba por ver cómo y cuándo Cut Copy darían el gran paso adelante para zambullirse en el océano de la música de baile sin remilgos ni encantadoras coartadas.

Bien, pues ya lo han hecho. Literalmente, además, como si se hubiesen desnudado y se hubiesen lanzado desde un trampolín sabedores de que es un medio en el que pueden desenvolverse con total normalidad. Eso sí, sin abandonar su franja temporal clave: los 80. Aunque mirando de reojo los años que aparecerían a la vuelta de la esquina, los primeros 90, en un alarde de retrofuturismo de ejecución impecable, como todo el corpus creativo firmado por Cut Copy. Esa es la base primordial de su cuarto LP, Free Your Mind (Modular, 2013). Lo que lleva a pensar en un paralelismo que, teniendo en cuenta la rápida evolución de las modas sonoras, da la sensación de que se produce un poco tarde: ascendiendo a través de esa senda de inspiración tardo-ochentera / proto-noventera, en 2010 Delorean se catapultaron al infinito impulsados por Subiza (Mushroom Pillow, 2010); al año siguiente, Friendly Fires practicaron un exuberante giro en su trayectoria con Pala (XL, 2011); y, estirando los efectos de la ola retro-dance-pop, los también australianos Van She dieron lustre a su discografía gracias a Idea Of Happiness (Modular, 2012). ¿Es posible que, a estas alturas, tenga sentido prolongar esa corriente? Definitivamente, sí, por cómo plantean su idea del asunto Cut Copy: con máxima y alta fidelidad, facturando el mejor disco posible que se podía haber registrado a finales de los 80 pensando en los inminentes 90 e imaginando la irrupción de un futuro no tan lejano.

Si quisiéramos simplificar esta cuestión, afirmaríamos que “Free Your Mind” vendría a ser otro producto propio de la recuperación de los (principios de los) 90 que se advierte desde hace varias temporadas. Pero, en este caso, hay que ir más allá, a lo que se esconde tras el telón del decorado: una máquina del tiempo para trasladarse a 1988 o 1989, no para traer esos años a la actualidad. El primer viaje temporal con tal artefacto se realizó mediante un avance de este disco que anticipaba con rotunda transparencia la dirección que seguiría: “Let Me Show You Love” se basaba en el himno house-dance “Let Me Show You” de K-Klaas para servir una especie de rehecho ralentizado y convertido en pastilla ácida formulada a partir del “Hallelujah” de Happy Mondays remezclado por Andrew Weatherall. He aquí algunas de las coordenadas que acotan “Free Your Mind”, que se muestra no como un álbum noventero, sino como una obra pre-noventera, cuyos sabores primigenios se deben paladear fantaseando con que pertenece a ese pasado que rastrea.

Por lo tanto, para que la experiencia auditiva sea completa, hay que liberar la mente, tal como sugiere el descriptivo título de esta especie de ópera dance bien hilvanada por sus correspondientes intro, interludios y outro. “Free Your Mind” (la canción) facilita la tarea combinando coloristas samples percusivos, eufóricos coros femeninos y notas de piano que aderezan una base rítmica de brillos fluorescentes que en “We Are Explorers” estalla entre teclados proteicos y una melodía de regusto agridulce marca de la casa Cut Copy. Esta característica tan reconocible de los australianos se despliega en todo su esplendor en “Footsteps” (cercana a una versión subida de tempo de “Voodoo People” de A Guy Called Gerald) y “Meet Me In The House Of Love” (en la que se repiten la estructura y los arreglos hasta aquí mencionados para situar al oyente en algún club de Ibiza de hace veinticinco años).

Sin embargo, no todo es dance lo que reluce en “Free Your Mind”, ya que Cut Copy no pueden evitar rescatar su vena pop más diáfana. En este sentido, no sería descabellado apelar al poso dejado por el disco baleárico de New Order,Technique (Qwest, 1989), para encuadrar cortes como “Dark Corners And Mountains Tops” o, sobre todo, “Take Me Higher”. Una analogía válida pero que, al fin y al cabo, no pasa de ser un pequeño punto de fuga dentro de la personal e intransferible manera en que Cut Copy moldean el significante y el significado del pop (electrónico o no) y que se resume en la ultra-nostálgica “In Memory Capsule”. Justamente así funciona “Free Your Mind”: como una cápsula para estimular la memoria no sólo de aquellos que vivieron y bailaron en persona la transición de los 80 a los 90, sino también la de los que les fue biológicamente imposible hacerlo pero que tienen en su mano recrearla en un solo disco homogéneo y adictivo.

 

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