barnett

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Muchos buenos músicos tienen buen oído. Pero sólo algunos buenos músicos tienen buen ojo: esa aguda capacidad de observación que separa al mero trovador del cuentacuentos, del comentarista social, del filósofo urbano. Con su primer LP “Sometimes I Sit and Think, and Sometimes I Just Sit” (Mum + Pop Music, 2015), Courtney Barnett viene a confirmar lo que ya iba prometiendo en sus EPs: que es una ácida observadora de las pequeñas penas y grandes retos de nuestro tiempo, dotada de una inteligencia y fina ironía proto-hipster que sólo rivaliza con la fuerza de sus melodías. Sin su peculiar voz, sus canciones no tendrían sentido, y viceversa.

Si tuviera que mirar atrás y volver a un momento de esa pesadilla dantesca que es la pre-adolescencia, me quedaría con la primera vez que vi a Sheryl Crow cantar “All I Wanna Do”. Cantar… o recitar, más bien. No sólo Courtney Barnett parece imitar esa lánguida forma de expresarse que no sabes si está cantando o te está diciendo alguna chorrada metafísica tirada en el sofá, cerveza en mano. También rescata ese sonido tan noventero que va desde la despreocupada perspicacia de Pavement al pop aguerrido de Courtney Love. Barnett, nacida en el 88, se declara fan de Nirvana y en algún sitio la he visto comparada con Kurt Cobain. Vamos a ver… no. Aunque la influencia grunge es indudable y Barnett no deja de nadar en un mar de dudas existenciales, la de Melbourne es, en el fondo, el prototipo de millenial. Dura y tierna; insegura y vehemente; demasiado lista para querer cambiar el mundo; demasiado pasota para querer dejar de seguir viviendo en él.

Sometimes I sit…” está repleto de grandes canciones con estribillos adictivos e historias relatadas con tal ingenio que te dejan en vilo, pendiente de lo próximo que va a decir, como un libro que no puedes dejar de leer. Su mundo es un mundo en constante contradicción. Barnett hace de cada paradoja una frase lapidaria (“I think you’re a joke, but I don’t find you very funny”); de cada error, una solución (“If you can’t see me, I can’t see you”); de cada bostezo, una sonrisa (“Yes, I like hearing your stories but I’ve heard them all before”). Cuanto más la escucho, más me apetece escribir una tesis doctoral sobre ella y no esta breve reseña, examinar cada verso, cada melodía, dejarme llevar por su confusión vital para descubrir junto a ella el sentido de la vida. Pero esto es precisamente lo que a Courtney Barnett no le gustaría que hiciera. Porque Courtney no quiere que le tomemos demasiado en serio. Como ella misma dice en “Pedestrian At Best”: “ponme en un pedestal y sólo te decepcionaré”.

 

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