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What a thing to be a witness to the sunshine / What a dream to just be walking on the ground“. Así de alegre y descriptiva comienza “Hundreds of Ways“, uno de las canciones más destacadas del nuevo trabajo de Conor Oberst, esa suerte de eterna promesa del folk americano que alguno podría -no exento de cierta razón- acusar de seguir viviendo de sus dos grandes éxitos de la pasada década: “Cassadaga” (Saddle Creek, 2007) y, especialmente, el celebrado “I’m Wide Awake, It’s Morning” (Saddle Creek, 2005). ¿Es esto cierto? ¿Realmente vive de rentas el talentoso treintañero de Omaha, Nebraska? Antes de nada, cabe recordar esa doble faceta que Oberst tiene por un lado como solista y la de líder de la cambiante formación Bright Eyes, donde indiscutiblemente firmó sus mejores momentos artísticos. Es por ello que, a priori, no parece justo establecer comparaciones absolutas entre los dos registros con los que el americano ha venido trabajando durante su carrera.

En este caso, se trata de “Upside Down Mountain” (Nonesuch, 2014), tercer trabajo que firma en solitario y que, como en entregas anteriores, nos trae en líneas generales una versión más bien acústica e íntima del artista, en contraste a los momentos más acelerados con los que uno puede relacionar sus composiciones si se piensa en Bright Eyes. Abríamos este texto mencionando uno de los alegres versos de una de sus canciones, y lo elegimos por ser un pasaje de lo más representativo en la temática que Oberst suele tratar: esa especie de diario de las idas y venidas de una adolescencia llena de inolvidables experiencias que ahora trata de encauzar persiguiendo un sentido de la responsabilidad y una madurez que -fuera de toda duda- hace tiempo que alcanzó en el ámbito musical.

Pues bien, esta viene a ser un poco la tónica adoptada por el americano en este nuevo trabajo. Para bien o para mal, “Upside Down Mountain” no sorprende excesivamente excepto en casos aislados como la brillante -y posiblemente mejor corte del álbum- “Zigzagging Toward the Light“, que incorpora ese aura tan característico como indescriptible que inmediamente convierte una buena canción en hit. Una vez superados los primeros compases, lo que sigue viene a ser algo así como la continuación natural de lo que uno podría esperar de Oberst, lo cual no acabamos de tener claro si es bueno o malo. Y es que, una vez excluidas “Kick” y la redonda “Governor’s Ball“, nos encontramos con una serie de composiciones que dejan al oyente más bien frío, tanto por ser hasta cierto punto anodinas como por pecar de una duración quizás demasiado alargada, especialmente si tenemos en cuenta que el lanzamiento en cuestión es poco más que un monólogo de canciones de corte muy similar.

Ya con 34 años, hace tiempo que al bueno de Conor se le puso la etiqueta del next big thing en el overbooked folk americano, ganándose comparaciones con gente de la talla de los Jeff Tweedy, Elliot Smith o Neil Young… Sin presiones, oigan. Bromas al margen, aquí ocurre algo similar a lo que de continuo se vive por ejemplo en el mundo del deporte: las expectativas matan al protagonista. ¿La receta? Ser tú mismo e intentar aislarte del ruido exterior y de lo que el resto de la gente espera de ti por lo que en un pasado no muy lejano mostraste. De cualquier manera, y pese a momentos de cierta inspiración que pivotan alrededor de la preciosa voz de Oberst (posiblemente su activo más valioso), no será este “Upside Down Mountain” el que marque el regreso de la mejor versión del músico americano.

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