Los concursantes de “Gran Hermano 16” son igual de sosarros que en pasadas ediciones… Pero estos cinco personajes pueden hacer que lleguemos a engancharnos.

 

Ayer 13 de septiembre era ese momento que nadie esperaba especialmente pero que todos sabíamos que llegaría tarde o temprano: el estreno de una nueva edición de “Gran Hermano“. La número dieciséis, ni más ni menos. Un estreno que ya se había visto precedido por cierta campaña de promoción en la que la última ese del dieciséis se alargaba en un misterioso “ssshhhh” (aunque Mercedes Milá no se entere y lo haga con la primera ese). A los catalanes esto nos recordaba inevitablemente al programa “Silenci“, pero es de suponer que en el resto de la península hizo el efecto deseado: dejar claro que los secretos van a ser los grandes protagonistas de este “GH16“.

Pasemos por alto ese pseudo-flashmob ridículo con el que se abría el programa, esa Milá que parece que se haya acabado ella solita las existencias de farlopa de toda España y la pésima realización de un directo en el que hay fallos contínuos… Pasemos todo esto por alto porque, al fin y al cabo, lo más jodido de la primera gala de “Gran Hermano 16” es la sensación generalizada de que la degeneración total del formato ya es imparable. Si en las primeras ediciones se buscaban grandes personajes que dieran el mayor juego posible al juntarse en un ecosistema psicotrónicamente heterogéneo, los nuevos “Gran Hermano” se han amodorrado en representar tan sólo una cierta parte del espectro de espectadores: los cachorros de la Generación Reality, esos críos que crecieron queriendo ser famosos participando en un reality y que se han convertido en maniquíes buenorros y buenorras a los que se les admiten pocas (¡muy pocas!) variaciones.

Si en las primeras ediciones fascianaban los vídeos de presentación de los personajes esperpénticos (¿alguien recuerda la foto de Aznar en el vídeo de presentación de Kiko Hernández?), ahora aquella celebración del frikismo ha derivado en una exaltación de la chapa y pintura salida de los gimnasios de media España. Y no digo yo que esto mole o no mole, pero sólo afirmo que, si no fuera por algunas pocas aliteraciones en esta fórmula, no le daría ninguna oportunidad más a “Gran Hermano 16“. Por suerte, hay cinco infiltrados entre los concursantes que pueden llegar a hacer que nos enganchemos… ¿Serán capaces de tirar del carro saltless del resto de participantes?

 

ivy-ito

5. IVY + ITO. ¿QUIÉN SON? (Aclaración antes de empezar: todavía no he conseguido determinar si el perro se llama Ito o Tito, pero es que los participantes de “Gran Hermano” no suelen brillar como ejemplos de buena logopedia. La Milá tampoco.) Ivy es una mexicana buenorra que vive en Barcelona y que entra en “Gran Hermano” para vivir la aventura de su vida… Esa “aventura de su vida” se queda en “por favor que me saquen de aquí de una puta vez” cuando el pesado de su novio aparece de la nada y le pide matrimonio (lo que, en nivel de hijoputismo conyugal, supera en varios puntos a “sé que has quedado con tu amiga María para criticarme y por eso me apunto a ver si os jodo la cena“). Ella dice que sí, cómo le va a decir que no delante de toda la fóquin España. Él se ríe y da paso a una ceremonia de boda right here right now. Ella se queda con esa típica parálisis facial de “me he tirado un pedo y no quiero que se me note” que en verdad significa “he dicho que sí, pero no he dicho que ahora“. Total, que “Gran Hermano 16” se abre con lo más parecido a una boda del siglo XV en el que ella es forzada a un compromiso indeseado y un posterior encierro. Sólo falta el derecho de pernada. Hay que ser fan.

¿POR QUÉ DAN JUEGO? Porque Ivy no podrá decirle en directo a su novio que es un puto pelma y lo más seguro sea que acabe ejerciendo el maravilloso arte de la violencia psicológica más barriobajeramente pasivoagresiva. Ah, bueno, también darán juego porque Ito o Tito o comosellame será el ganador de esta edición por eso de tener más personalidad que los dieciséis concursantes juntos.

 

ARITZ

4. ARITZ. ¿QUIÉN ES? Aritz es un vasco que parece sacado de un libro de chistes: se abre el telón, sale un vasco, es más bruto que un arao, no tiene trabajo fijo, no tiene tele, no le gusta el reggaetón y, cuando le preguntan si conoce a las primas de Albacete él te replica que si conoces tú a sus primas de Bilbo. Evidentemente, tú no conoces a sus primas de Bilbo porque estás seguro de que son unas chungas de cuidado capaces de rajarte la ingle en un ajuste de cuentas que no tenga nada que ver contigo. Pero, oye, resulta que Aritz diverge del cliché vasco en un par de cosas: le mola el rockabilly y el psicobilly y otros géneros viejunos más horteras que ser aficionado a bailar el limbo, esta ciertamente buenorro (barba-fans, alert!) y, sobre todo, no tiene ni pajolera idea de qué va “Gran Hermano“. O eso dice él.

¿POR QUÉ DA JUEGO? Porque nos han intentado vender que Aritz no tiene secretos… cuando sabemos que el gran secreto de esta edición va a ser precisamente que un ente como este no puede existir. Que es un actor. Que si este tipo fuera real estaríamos ante la apertura del primer sello en el camino hacia el inexorable Apocalipsis. O eso, o al final resulta que no se quita el sombrero porque en la calva tiene viviendo a Voldemort.

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